jueves, 29 de agosto de 2013

The Key 4



~Ella es mía.

Puse una mano en mi boca en cuanto las palabras salieron por mi boca. Los nudillos de Justin se pusieron blancos al apretar el volante. Todo su cuerpo se tensó. No sabía como iba a reaccionar. El airé salió entre cortadamente entre sus dientes.

¿No eres capaz de callar la bocaza de vez en cuando? ¿Eh Peyton?

Oh por dios, cállate. El desdén en las palabras dirigidas hacía mi subconsciente resonó en mi cabeza.

Había metido la pata hasta el fondo. Justin que mie*rdas estarás pensando.

“Lo eres.” Su voz resonó por todo el coche. No aflojó ni un músculo.

¿Lo soy? Ni yo misma lo sabía. Quizás si.

“¿Me podrías decir que hora es?” Necesitaba cambiar de tema.

Miró de reojo su rolex. “Las doce y media.”

“Bueno pues tengo que informarte de que te he mentido.” Lo dije tan insegura que sonó casi como un susurro, pero lo había oído y no lo iba a dejar pasar.

“¿Cómo? ¿En que me has mentido Peyton?” Notaba que se estaba enfadando más, si cabía.

“En realidad cuando lo dije era cierto, pero ahora ya no.” ¿Debía decirlo? Igual era mejor estarse callada...

“Dilo.” Era una orden.

“Tengo dieciocho.” Mi mayoría de edad y estaba pasando los primeros minutos encerrada en un coche con un hombre completamente desconocido pero del que no me quería apartar. Un hombre que creía que me tenía retenida contra mi voluntad, pero que en verdad me estaba dando una vía de escape para poder empezar una nueva vida.

Justin estaba intentando entender, no se hizo esperar mucho. “No sabía que hoy era tu cumpleaños.”

“Pensé que tu lo sabías todo de mi.” Era un reproché y no tenía ni la más remota idea de porque me sentaba mal que no lo supiera.

“Tu fecha de nacimiento era in-concluyente en los datos que me fueron facilitados, tu fecha variaba de unas fichas a otras, supongo que es uno de los problemas de las adopciones express.”

Mi boca estaba abierta de par en par. Esas palabras estaban destinada a hacerme daño. Si lo había hecho a posta o no era algo que desconocía. ¿Cómo podía alguien soltar ese tipo de palabras sin más?

The Lord.

No salí de mis pensamientos hasta ver que Justin estaba abriéndome la puerta.

“Gracias.” Lo susurré con una media sonrisa mientras tomaba su mano para bajar del alto vehículo.

Justin dio las llaves a un chico. Y colocando su mano en la parte baja de mi espalda me condujo hacia la entrada de la lujosa discoteca.

Nada más entrar mi cuerpo comenzó a moverse solo, como me gustaba la música.

Cuando noté la ausencia de la mano de Justin en la parte baja de mi espalda me di cuenta de que estaba en medio de la pista bailando entre la gente. No había mucha, pero la suficiente como para darme ánimos. Busqué a Justin y allí lo vi, en una mesa, un vaso de whisky estaba delante suyo, lo cogió, sin apartar la mirada de mi le dio un largo trago. Eso me resultó muy sensual.

Mis brazos se cruzaron como dándome un abrazo a mi misma pero a la altura de mis caderas, mientras movía estas sensualmente y mis manos se iban moviendo hacia arriba descruzándose justo entre mis pechos para llevarlas por encima de mi cabeza.

Cerré los ojos y volví a bailar, pero unas manos agarraron mis caderas. Sobresaltada me giré para ver a un hombre trajeado, era atractivo pero muy mayor. Intenté zafarme de su agarre, no me dejaba.

“Venga muévete como una p*uta para mi.”

Oh dios siempre la jodes Peyton.

Pero entonces apareció mi salvador.

Las manos de Justin apartaron las de ese hombre. Me puso detrás de el en ademán protector.

“¿Oh esta pu*ta es tuya Bieber?”

“Primero: para ti soy Lord o The Lord.,” esas palabras congelaron la sangre de aquel hombre. “Segundo: si ella es de mi propiedad no deberías tocar lo que es mío.”

Aquel hombre nos observaba mientras Justin tiraba por mi muñeca para llevarme al otro lado de la pista. Me dio la vuelta poniendo mi trasero contra sus caderas. Sus manos me sujetaban las caderas.

El señor quiere a una virgen, que pena que no lo seas ¿Verdad?

Oh mierda cállate y no molestes. Pero la verdad no entendía que pasaba por la cabeza de este hombre. ¿Qué quería de mi? ¿La llave que me había dado Drew? ¿A mi?

Aparté todos esos pensamientos y me propuse disfrutar. El roce de sus caderas contra mis movimientos, sus manos apretando cada vez que me movía hacía atrás, su respiración en mi oreja, los besos en mi cuello, mordió justo donde hacía un segundo estaba el remate de mi vestido y me marcó. Haciendo que mi cuerpo se echara hacia atrás apoyando mi cabeza en su hombro. Apreté sus manos, nuestros cuerpos seguían bailando.

Me di la vuelta en cuanto acabó con mi cuello. Lo miré lujuriosa.

“Llévame a casa.” Algo en su interior hizo 'clic' y tirando de mi mano me arrastró hacia afuera.
Oh dios que sexy era, estaba impaciente, moviéndose nervioso mientras esperábamos a por el coche. ¿Qué pensamientos se pasarían por su cabeza?

Te gusta este juego tanto como a mi.

Lo sabía.

---
Dejando las puertas del coche abiertas subimos a toda prisa por las escaleras, entre besos locos, en algunos momentos pensé que me iba a follar allí mismo.

Entramos a la suite. Me sujetó por las nalgas elevándome. Yo pegué un pequeño grito por la sorpresa pero enredé mis piernas a su alrededor, mi vestido se subió dejando en sus manos mis finas bragas.

Me tenía aprisionada contra la pared de al lado de la puerta. Mi cabeza miraba en dirección a donde estaba la puerta, a mi derecha, mientras el devoraba mi cuello. Entonces la cabeza de Mathia asomó por la puerta justo en el instante en que Justin dio un placentero mordisco que me hizo gemir. Justin de repente notó la presencia de Mathia, girándome hacia mi derecha me cubrió con su cuerpo en el giro para que me pudiera adecentar.

“Lord, el presidente acaba de llegar.” Mathia lo dijo en un tono frío mientras me miraba por encima del hombro de Justin.

“Muy bien vete y en lo que queda de tu vida no vuelvas a entrar a mis estancias privadas sin avisar.”

Mathia asintió y salió de la estancia.

“Peyton quiero que vayas a mi dormitorio y me esperes allí, si te duermes te despertaré.”

Asentí. Pero me quedé quieta.

“Ahora.” Comencé a caminar sacándome los tacones y cogiéndolos con mi mano, haciendo una danza extraña. “Por cierto, en mi mesilla hay un ipod quiero que te lo pongas y no te lo quites en ninguna circunstancia. ¿Entendido?”

“Si, Lord.”

Como una autómata hice lo que me dijo. Una camisa estaba encima de la cama. Me la puse. Mi mente divagaba sobre la posibilidad de que de verdad Justin estuviera interesado en mi, pero no era posible, era demasiado difícil entenderlo, este hombre era complicado.

Bonita eres su nueva adquisición, ahora trabajas para el. Eres suya.

Ataviada con la camisa que no cubría mi trasero al completo me puse el iPod. Pronto el sueño me llevó a la hermosa inconsciencia. O igual no tan hermosa.


Justin

Asomé mi cabeza y vi a Peyton durmiendo. Bien. No quería que estuviera metida en mis asuntos de estado, por ahora. Ella era sexy, me iba a ser muy útil. A cuantos magnates podrá sacar información en la cama.
Mathia entró en la estancia.

“Lord el presidente ya está aquí.”

“Hazlo pasar.” Mathia salió por la puerta.

Al rato entró el presidente. “Hola Lord un placer volver a verlo.”

“El placer es mío.” Me encantaba ver a los grandes gobernantes venir a pedirme ayuda y favores que en algún momento me iba a cobrar.

“Supongo que ya sabe para lo que he venido ¿no?”

“Si, exactamente ¿qué quieres que hagamos con el?”

“Un toque de atención y si no responde su muerte.”

“Bien, tengo justo lo que necesito.” Miré en dirección a mi cuarto a sabiendas de que Peyton iba a empezar en su nuevo trabajo.

“Entonces te doy lo de siempre...”

“No, esta vez quiero que quede como un favor que me cobraré cuando yo quiera.”

No se le veía muy seguro, pero sabía que aceptaría la oferta. Las cosas siempre iban como yo quería. Por eso soy el mejor en lo que hago.

“De acuerdo.” La derrota se veía en su cara. “Espero que valga la pena.” Mientras se levantaba me extendió la mano.

“Siempre la vale.” Le di un apretón de manos. Y me quedé de pie mirando como salían todos por la puerta, menos Mathia.

“Mathia ¿deseas algo?” Arqueé mi ceja derecha.

“No Lord, bueno si.”

¿Qué mierdas pretendes Mathia? Antes de que pudiera llegar al razonamiento lógico este se abalanzó hacia mi.

“Mathia, suéltame.” Mi voz era autoritaria. “Ahora.” Le exigí.

¿Qué mierdas le pasa?

“¿Qué pasa Mathia? ¿Te molesta algo?”

“Si, que te vayas a follar a Peyton.”

“Ella es de mi propiedad y tu me la entregaste de buena gana.”

“Pero para que trabajara no para ser tu puta.” Estaba alzando su voz y no se lo podía permitir. Mi puño se estrelló contra su mandíbula. Rápidamente cogí con mi mano izquierda su barbilla y lo obligué a mirarme.

“Primero, soy tu jefe no oses cuestionar lo que hago o lo que no. Segundo, tu me la diste, me la pusiste en bandeja, no es mi culpa que ella me prefiera. Tercero, este trabajo es para ella debe estar preparada y debe confiar en mi.” Lo solté con desprecio. “Ahora vete.”

“Si, Lord.”

Salió por la puerta y comencé a oír chillidos.

Peyton.


Salí corriendo y en cuanto entré en el cuarto mi corazón se paralizó.  

lunes, 26 de agosto de 2013

The Key 3

ANTES DE COMENZAR A LEER SI ERES LECTORA DESDE EL PRINCIPIÓ LEE DE NUEVO LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS Y MIRA LOS PERSONAJES EN LA PRIMERA ENTRADA YA QUE HE HECHO UNAS MODIFICACIONES. PERDÓN Y GRACIAS POR LEER. -Soo

~Alguien peligroso pero que me hacía sentir a salvo.



Cuando pensé que me iba besar se apartó de mi y se sentó en la silla de detrás de su mesa.

“Puedes irte.”

“Buenas noches.” Susurré mientras me retiraba.

Mathia me llevó de nuevo a mi cuarto. Me desnudé hasta quedarme solamente en ropa interior y me arrastré debajo de la ropa de cama.

Me sentía frustrada conmigo misma.

Ingenua, ¿por qué te iba a besar?

Y con esa vocecita haciéndome sentir peor de lo que ya estaba me dormí.

---

Al despertarme noté una presencia, alguien estaba sentado en el borde de la cama.

Desperezándome silenciosamente, miré a hurtadillas y lo vi. Con la corbata por su cuello, sin hacer todavía el nudo, unos pantalones de traje negro y sentado apoyando los codos sobre sus rodillas, allí estaba Justin Bieber 'The Lord' alguien peligroso pero que me hacía sentir a salvo.

Cuando se movió cerré mis ojos y respiré profundamente como si estuviera de verdad durmiendo.

Oí sus pasos rodeando la cama hasta pararse enfrente del lado de la cama en el que yo me encontraba, yo le daba la espalda.

Apartó el pelo de mi cara y cuello colocándolo detrás de mi oreja, se inclinó colocándose a centímetros de mi cuello expuesto, notaba su respiración en el, noté como inspiraba, posó sus labios en mi cuello, fue depositando húmedos besos por el y fue subiendo por mi mandíbula, mordió el lóbulo de mi oreja haciéndome abrir los ojos, sobresaltada me giré para mirarlo, el seguí allí, inclinado sobre mi. Mis ojos expresaban la duda. Pero el simplemente selló mis labios con los suyos. Yo me quedé de piedra.

¿Pero que diablos hace?

El cogió una de mis manos y la colocó en su cuello, luego la otra, poco a poco fui cediendo y aceptando su ritmo, su lengua me saboreaba, el apoyó sus manos a los lados de mi cabeza subiéndose a la cama, colocó sus rodillas a los lados de mis caderas. Con un grácil movimiento me destapó, dejándome expuesta, su mano derecha recorría mi cintura apretándome con urgencia.

Entonces se apartó. Dejándome expuesta y excitada.

“Vístete en una hora salimos.” Sin decir más salió por la puerta.

“Hijo de puta.” Grité frustrada tirando un cojín contra la puerta.

Me preparé y fui a explorar un poco por la casa en busca de la cocina. Así me relajaría.

Me rendí después de estar recorriendo puertas al azar.

“¿Desea algo señorita?” Un mayordomo me abordó.

“¿Me podría llevar a la cocina?”

“Podemos subirle el desayuno a su cuarto.”

“Prefiero desayunar en la cocina.”

“Acompáñeme.”

Lo seguí hasta la monstruosa cocina.

“Buenos días.”

“Buenos días señorita.” El saludo provenía de un cocinero y una cocinera.

“Lamadme Peyton, por favor.”

“¿Qué quieres para desayunar Peyton?” La cocinera tenía una cara dulce.

“¿Qué hay?”

“De todo.” Dijo ella con una sonrisa.

“Una ciruela y cereales de chocolate con yogur griego por favor.”

A los pocos minutos ya me encontraba desayunando, mejor dicho, devorando.

“Peyton debemos irnos.” Mathia estaba plantado en la puerta. Me entregó un baso de agua y una pastilla. Yo lo miré confusa. “Es biodramina.”

Me la tomé sin fiarme mucho.

Era otoño y comenzaba a refrescar pero una persona del servicio me esperaba con una cazadora en la entrada.

Empezaba a sentirme mareada cuando comencé a bajar lentamente las escaleras de la parte delantera de la casa, seguida por Mathia, cada vez me notaba más débil, me agarré al pasamanos, pero en determinado momento mis piernas fallaron. Mi visión era borrosa pero distinguí a Justin.

“Mierda Mathia, te dije que esperaras.” Lo notaba cerca, muy cerca. Mathia debió acercarse a mi para llevarme hasta el coche pero Justin no lo dejó. “Ya la llevo yo.” pasó un brazo por detrás de mis rodillas y otro por mi espalda. “Venga Peyton engánchate a mi cuello.” Lo hice como una autómata.

“Pero Lord--”

“Mathia, dije que la llevo yo.” Los fuertes brazos de Justin me llevaron hasta el coche y este se sentó conmigo en su regazo. “Duerme nos espera un largo viaje.”

----
Cuando desperté estaba en una cama grande, un baso de agua me esperaba en la mesilla, esta vez las luces del cuarto estaba encendidas pero por la ventana pude ver que la noche ya había caído.

Encima de una silla había un vestido ajustado de brillos y unos tacones de vértigo. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba en ropa interior.

Me di una rápida ducha sin lavarme el pelo, esa era ropa de fiesta, así que iríamos a una. Me maquillé un poco más de lo normal. Me puse el vestido y los tacones. Se podría decir que hasta estaba sexy.

Salí por la puerta, daba a un salón, que supuse que era de una suit y salí por la puerta principal para salir a un pasillo con un par de puertas numerada.

Justo cuando emprendía mi camino hacia el ascensor alguien salió detrás de mi. Justin. Estaba impresionante con esos vaqueros negros, parecía mucho más joven con esa americana negra y una camiseta blanca cubriendo su torso. En sus pies llevaba una Supras doradas que llamaban mucho la atención.

“¿Tan mal voy?” su voz me sacó de mis pensamientos. “No estoy acostumbrado a vestir así, será mejor que me vaya a cambiar--”

“Estás tremendo.” La palabras salieron de mi boca sin pensarlo. Esa conversación era de todo menos tensa.

“¿No me cambio?”

¿Cómo alguien tan poderoso podía ser tan inseguro en cosas tan insignificantes?

“No.” El asintió y comenzó a caminar delante de mi hasta llegar al ascensor.

El ambiente comenzó a ser incómodo. Yo miré a mis zapatos y comencé a pensar en como algo que parecía tan letal para mis pies podía ser tan cómodo.

“Me alegra que te gustara el conjunto que elegí.” Entró al ascensor , que ya había abierto sus puertas y me miró invitándome a entrar.

“Gracias. Pensé que tendrías a alguien que hacía esas cosas.”

“La tengo.”

Seguí divagando y mirándolo de reojo, dios se veía tan joven...

¿Cuántos años tendrá?

Antes de poder reaccionar me di cuenta de que había hecho la pregunta en alto. Su ceño fruncido me indicó que no le había gustado. “Yo lo siento, a veces pienso las cosas y las digo en alto sin darme cuenta.”

La conversación había terminado. En la entrada del hotel un Hammer negro nos esperaba. Justin abrió la puerta del pasajero para mi y de seguido el se puso en la del conductor.

Me dispuse a mirar por la ventanilla adorando las calles de aquella ciudad.

“Diecinueve.” Realmente no entendí que quería decir. “Años, tengo 19 años.”

“Yo diecisiete.”

“Pensé que eras de la edad de Mathia.”

“No se que edad tiene Mathia.” Que poco sabíamos de el y cuanto el sabía de nosotroas. Mis pensamientos volaron hacía Dakota, ¿dónde estaría?

“21, pensé que lo sabríaís.” Era una conversación demasiado casual. Se sentía irreal.

“¿Tan mayor me veo?” Yo siempre pensé que tenía rasgos maduros pero no tanto.

“La verdad es que si.” En su voz había un tono divertido. “¿Y yo?”

“Mmmm” la verdad es que no lo sabía.

“Venga prometo no atarte ni nada si lo dices.” Era una broma pero detrás de la broma se que había una amenaza.

Enfádame y verás lo que soy capaz de hacer.


“Ahora mismo los que tienes.”

“¿Ahora?”

“Bah a la mierda.” Mi tono de voz sonó demasiado alto. “Con esos traje aparentas como 25 o así y si te enfadas pareces un viejo de 30.” Me recosté en mi asiento dejando escapar el aire que había contenido. Que bien se sentía. No estaba acostumbrada a callarme las cosas.

Su risa resonó en el coche. Sin saber porque me comencé a reír con el, era contagiosa, lo miré, que guapo se veía cuando sonreía.

“Ahí está la gatita que yo conocía. Pensaba que te había perdido.” Sus labios se formaron en un risa irónica, dios quería besarlo.

Venga hazlo, lo estás deseando.

Oh dios bendito vocecita de mie*rda. Gracias.

“Justin.” Sonaba seria.

“Mhm?”

“Cuando puedas aparca un segundo el coche.” Me miró por un segundo y luego volvió la mirada a la carretera con el ceño fruncido. “Puedes cerrar los pestillos no quiero escapar. Simplemente hazlo, no lo calcules todo tanto.”

Y ahora es cuando te conviertes en tigresa Peyton.

Esta voz era odiosa me animaba cuando no debía.

En la cara de Justin se notaba su expresión de curiosidad. De repente cuando ya pensaba que no me iba a hacer caso giró el volante a la derecha y se metió en un callejón sin salida.

“Venga, ¿que quieres?” Se giró hacia mi con expresión expectante.

Yo simplemente, me puse sobre mis dos rodillas girándome en el asiento y ante su atenta mirada, con mis manos, cogí su cara, la fui acercando poco a poco a la mía.

“¿Qué pretendes Pyeton?” Lo susurró como si alguien lo pudiera escuchar.

Una sonrisa irónica se formó en mis labios por un segundo, pero sin previo aviso mis labios estaban sobre los suyos. El siguió el beso, tenso, pero pronto sus manos llegaron a mi cintura. Separándose un poco me miró. Había lujuria en sus ojos. Con un hábil movimiento me llevó encima suya, haciendo que estuviera a horcajadas sobre el. Me acerqué a el, quería saborearlo.

Venga demuestrale que no eres una simple gatita, que eres una tigresa.

Sus manos apretaban mis muslos, las mías se perdían en su pelo. El deslizó sus manos hacia mi cu*lo y me apretó contra el, rozando contra mi sexo su erección. Un gemido salió de nuestras bocas inundando el coche. Pero ahora era cuando debía mostrar mi poder.

Me aparté, así de simple. El intentó sujetarme y volver a besarme. No le dejé simplemente cogí sus manos las saqué de mi trasero y me volví a acomodar en mi asiento.

“Vamos Justin, o llegaremos tarde a donde quiera que fuéramos.” Miré por la ventanilla despreocupada.

El arrancó, lo miré de reojo, estaba enfadado. JÁ. Eso por lo de la mañana.

“Eres una jodida p*uta.” Escupió esas palabras intentando hacer daño, pero no lo consiguió.

Una sonrisa se formó en mis labios, dándome una apariencia de victoria. “Lo se.”

“¿A qué juegas?”

“A lo mismo que tu cuando entraste en mi cuarto.”

“Jodida pu*ta.”

“Esta jodida p*uta te pone caliente.” Me estaba intentando reír de el. No debía. Pero mi mente que viajaba por libre, como siempre, se encargó de volver la situación contra mi y pronuncié las palabras que serían mi perdición durante los siguientes años.

“Además esta p*uta es tuya.”




viernes, 23 de agosto de 2013

The Key 2

Ahora me perteneces. ~


Esa noche no pegué ojo.

Nada más entrar por la ventana tiré mi chaqueta encima del escritorio cuando algo pesado calló causando un estruendo.

Hasta entonces se me había olvidado, había estado ocupada escapando.

Era una llave. Que cosa más rara. Tenía aspecto antiguo. Era larga y al final tenía una especie de ala.

Mi noche se resumió en mirar la llave hasta que los primero rayos de sol asomaron. La escondí en un lugar seguro. Decidí ponerme ropa de deporte, me vendría bien correr.

Miré por la ventana para ver que día hacía cuando aquel hombre con traje de ayer apareció, bajándose de un Range Rover negro. Se ajustó la corbata, hoy lucía un traje de tres piezas. Se dirigía a la puerta de mi casa.

No podía dejar que mi madre lo viera. Bajé corriendo.

“Mamá voy a correr volveré antes de ir a clases.”

“Mmmm vale Peyton no te retrases.”

Justo cuando abrí la puerta la mano del desconocido estaba apunto de golpearla.

“¿Qué desea?” Pronuncié las palabras mientras cerraba la puerta.

“Busco a Peyton Dober.”

“Soy yo, pero iba de camino al parque---”

“Permítame que la acompañe hasta el parque”Este hombre era endiabladamente sexy.

“Primero quiero saber que necesita de mi.”

“Solo quiero hablar con usted sobre lo que vio ayer.”

“Yo no vi nada.”

“Esa es la actitud señorita Dober.”

“Bueno adiós.”

“Me sentiría mal si no la acercara al parque.”

“No se ni como se llama.”

“Me llaman The Lord.

Una estrepitosa carcajada salió de mi garganta mientras echaba a caminar. “El señor dice”

No debió sentarle muy bien porque me cogió violentamente por mi codo. “Pequeño jodido grano en el culo, no me enfades.”

“¿O si no que?” Estaba prácticamente riéndome en su cara.

“¡Tienes huevos gatita, si supieras quien soy no dirías eso!”

¿Pero este de que va?

“Mira no se de que va todo esto pero yo no se nada.”

“Ven conmigo.”

“No.” Comencé a caminar de nuevo.

“Por favor sube al coche.”

No dije nada directamente intenté salir corriendo, pero antes de poder dar un paso, otro hombre se puso delante de mi y Lord puso un pañuelo sobre mi boca y nariz.

Todo se volvió negro.

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Lo siguiente que vi fue oscuridad.

¿Donde demonios estoy?

La superficie donde me encontraba era confortable, era una gran cama de matrimonio.

Fui pasando mi mano por la mesilla hasta encontrar un interruptor.

“WOW” mi boca se abrió de par en par.

Era un cuarto enorme, paredes blancas, modernas, armarios de color negro. Me acerqué a la ventana, era imposible abrirla, era un gran panel que ocupaba toda la pared, simplemente estaba anclado al techo y a las demás paredes.

Miré afuera, era de noche.

“Ya te despertaste.” Esa voz endiabladamente sexy sonó a mis espaldas.

“¿Que mi*erda hago aquí?” Exigí saber.

“Tu tienes algo mío.”

“No se de que co*ño hablas.”

“Mira si me das lo que es mío todo habrá acabado.”

Una sonrisa irónica se formó en mi boca. El frunció su cejo con expresión molesta.

Se acercó a paso rápido y decidido a mi y me agarró por el codo.

“Mira pequeña guarra--” Lo interrumpí.

“No soy tan gilipollas, se de sobra que si tuviera algo tuyo y te lo diera lo último que harías sería dejarme en libertad.”

“Si, tienes razón, pero la cosa se pondrá fea para ti si no me das lo que es mío.”

“No tengo nada tuyo, no se que mier*da te habrá contado Mathia, pero yo no tengo nada.”

“Oh tu eres una de sus pequeñas pu*tas.”

“No, corrección, el es una de tus pequeñas putas.” Escupí las palabras.

Con sus dedos presionó el tabique de su nariz cerrando los ojos “Me produces jaqueca.” Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. “Tienes ropa en el armario y el baño está en esa puerta, cenamos en media hora y te quiero allí.”

Entré al baño en cuanto el hubo cerrado la puerta. Era impresionante. Necesitaba una ducha. Me desvestí lentamente recomponiendo todos los sucesos. Apuré en sacarme la ropa interior. No podía seguir pensando y me metí en el agua que aún salía fría. Al salir cogí el amoroso albornoz y revisé los cajones.

“Ni que hubiera estado en mi casa.” En cuanto pronuncié esas palabras me di cuenta de que era probable que lo hubiera hecho.

Sequé mi pelo haciendo rizos. No tenía tiempo para alisarlo. Fui a por la ropa. Todo eran vestidos y tacones.

Cogí un vestido rojo ceñido que llegaba justo por encima de mis rodillas, llevaba una abertura en la pierna derecha a lo largo de todo el muslo. Entre todos los tacones encontré unas sandalias negras planas.

No me maquillé demasiado.

Cuando me di cuenta de todo lo que estaba haciendo supe que estaba emocionada, intrigada, era excitante. Debería tener miedo. Pero no lo tenía.

Salí del cuarto y allí estaba Mathia.

“Ni lo intentes.” Escupí “Ahora llévame al comedor.”

Me condujo a través de varios pasillos, bajamos las escaleras y me levó a una gran sala con una enorme mesa de madera maciza oscura. Era la primera en llegar.

“Este es tu sitio.” Mathia cogió la silla que estaba a la derecha de la presidencia.

Sin decir palabra me senté recta como mi madre me había enseñado.


A medida que fueron pasando los minutos la sala comenzó a llenarse de hombres trajeados. Yo era la única sentada y la única mujer.

Me di cuenta de que algo pasaba cuando todos los hombres se pusieron rígidos y miraban a la puerta. Yo seguí sus miradas hasta encontrarme con la del Lord. Inmediatamente me levanté de mi asiento y me puse rígida.

“Por favor tomen asiento.” Mientras todos ocupaban sus asientos el ocupó el asiento a mi izquierda que presidía la mesa.

Comenzaron a servir la comida, los hombres charlaban, intentaba prestar atención pero al final desistí y me centré en la comida hasta que alguien apareció y todo quedó en silencio.

Justin estaba en la puerta, con la cara magullada.

“Por favor Drew acompáñanos.”

“Si Justin.” Pronunció agachando su cara magullada pero rápidamente se corrigió. “Perdón Lord”

Antes de poder contener mi boca mirando a Lord solté la duda. "¿Justin?”

“Si, ese es mi nombre, Justin Bieber” dijo tenso.

“¿Y qué hace aquí Drew?” Lo señalé.

“Trabaja para mi.” Bajo su traje noté como todos sus músculos se tensaban, el sabía que no me iba a callar.

“Pero--”

“No sigas. Calla tu boca y come.” Escupió las últimas palabras.

Justin Bieber 'The Lord'.

“¿Estás bien Drew?” Yo lo susurré, pero el muchacho se encogió en su silla.

No me di cuenta de porque lo hacía hasta que vi a Justin levantarse de su asiento en la presidencia y dirigirse a nosotros. Tirando por mi codo me levantó y arrastró fuera del cuarto por los pasillos hasta lo que supuse que era su despacho.

“Mira asquero*sa pu*ta ya sabes demasiado.” Comenzó a caminar de un lado a otro. “Ahora nunca vas a poder salir.”

Mi mandíbula debió caer al suelo.

Se acercó a mi y con su dedo índice levantó mi cara para que lo mirara a los ojos. Acercándose mucho, pude notar su olor, cerré los ojos para memorizarlo.

Rozando sus labios con los míos el susurró.

“Ahora me perteneces.”






jueves, 22 de agosto de 2013

The Key 1

Peyton nunca rechaza un reto. ~ 


Mi madre había decidido dejarme atrapada.

Oh por favor no he matado a nadie, simplemente me salté un par de clases, no es justo que me deje encerrar.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por el bip bip de mi teléfono.

De: Dakota
Abre tu jodida ventana y déjame entrar.

Como alma que lleva el diablo abrí mi ventana, antes de poder llamar por mi amiga esta apareció introduciendo una de sus largas piernas.

“¿Qué pasó esta vez?” pronunció las palabras exasperada en el momento en que puso sus dos pies en mi cuarto.

“Se enteró de que me salté un par de clases y me ha castigado” un brillo que ya conocía apareció en los ojos de mi mejor amiga. “Venga vamos” ella simplemente sonrió satisfecha.

Me enfundé en mis viejas Doc Marten negras y luego deslicé mi chaqueta de cuero rojo brillante por mis brazos. “Lista”

Como una exhalación pasamos de estar en mi cuarto a estar en el almacén donde nos reuníamos.

“Apareciste” Mathia era un tipo alto, fuerte, de espalda ancha, era todo un bombón.

“Eso parece” una sonrisa irónica se formó en mis labios.

“¿Sabes quien está de paso en nuestra ciudad?”

Antes de poder responder Dakota saltó algo eufórica “Drew Autumn”

“Me preguntaba si seríais capaces de colaros” hizo una pausa pensativo “Pero no creo que tengáis lo que hay que tener--”

“Lo haremos” lo corté.

“Te lo dije Mathia, Peyton nunca rechaza un reto” sacó un par de mapas, “Son del recinto del concierto” respondió a la duda que se veía en mis ojos.

“Bien”

“Debemos esperar a que el concierto acabe y con la confusión del momento nos colamos por aquí...”

Atendiendo a sus indicaciones fui memorizándolas.


“No me puedo creer que vaya a verlo”

“Dakota calla y actúa con naturalidad” dije antes de que dos hombres del personal pasaran a nuestro lado.

“Espera aquí” fui a inspeccionar el territorio y encontré una puerta entre abierta, miré con cautela al oír voces salir del interior.

“Ahí estas” dije atisbando un mechón de pelo rubio.

Había varios hombres, uno relativamente joven llamó mi atención, tenía el pelo de un color cobrizo mezclado con rubio y castaño, no sabría explicar que color era, llevaba un traje azul oscuro.

“Vaya con el pez gordo” sus ojos color miel eran sensuales. La manera en que fruncía el ceño mientras pasaba la mano por su pelo y mojaba sus labios con su lengua era rematadamente sexy.

Entonces me di cuenta de que estaban intimidando a Drew.

“Drew debes centrarte”

Entonces vi como este asentía. Todo era confuso... 

Estaba tan sumida en mi que no me di cuenta cuando este captó mis ojos, leí miedo en ellos y antes de ver más me apreté contra la pared, Drew salió por la puerta.

Se paró junto a mi. “No tengo tiempo” asentí tragando duro. “Tómala” depositó algo frío en mi mano. “Protégela con tu vida” y salió corriendo.

Salio el hombre sexy “Vuelve aquí” salió a paso rápido sin reparar en mi.

“Lord” una voz en tono urgente llamaba por el hombre sexy desde dentro del cuarto.

“Mathia” respondió este en tono autoritario.

No era posible que fuera mi Mathia¿verdad?

“Si Lord” y salió, me miró duramente.

Oh no.

Volví con cautela a donde había dejado a Dakota.

“¿Lo has visto?”

“No” negué enérgicamente con la cabeza “Acababa de salir con la escolta por lo que pude oír” ante su mirada de decepción yo solo pude pronunciar dos palabras “Lo siento”

Entonces vi a el hombre trajeado Lord.

“Dakota corre” tirando de ella comencé a correr.

“Mathia coge a esa chica”

“¿Ha dicho Mathia?”pensé que se pararía pero no lo hizo.

“Si, no es quien creemos que es” miré a los dos lados hasta ver el letrero que ponía 'Salida'


Oh gracias al cielo


“Vamos”

miércoles, 21 de agosto de 2013

The Key

Gif of novel

Reflexión.

The Key

Nunca pensé que el dicho de “la curiosidad mató al gato” fuera cierto, hasta en el momento en que tuve que empezar a correr por sobrevivir. Nunca pensé que tendría que temer por mi vida, no debí ir a ese lugar.

Pero en la vida cometemos errores que al final te llevan por dos caminos, el de tu felicidad o el de tu perdición. En mi caso este error me llevó por los dos caminos al mismo tiempo.

A partir de ese momento siempre tuve presente que no lo llamaban The Lord por su cara bonita.