jueves, 19 de septiembre de 2013

The Key Trailer.


The Key 9

Capítulo 9

~Un bálsamo para mi desesperación.

A la mañana siguiente me desperté con una nueva idea, Justin sabía desde el principio que yo tenía la llave, me había usado, había usado a Drew, nos estaba usando, el sabía que yo me iba a despertar, Justin si no hubiera querido que yo reaccionara no habría hecho el trabajo sucio delante mío, el quería que yo lo confesara para tener una excusa para ir contra mi.

Mi cabeza iba a de un lado a otro pero todo me llevaba a que mis sospechas eran correctas. Llegué a la conclusión de que era mejor esperar a que Drew se despertara fue entonces cuando mi vista, que antes había estado fija en las motas de polvo que se veían en el rayito de sol que iluminaba una sección de la cama, pasó a fijarse en ese chico rubio, con esos ojos celestes que ahora se mostraban ocultos, era dulce, sexy, era una explosión de sensaciones, pequeños moratones adoraban su cara de niño pequeño, los dos estábamos jodidos, no teníamos familia, tenía que luchar por mis compañeros, pero sinceramente ni de ellos me fiaba, me necesitaban, eso lo sabía, pero ¿podía confiar en ellos? En este mundo no valen los lazos de amistad lo que te da el control es el poder.

Drew comenzó a despertarse. “Buenos días.” Se refregó los ojos, inmediatamente una mueca de dolor atravesó su cara, se había olvidado de sus heridas. “Ten cuidado rubiales que estamos jodidos.”

Yo no sabía el que pero algo en mi interior me decía que debía protegerlo, que debía mantenerlo a salvo.

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Seis meses después

Seguíamos a las órdenes de Justin, este me mandaba las misiones más jodidamente repulsivas, quería que lo dejara, que le fuera suplicando clemencia, quería la llave.

Me estaba preparando, hoy tenía una reunión con él, Justin pensaba que poniéndome las misiones más difíciles me estaba haciendo daño, pero había llegado un punto en el que mi fama era tan grande que la Mafia de la Llave se asociaba con mi nombre no con el suyo. Él se había dado cuenta y hoy iba a ponerle remedio.

Mi vestido de tubo negro se ceñía a mi cuerpo bien tonificado por el deporte y el entrenamiento, mi pelo lucia suelto, en grandes rizos que caían en cascada hasta mi cintura, mis ojos estaba enmarcados en un maquillaje muy dramático en tonos negros y mis labios lucían rojos a juego con mis zapatos.

Comencé a conducir por las calles de Chicago, ya pasaba de la media noche.

Yo iba segura, sabía lo que iba a decir, sabía lo que iba a pasar, mientras Justin se había pasado los meses intentando hacer mi vida imposible yo lo había estudiado. Sabía sus reacciones, conocía sus estrategias y lo más importante aprendí a conocer sus pensamientos.

La pistola iba oculta bajo mi chaquetón negro, mi paso era decidido, conocía este lugar, era donde Justin traía a la gente importante, donde los tenía rodeados para que no pudieran escapar de su red.

No me hizo falta esperar un matón salió a mi encuentro. Drake. Le sonreí. En su cara vi que se había dado cuenta de que ya no era la Peyton perdida que conoció si no la Peyton mafiosa. La Peyton despiadada que Justin quería manejar a su antojo, con una pega Justin no me manejaba.

Entré, era la primera vez que iba a ver a Justin desde que pasó el altercado en la playa.

¿Nerviosa? No.

¿Temerosa? Tampoco.

¿Impaciente? Si y mucho.

En la gran sala aún no había nadie, solo yo, Drake me había dejado sola en cuanto pasé la puerta. Como Pedro por su casa, saqué mi abrigo y lo puse en el perchero, consciente de que ahí dejaba una de las armas más poderosas que poseía. Pero no era idiota, no estaba desprotegida.

Comenzó a entrar gente por una puerta, se encontraba a un lateral de la rectangular sala, eran todo hombres trajeados, alguno me miraba de arriba a bajo, mi pose era segura y sexy, pensada y estudiada para distraer, se fueron poniendo en formación formando un semicírculo detrás del gran escritorio que se encontraba enfrente de mi.

Entonces apareció, con sus andares, ajustando su atuendo, sin mirarme, Chico listo, una sonrisa irónica se formó en mi boca, produciendo algún que otro susurro entre aquellos hombres, Justin se sentó en su gran sillón. Juntó sus manos por delante de el, entrelazando sus dedos.

“¿Peyton sabes por qué estás aquí?” Su tono era frío, el ya había cumplido los 20, solo habían pasado meses, pero se veía diferente, yo no era la más indicada, ya que ahora mismo estaba en una sala repleta de hombres armados y no tenía miedo, pero algo había pasado. “No, Lord, ¿Por qué me necesita?” Utilicé la voz más formal que encontré. Su expresión se descompuso, el daba por hecho que yo lo sabía y ahora él no tenía ni idea si yo lo decía enserio o era para hacerme la inocente, la verdad no tenía ni idea, yo pensé que esto sería una llamada de atención.

“Bueno como ya sabrás eres nuestra mejor Soldato, pero visto tus avances creo que es hora de que ocupes un puesto, más importante.” Hizo una pausa. “A mi lado, quiero que seas el *Sottocapo.” Sus palabras quedaron grabadas en mi. ¿Ahora quería tenerme cerca? No lo entendía.

“¿Por qué me quieres tener cerca?” Había desmontado todo lo que tenía previsto. O quizás no del todo. Una idea asomaba en mi cabeza y el estaba apunto de confirmarla.

“No te voy a engañar Peyton, te has hecho poderosa, pero aún me necesitas...” Lo corté. “Y tu me necesitas a mi.” Él sonrió, de esa manera tan suya. “Si Peyton, te necesito.” Sus ojos se clavaron en mi, intensos, intentando confundirme, procurando que yo me lo tomara por un lado equivocado.

“¿Cual es mi misión?” Una carcajada salió de sus labios haciendo que los demás hombres también rieran, pero el rápido los calló levantando un dedo en alto. “Pequeña, ahora ya no tienes misiones.”

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Justin después de presentarme a los hombres los mandó salir de la estancia.

“¿Es cierto que ahora te acuestas con Drew?” No iba a contestar. “Sabes perfectamente que sigues siendo mía, sabes que hasta que no te folle no te sentirás limpia del todo, sin mi, las manos de esos hombres siempre estarán en ti...” Lo corté no iba a permitir que se metiera en mi cabeza.

*Sottocapo: Subjefe, sustituye al Don ,The Lord, en caso de que este esté incapacitado.

No, aún no ha pasado nada.” Reí irónicamente. “Tampoco es algo de lo que debas preocuparte ¿verdad? Uno más o uno menos en mi lista no importa.” Una carcajada salió de mis labios. Pero el estaba enfadado, rápidamente se abalanzó contra mi, me cogió por los hombros y me empujó hasta que me di con el escritorio en el culo. “Eres mía, si ese canalla te toca...”

¿Qué? ¿Le vas a dar otra paliza?¿Le vas a pegar como me pegaste a mi? Sabes que no te voy a dar la puta llave hasta que no sepa para que sirve ni porque es tan valiosa.” Lo miré a los ojos desafiante, no iba a ceder, ¿o si? Algo en su cara cambió, antes de poder analizarlo sus labios ya devoraban los míos que inexplicablemente lo seguían.

Deseo, eso era lo que había visto en su cara. Había estado tan centrada en las acciones calculadas que no había pensado en las necesidades y acciones espontáneas.

Me sentó sobre el alto escritorio, con sus manos fue subiendo el vestido por mis muslos hasta dejar mis nalgas expuestas, llevaba un fino tanga negro, se colocó entre mis piernas ya abiertas, deseosa, desesperada, necesitada, pero me controlé dejé que el me llevara, no me dejé llevar totalmente por la lujuria.

Te quiero follar, aquí y ahora.” Y no hizo falta más.

A la media hora ya me encontraba saliendo de la nave, perfectamente arreglada, con un poco de color en mis labios algo hinchados y en mis mejillas.

Cogí el coche y conducí al apartamento de Drew.

Llamé frenética, ahora era yo, la que quería follar, allí y en aquel instante.

La puerta se abrió, Drew no tuvo tiempo de sorprenderse, me abalancé sobre sus labios, no había tiempo, dejé caer el chaquetón dejando ver mi desnudez, si después de ver a Justin le dejé de regalo mi ropa, Drew lucía sus pantalones de pijama, rápidamente nos convertimos en piel y carne ardiente y deseosa.

Se que te lo acababas de follar.” Yo estaba apoyada sobre su pecho en la gran cama de su dormitorio. Lo miré, la duda estaba presente en mi rostro. “Podría detectar su colonia a metros de distancia y tu piel apestaba a él.”

Lo siento.” No debía haber ido, había estado mal, pero no iba a dejar que eso me afectara. “Siento que hayas tenido que ser el segundo plato.”

Y con toda la frialdad del mundo me puse el chaquetón y los tacones y salí con la cabeza bien alta.

No entendía nada de lo que pasaba en mi cabeza de niña loca, solo sabía que Justin me daba fuego y Drew era un bálsamo, pero, ¿qué necesitaba? Yo estaba demasiado nerviosa, frenética y dudosa, la duda se veía en grande letras de Neón en mi cerebro.

Aceleré, más. Un coche me seguía, ya no había tiempo para pensar, necesitaba despistarlo, llevaba conduciendo desde los 16 y haciendo locuras con el coche desde los 14, pero estos eran profesionales, ninguno de mis trucos les afectaban, estaban ganando terreno, su coche era más potente que el mío, eran profesionales, le di al botón de llamada, justo en ese instante el coche se puso a mi altura, dio un volantazo, empujó mi coche.

Alguien cogió el teléfono en el momento en el que ese todoterreno volvía a empujarme fuera de la carretera.

Peyton¿qué pasa?” Justo entonces perdí el control del coche. Solo pude gritar una palabra.


Justin.


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Gracias por leer! Espero que mis fantasmas me manden un tweet a @_justprincess o que me dejen un comentario ahí abajo ya que puedes comentar sin tener cuenta. 

Espero que os haya gustado e intentaré subir lo antes posible pero ya han empezado las clases y 1º de Bachiller ya no es ninguna broma. Yo prometo seguir subiendo una vez cada 7 o 9 días. 

Un beso.


~Soo

sábado, 14 de septiembre de 2013

The Key 8

Capítulo 8

~Ma fia.

La cara de Justin era indescifrable, debería estar roja de furia pero no era así, estaba calculando. Era su cara de póquer, era su cara de Lord.

Soltó a Drew que calló inconsciente al suelo. Me precipité hacia Drew, estaba inconsciente, guardé mi pistola en la cinturilla de mis bragas.

La sangre embadurnaba su rostro, no sabía si debía moverlo, pero Justin sabía donde pegar sin hacer daños irreparables así que tomé la decisión de arrastrarlo al baño. Lo cogí por debajo de sus brazos. Pesaba mucho, miré a Justin suplicante pero este ya no se encontraba en la estancia.

Unas lágrimas de impotencia se deslizaban por mis mejillas, pero debía ser fuerte, por Drew por toda esta gente que se veía obligada a soportar los caprichos de Justin.

“Ei Drew espero que todo lo que peses sea en músculo porque si es en grasa ya no te quiero.” Una triste broma que en realidad tenía el propósito de animarme a mi. Metro a metro, centímetro a centímetro, milímetro a milímetro conseguí llevar a Drew hasta el plato de la ducha.

Intenté regular el agua para que saliera tibia pero lo que conseguí es mandarle un chorro en toda la cara de agua helada que lo hizo agitarse.

Sus ojos se abrieron de golpe. El terror al verme era evidente.

“Tranquilo Drew no voy a hacerte daño.” Intenté acariciar su cara pero su mano cogió mi muñeca con violencia. “Debes escapar Peyton, no puedes quedarte aquí.” La histeria estaba en su voz. “Drew no os voy a abandonar ¿de acuerdo?” Se limitó a darme un asentimiento. “Ahora te voy a limpiar y curar.”

Con cuidado comencé a limpiar ,con la alcachofa de la ducha en un modo suave, mi mano izquierda intentaba sacar la sangre de su cara. Tenía toda la ropa manchada.

'Venga Peyton no es momento de remilgos.'

Llevaba una camiseta, no veía forma de sacársela sin hacerle daño. Una idea loca apreció por mi cabeza. Pero cuanto más miraba la forma de hacer aquel trabajo más apetecible se me hacía.

Lo tuve claro. Cogí las tijeras de costurero que Justin guardaba para darse retoques en su peinado y comencé a cortar la camiseta. Tantos capítulos de Anatomía de Grey tenían que servir para algo.

Sus incipientes músculos quedaron a mi vista. Pero no era el momento de admirarlo. Miré con atención su cuerpo, no vi magulladuras, comencé a tocar sus costados con cuidado, prestando atención a la expresión de su cara para ver si le dolía. Nada.

En sus brazos tenía algunas marcas de dedos del forcejeo. Curé con cuidado todas las heridas sangrantes y apliqué crema contra los moratones en los lugares sin herida.

“¿Drew?” Se revolvió contra la pared de la ducha. Cogí su mano y la apreté. “Venga Drew necesito que me ayudes a llevarte a tu cuarto.”

Sus ojos se abrieron, al principio parecía que no veían pero a lo largo de un par de minutos su mirada se normalizó.
Con mi ayuda logró ponerse de pie. Apoyado en mi comenzamos a caminar fuera de la suite de Justin, este seguía sin aparecer, al pasar por la cama vi mi ropa preparada, me llevaba a algún lugar.

Conseguí llevar a Drew. Me hizo prometerle que luego volvería. Parecía mentira, acaba de salvarle la vida y el se seguía preocupado por mi , por mi seguridad y por la supervivencia de sus amigos que dependía de mi.

Con miedo entré en la suite, Justin estaba en una butaca vestido con una pantalón blanco de lino y una camisa blanca sin meter por dentro del pantalón. Instintivamente llevé mi mano a la pistola.

“Venga Peyton deja de jugar a los super héroes y vístete.” Apoyó su cabeza en la mano. Y me dirigió una sonrisa muy relajada. Demasiado. Fingía. “Si.”

En el cuarto un vestido ibicenco me esperaba. Una chaqueta blanca y unas bailarinas complementaban el conjunto.

Con deliberada lentitud me vestí. Mi pelo estaba rizo, no necesitaba nada más que pasarle los dedos para desenredarlo.

Salí a regañadientes del cuarto. Justin esperaba delante de la puerta.

“Venga.” Me ofreció su brazo en jarra para que pasara el mío y por educación , además de por la curiosidad que me invadía, lo hice.

Nos condujo por el hotel hasta la puerta de salida, pero ningún vehículo nos esperaba. Comenzamos a caminar por las calles de Sicilia.

Justin tenía en su cara una expresión de relajación absoluta, demasiado forzada para ser verdad, pero yo sabía como era una buena cara de póquer.

No dejé de mirarlo en ningún momento, hasta que me sobresaltó al soltar mi brazo y agacharse, entonces lo vi. Habíamos llegado a una pequeña playa. Él se sacó sus zapatos y acto después cogió mi tobillos derecho y sacó una de las bailarinas para después hacer lo mismo con el otro pie. Me entregó las bailarinas y yo las cogí con mi mano derecha. Justin esta vez entrelazó mis dedos con los suyos.

“¿Enserio te vas a comportar como mi novio después de que te apuntara con una pistola?” El simplemente sonrió con esa sonrisa de superioridad que el tenía y cambió de tema.

“Te voy a contar una historia.” No me lo podía creer. Mi grado de exasperación estaba en niveles nunca vistos. “Eres increíble.”

“Mira cuando Napoleón dominaba Sicilia sus soldados tenían una costumbre algo peculiar. Se dedicaban a venir aquí a coger chicas para violarlas o hacerlas sus esposas, por desgracia la mayoría eran usadas, no solían superar los primeros días, se desangraban, creo que te puedes hacer una idea de por que.” Tragué duro al pensar en esas chicas, pero algo en mi interior me decía que yo no era tan distinta, una chica elegida al azar, sin familia, se la llevan y un hombre la folla hasta perder el sentido, aunque yo hasta entonces no había puesto ninguna pega. Justin tiró de mi, me había quedado de piedra en el sitió pero su tirón me obligó a caminar. “Bueno, sigamos, un día uno de esos soldados eligió a la chiquilla equivocada, su madre era un guerrera, cuando el soldado se la llevaba ella salió detrás y comenzó a gritar 'Ma fia' ,que significa Mi hija en el dialecto siciliano, la gente al ver a la mujer desesperada se unió y la ayudaron, fue entonces cuando se dieron cuenta de lo poderosos que podían llegar a ser si se unían, la Mafia fue creada con fine bueno, puros, pero poco a poco el poder nos fue corrompiendo hasta convertirlo en algo malo, depravado, todos somos iguales Peyton,yo no soy tan malo como tu piensas...”Mi instinto me decía que algo malo iba a suceder. Mis dedos se aflojaron alrededor de los de Justin. “Peyton, dime donde tienes la llave.” Y comencé a correr para salvar mi pellejo.

La arena me hacía ir más lenta, era densa, notaba a Justin detrás de mi, tiró de mi vestido haciendo que yo cayera de culo, intenté gatear lo justo para ponerme a salvo pero Justin me giró con brutalidad , se sentó encima mío, aprisionando mi cuerpo bajo el suyo, sus manos rodeaban mis muñecas apretándolas contra la arena.

El muro de contención de ira se había ido. Sus dedos apretaban cada vez más mis muñecas.

“Peyton dime donde está la llave.” Yo no iba a ceder, así que no dije nada, simplemente actué, le escupí en toda la cara, haciendo que tuviera que soltar una de mis manos para limpiarse, estaba soltando una retaila de tacos hacia mi, pero yo solo me concentraba en darle lo más fuerte que podía con mi mano libre, cogí impulso y estrellé mi mano derecha contra un costado de su mandíbula quitándomelo de encima. Salí corriendo, pero me costaba mucho.

Sabía de sobra que Justin me seguía de cerca y que pronto me alcanzaría. Necesitaba algo, íbamos a luchar y alguno de los dos iba acabar mal parado.

Miré a mi alrededor, pero no parecía haber nada útil, Justin llegó a mi altura y estampó su gran puño en mi cara, perdí el equilibrio y caí al suelo sin poder evitarlo, entonces mi mano dio con una roca, que cuando Justo hubo estado a mi altura estampé en su cabeza, haciendo que quedara inconsciente en la arena, no sabía donde estaba, pero si sabía que tenía que salir de allí.


Eché a anda todo lo rápido que la arena me permitió hasta llegar a calles ya más conocidas, me fui orientando, entré en un bar donde pregunté la dirección del Hotel , tuve suerte y una chica que se encontraba tomando un café sabía inglés y me ayudó a hacerme entender. Dos horas después fui capaz de llegar a la habitación de Drew donde este se encontraba reunido con Brianna y Mathia.

La exclamación y la cara de horror que pusieron al verme confirmó que mi aspecto era espantoso. “¿Tan mal estoy?” Intenté decirlo con humor para sacar hierro al asunto pero no funcionó. “¿Te lo ha hecho él?” Brianna lo dijo con cara de espanto mientras se acercaba a mirar detenidamente mi cara, yo me limité a asentir, las emociones me inundaron, Justin una persona en la que confiaba, una persona por la que lo había dejado todo de la noche a la mañana se había convertido en mi mayor enemigo. Fui fuerte y no derramé una lágrima. Ellos tres hablaban y debatían, pero yo no los escuchaba. “¿Dónde voy a dormir?” Mi voz sonó tan rota que sus caras de descompusieron. Drew se levantó, me ofreció su mano pero no la cogí, envolví mis brazos a mi alrededor en un tierno abrazo reconfortante a mi misma. Lo seguí por tu suite hasta entrar a una habitación casi idéntica a la de Justin.”Es mi cama, si lo prefieres puedo dormir en el sofá.” Me horroricé, Justin le había dado una buena paliza, ni yo sabía como era capaz de caminar y me ofrecía su cama. “No te preocupes, está bien, espero o darte muchas patadas.” Sonreí como pude y el hizo lo mismo, tiró en mi dirección una sudadera de verano suya, comencé a sacar mi vestido, miré a Drew extrañada al ver lo rojo que estaba, entonces me percaté que él no era Justin. “Oh perdón, la costumbre.” Pero ya estaba solo en ropa interior me giré para sacar mi sujetador y colocar la sudadera. El vestía unos pantalones de pijama normales que caían demasiado sexy sobre sus caderas dejándome ver su uve.

Fui al baño y entonces comprendí porque me miraban de aquella manera, era normal. Un gran moratón rojizo cubría toda mi mejilla. Le eché agua fría y recé porque mañana estuviera de un color más fácil para cubrir.

Al entrar en el cuarto Drew ya estaba tumbado en la cama, una rendija de luz de la luna se colaba entre los dos cortinones dejándome ver su torso descubierto. Me tumbé al otro lado de la cama, mirando al techo.

“Gracias Peyton.” Sus palabras me sorprendieron. “¿Por qué?” Estaba confusa. “Por desafiar al mayor canalla de este mundo por mi.”

“De nada, supongo.” Una risa se formó en mis labios. “Teníais razón.”


Yo tenía la llave, yo tenía la solución.  

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Capítulo dedicado a Judtih porque gracias a ella Justin tuvo una historia que contarle  Peyton. Si alguna parte de la historia de donde viene la Mafia es incorrecta las dos lo sentimos. Así es como le contaron a ella la historia y así es como os la cuento yo a vosotros.

Ya sabes si quieres que te avise un tweet a @_justprincess.

Un beso. Gracias por leer. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

The Key 7



~Debes ser despiadada.

Ahora o nunca.

Una puerta, mi nueva vida.

Era lo que debía hacer. Abrir esa puerta. Mi nueva vida estaba ahí.

Solo debía abrirla y hacer mi trabajo.

Mi nuevo trabajo.

Mi nueva forma de vida.

Ataviada solo con un abrigo que ocultaba un conjunto similar al que había llevado con Justin hacía unas horas.

Esperaba la orden.

Justin.

¿Por qué yo?

¿Mathia?

¿Era una coincidencia que Drew me hubiera entregado la llave?

¿Me conocía?

Peyton no es momento para tus preguntas, céntrate.

La pareja entrando al otro cuarto.

La señal.

Imaginé que debía seducir a Justin, como hacía unas horas.

Cerré los ojos y inspiré. Podía olerlo en mi piel. O eso me parecía.

Fijé mi mirada al frente.

Segura.

Sexy.

Y abrí la puerta.

“Oh mi putilla ya ha llegado.” El presidente de Siria.

“Si presidente, ya he llegado, lista para complacerle.” Me acerqué con paso seguro y detallado, moviéndome lenta y sensualmente. “Alguien ha encargado un pack de servicios especial para usted, si me lo permite.”

La palabras salieron a borbotones de su boca mientras dejaba caer el abrigo a mis pies.

Comencé a acercarme a él, estaba sentado en una butaca. Me puse a horcajadas sobre él.

Mis labios comenzaron a depositar húmedos besos en su cuello.

Justin ya lo había avisado de que parara pero el no cumplió, ahora era mi trabajo.

Antes de que pestañeara saqué de mi bota de cuero que me llegaba hasta el muslo la jeringuilla e introduje una burbuja de aire en la abultada vena de su cuello. En poco tiempo ese aire llegaría a su corazón.

Debía ser despiadada.

Y mientras el se desvanecía en mis brazos puse mis labios en su oreja.

“Un regalo de Lord, dulces sueños presidente.”

Rápidamente puse la reproducción de sonidos sexuales. Mientras lo trasladé como Brianna me había enseñado hasta la cama. Lo desvestí y lo envolví entre las sábanas.

Una hora y una copa de whisky después me coloqué el abrigo mientras la reproducción llegaba a su fin. La recogí. Igual que la jeringuilla.

Cuanto puede caber en unas botas de cuero ¿verdad?

Me sorprendí a mi misma pensando en algo tan trivial como eso. '¡Por dios Pyeton!Acabas de matar a un hombre.' Una reprimenda a mi misma. Pero no me sentía mal. Era raro. Podría haber vivido sin hacerlo. Pero no sentía arrepentimiento alguno. La sensación hasta era buena.

Dejé mis dilemas morales para otro momento, coloqué mi gabardina por encima de mi cuerpo tapando mi semi desnudez y me dispuse a salir.

Salí por la puerta y su seguridad estaba allí.

“Está durmiendo como un bebé.” Les guiñé un ojo. Me dirigí al ascensor. Lo último que vi cuando se cerraron las puertas fue a los matones intentando alcanzarme. Paré en el primer piso. En la habitación 22 me esperaba Justin, solo Justin.

Me iba a limpiar.

Entré por la puerta precipitadamente, sabía donde buscar. Me deshice de la ropa por el camino. Hasta que llegué al dormitorio donde Justin aguardaba de pie mirando la puerta de este, una sonrisa de satisfacción acompañada de una expresión de superioridad me dieron la bienvenida.

Antes de que articulara palabra me lancé sobre el.

Cuando acabó de limpiarme de las manos de aquel hombre dejó que llorara desconsoladamente sobre su pecho hasta que caí en la inconsciencia donde no había muerte solo Justin y yo.

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“Ei Peyton un trabajo impecable para ser el primero.” Brianna me apremió mientras me entregaba una taza de café.

Estábamos en el avión rumbo a Sicilia, allí acabaría mi formación.

“Gracias, no fue tan malo.”

“¿Entonces por qué pasaste la noche llorando?”

“Por no sentirme mal después de haberlo matado.”

“Justin esta chica vale.” Este apartó un segundo la mirada del periódico para dedicarnos una sonrisa. “Yo me pasé una semana llorando por ser una asesina hasta que lo entendí.”

Sabía que la conversación había terminado, no quería preguntarle el que entendió, no me apetecía, yo ya lo había entendido a mi manera.

Me senté en frente de Justin, la taza estaba aprisionada entre mis dos manos mientras observaba por la ventanilla.

“Ten cuidado o la romperás.” La voz de Justin me sacó de mis pensamientos. Se estaba burlando de mi. “No tengo tanta fuerza.” Reproché. No entendía a que venía la burla. “Normal ayer agotaste tus fuerzas conmigo.” Tanta cosa solo para hacer una broma de sexo, en el fondo tenía 19 años.

Le dediqué una sonrisa forzada, volví a mis pensamientos y lo ignoré. Debía averiguar más cosas. Tenía que ganarme un nombre.

¿Por qué me habían elegido a mi?

Porque no tienes a nadie.

Buena respuesta, pero tenía miles de preguntas y ninguna podía ser formulada.

“Quiero hablar con Drew.”

“¿Por qué?” Justin escupió las palabras.

“Simplemente tráemelo.” Su ceja se enarcó, lo estaba enfadando.”Merezco un premio y explicaciones. Te recuerdo que se me secuestró y desde entonces he estado siendo obediente y acatando las órdenes.”

“De acuerdo.”

“No Justin.” Brianna lo dije en forma de ruego.

“He dicho que si y no hay nada más que hablar. Brianna no quieres volver a tu casa ¿verdad?

“No Lord, lo siento Lord.” Y como si nunca hubiera estaba presente se hundió en su asiento.

“En Sicilia Peyton dormirá en mi habitación, debo planificar cosas con ella.”

“De acuerdo Lord.” No solo lo dije yo, si no que fue un susurro expulsado por todos los ocupantes de la sala.

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En cuanto llegamos a allí se me permitió hablar con Drew.
“Tengo muchas preguntas.” Comenzamos a caminar a paso lento por la calle.

“Pues comienza no nos darán mucho tiempo.” Estaba tan relajado, ya no quedaban rastros de los golpes. Que guapo era.

“¿Tu antes de vernos en el backstage ya me conocías?”

“Si, Mathia te había seleccionado, la otra parecía buena pero era muy débil.”

“¿Por qué yo?” Formulé la pregunta a sabiendas de que pensaba que sabía la respuesta pero no era así.

“Dabas la talla.” Debía ser una broma, pero entonces recordé las palabras de Brianna durante el entrenamiento.

“Brianna dice que soy poderosa.”

“Lo eres. Justin te va a llegar a ver como una amenaza, Brianna te va a entrenar para que lo superes.” En sus ojos se veía la expectación, la esperanza.

“¿Es como una especie de complot contra Justin?” Se suponía que le debían ser fieles ¿no?

“Si, igual que él solo te está dando 'amor' para que confíes en el.”

Me quedé paralizada en medio del puente por donde pasábamos. Solo me usaba, yo ya lo sabía pero... que idiota.

Tragué duro. “¿Debo usar yo eso en su contra?”

“Si, aunque parezca mentira en el fondo es un chico de 19 años al que le gustas. Nunca a tenido una relación por lo que lo volverás estúpido y por consecuencia vulnerable.”

Entonces apareció Brianna.

“Ei nuestra joya de la corona.”

“¿Qué haces aquí Brianna?” Drew estaba nervioso y comenzó a observar a su alrededor.

“Me han mandado para llevaros de vuelta a casa, Mathia está allí.” Con su mano señaló a Mathia a unos cuantos metros de nosotros. “No hay peligro.”

“Brianna.” Comencé la frase sin saberlo, la pregunta en mi cabeza exigía ser respondida. “¿Justin hizo contigo lo mismo que está haciendo conmigo?

“Más o menos.” Puso cara dudosa. Sus cejas se unieron. “Tu le gustas, yo no le gustaba.”

“¿Qué es la llave?”
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Nuestro cuarto en Sicilia era idílico, todo era blanco y esponjoso.

Me dejé caer de espaldas en la cama.

“Puedes dormir.” Lo miré con ojos preocupados.

“Voy a ducharme luego me uniré a ti.”

Con mis pies me saqué las bailarinas que había usado para el viaje, con un hábil movimiento me deshice de la camiseta y con un poco más de esfuerzo de los pantalones cortos.

Cogí una fina manta que había a los pies de la cama y me tapé dejando un trozo para Justin.

Me dispuse a pensar en todo lo que había descubierto esa misma tarde. Tenía instrucciones muy específicas de como llevar esta relación. En el fondo no quería, pero sentía que hacía bien.

Lo que empezaba a sentir por Justin se interponía entre lo que debía hacer.

No podía defraudar a tanta gente, después de saber todo lo que había hecho sentía que yo iba a ser la nueva justiciera, como él lo había sido.

Pero el se corrompió, el también pensó que podía cambiar el mundo y míralo. Tú acabarás igual.

Tenía razón pero ya vendría alguien detrás que me hiciera lo mismo que yo iba a hacerle a él.

Justin al rato salió del baño interrumpiendo mis pensamientos vestías sus típicos pantalones de pijama de seda y tumbándose a mi lado debajo de la fina manta me arrimó a él. Yo instintivamente me puse de espaldas sabiendo la postura que el quería adoptar. Automáticamente el me rodeó por detrás. Sus brazos me acunaban. Mi cuerpo encajaba en el suyo a la perfección, besó mi coronilla para luego apoyar en ella la barbilla.

Cuando estaba al borde del sueño y de la realidad unos violentos golpes me pusieron alerta. Justin no estaba.

Impulsivamente rebusqué en mi bolsa de viaje buscando mi pistola, Justin había insistido. Me alegré de que lo hiciera.

Con sigilo, como había sido adiestrada me moví por la habitación.

Entonces lo que vi me heló la sangre.

Justin sacudía violentamente a Drew contra el suelo, la cabeza de este rebotaba como si fuera un pelele.

'¿Por qué?'

Rápidamente mi pregunta fue contestada por él mismo.

“Como la llave no aparezca te juro que termino contigo.” Estaba realmente furioso.

Por lo que le decía supuse que se acaba de enterar de que Drew había ocultado la llave.

Drew se movía intentando girar sobre si mismo para poder arrastrarse a un inexistente lugar seguro. Justin puso su pie calzado con unos zapatos de vestir sobre el.

Antes no me había fijado pero Justin estaba vestido con uno de sus impecables trajes.

Este levantó a Drew del suelo, estaba dispuesto a asestarle otra tanda de golpes.

Sabía que no debía intervenir, pero debía.

“Para.” El grito salió en cuanto mi cuerpo decidió moverse para apuntar a Justin con la pistola.

“Peyton baja el arma, te ves ridícula.” Escupió las palabras.

'Oh Justin si supieras que eso no me desanima, si no que es todo lo contrario.'

Me gustas cuando te pones peleona.

Por una vez mi voz interior decía algo bueno para mi.

Una sonrisa se formó en mis labios, mientras me posicionaba mejor.

“Déjalo, el no sabe donde está la llave.”

La cara de Justin se descompuso.

“El no lo sabe porque la llave la tengo yo.”

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lunes, 2 de septiembre de 2013

The Key 6

~Debes ser fuerte.

Después de darme cuenta de que no iba a poder dormir fui en busca de alguien que me administrara un relajante muscular para conseguirlo.

No se cuantas horas llegué a dormir pero fueron las suficientes para sentirme como nueva. Una bandeja con mi desayuno favorito me esperaba. Los cereales de chocolate con yogur griego y una taza de café eran lo mejor.

Esa mañana mi ropa de deporte había sido sustituida por unos vaqueros negros, unas Doc Marten blancas y una camiseta básica blanca.

Me lavé los dientes y me cepillé el pelo después de una larga ducha. Aprisioné mi pelo aún mojado en una cola de caballo.

Hoy Mathia no se encontraba al lado de mi puerta, estaba un hombre trajeado que recordaba ver el día que me colé en el backstage.

“Soy Isaac.” Tendió la mano en mi dirección, se la di.

“Encantada.” Ya me había acostumbrado a no tener que presentarme.

Me llevó por los pasillos de la mansión hasta llegar a una gran habitación demasiado moderna, no iba con la decoración clásica de la mayoría de la casa aunque parándome a pensar mi habitación tampoco era clásica era más bien moderna.

Justin estaba inclinado sobre la mesa atendiendo a algo que Brianna le estaba explicando. Lo miré bien, iba con uno de sus trajes normales, negro, de tres piezas, ahora mismo no llevaba la chaqueta, la vi colgada en el perchero, aquel chaleco hacía que lo deseara. Todo él era demasiado sensual. Entonces vi a Brianna, tan guapa, con su pelo rubio, su sonrisa perfecta, hacían una pareja encantadora.

Igual lo son.

Y era verdad perfectamente podían ser pareja. Por la manera en la que ella lo miraba, los roces entre su piel. Pero por raro que parezca me daba igual. No había celos. Porque sabía que yo era de él.

La voz de Isaac irrumpió en la sala. “Explicadle a Peyton lo que debe hacer y acabemos con esto cuanto antes en dos días debemos estar en Siria.”

“Acércate Peyton y te explicaré todo lo que debes hacer.” Brianna extendió su mano en mi dirección. Justin con un elegante movimiento y un asentimiento de ánimo cuando pasé a su lado me dio la confianza que necesitaba.

Brianna me explicó todo el plan hasta los más mínimos detalles que me horrorizaron. Y sabía que eso no era nada en comparación con lo que iba a tener que llegar a hacer en algún momento de mi trabajo.

Tenía miedo. Se suponía que debía ser un arma de seducción, pero yo no sabía. ¿Cómo demonios debo seducir a ese hombre?

“Peyton ven conmigo.” Sus palabras me sobresaltaron tanto que me quedé de piedra. “Ahora.”
Lo seguí en silencio por todos los pasillos. Memorizando. Así podría volver en otro momento.

Abrió la puerta para mi.

Lo primero que vi fue la enorme cama de dosel. En su colcha blanca destacaba un conjunto de lencería muy sexy. Miré Justin confusa.

“Vas a seducirme.”

Creo que mi mandíbula tocó el suelo cuando esas palabras salieron pronunciadas de su boca.

Sus ojos mieles me decían que lo hiciera. Los intenté descifrar por un momento. Quería entenderlo. Y lo hice. Me estaba dando más con una mirada que con una palabra de ánimo. Con timidez me puse aquel conjunto ante sus atentos ojos. Era un sujetador de encaje negro, con un corsé, liguero y medias de seda. En el suelo vi unos tacones negros de ante con un tacón de aguja que daba miedo y no porque fuera muy alto si no por lo que Brianna me había enseñado a hacer con uno.

“Ahora quiero que me seduzcas.” Se sentó en una butaca de su cuarto.

Por un rato cerré los ojos. Puse un dedo delante mío antes de que hablara en señal de que necesitaba un minuto.

Mi mente empezó a repasar todas mis inseguridades y por una vez esa vocecita tan incordiosa me ayudó.

Enséñale a la tigresa del coche.

Mis ojos se abrieron de par en par. La seguridad me inundó. Con una mano en mi cintura y la otra colgando en mi costado, una sonrisa traviesa adornaba mi cara y fui caminando a paso lento moviendo ligeramente las caderas, suave, con deleite, los ojos de Justin me escrutaban, impasibles, pero eso no me desalentó, me supuso un desafío.

Lo miré intensamente. Seguí acercándome a paso lento hasta estar a su altura. Me paré justo delante suya. Lo miré desde arriba sin bajar la cara solo la mirada, con superioridad, con poder.

Pasé todo mi peso a mi pierna derecha torciendo la cadera. Con lentitud me senté a horcajadas sobre el. Coloqué con mimo ,pero al mismo tiempo con firmeza ,sus manos sobre mis caderas.

Sus ojos se derritieron, como el oro líquido. Me atrajo hacia a el con violencia y con sus labios selló los míos. Se separó para darme libre acceso a su cuello, bese con rudeza, firmeza y lentitud, cada parte de su cuello, haciéndolo gemir. Notando como su erección se formaba bajo mi sexo.

“Has aprendido muy rápido y muy bien.” Puso su mano entre mi pelo, enredando los dedos en mi cuero cabelludo, tiró de el con fuerza, me hizo mirarlo. “De ahora en adelante quiero que me imagines a mi en cada una de tus misiones.”

“Si, Lord.”

Sus labios volaron a mi boca. Me devoraron, me poseyeron, me folló la boca con su lengua. Agarró con fuerza mis muslos y me elevó con el. Caminó hacia la cama y me tiró allí, sin remilgos.

Deshizo el nudo de su corbata. Caminaba de un lado a otro, sacándose prendas. Primero la corbata. Luego el chaleco. Entonces empezó con los bonotes de su camisa.

“¿Puedo hacerlo yo Lord?”Mi voz sonó tan sumisa, tan suave.

“No, deberás ganarte esos deleites.” Me miró. Yo estaba en la misma posición en la que había caído. Mis piernas estaban abiertas ante el y yo me sostenía sobre mis codos para admirar el espectáculo.

Cuando ya solo llevaba una camiseta interior blanca se arrodilló encima de la cama entre mis piernas. Besando la parte interna de cada una de ellas hasta llegar al final de la pierna, hasta el borde del tanga de encaje.

“Ahora te voy a quitar el sujetador y el tanga pero te voy a dejar lo demás. Me pones mucho con esas prendas.”

“Es mi deber complacerlo, Lord.”

“Pequeña gatita, en la cama quiero que grites mi nombre. Quiero que toda la casa sepa que te estoy haciendo mía.” Tragué duro, el quería que lo tratara de una forma más cercana. Quería que follara con Justin no con mi jefe.

El estaba entre mis piernas de rodillas, era tan sexy, un par de mechones de pelos habían cedido y caían sobre su frente.

Puso su mano detrás de mi espalda elevándome un poco y con la otra desabrochó mi sujetador en un solo movimiento. Deslizó el sujetador por mis hombros y mis brazos hasta sacarlo. Su boca decidió torturar a uno de mis pezones, los gemidos surgían de mi garganta. Mis piernas lo atraían sobre mi, clavándole los tacones en ese magnífico culo.

Bajó las manos hasta las tiras del fino tanga y con un brusco tirón la fina tela cedió. Era suya. No cabía duda.

“Ahora me voy a desnudar, quiero que mientras lo hago te toques para mi según mis indicaciones.”

“Si.”

“Bien.” Se incorporó y se sentó en la silla que había en la pared de los pies de la cama. Su pelo brillaba con los últimos rayos de sol que se colaban entre los cortinones, haciendo que pareciera más un ángel que un demonio, un ángel caído. “Coloca una mano en tu sexo y con tu dedo índice busca tu clítoris y apriétalo mientras con la otra mano te pellizcas un pezón.” Lo hice y un gemido salió por mi boca, pero no aparté los ojos de el. Ya estaba casi desnudo, necesitaba a ese hombre sobre mi. Necesitaba que me dominara. Se sacó los boxers y mi mirada se dirigió a su miembro de un tamaño demasiado grande. Nunca había visto uno tan grande ni tan perfecto.”Pequeña gatita te va a entrar de un tirón, tu tranquila, se que tu coño desea que lo penetre.”

Se volvió a subir a la cama sobre sus rodillas hasta quedar encima mío. “Peyton ¿por qué te sigues tocando?”

“Tu no me ordenaste que parara.” Me miró con aprobación. “No esperaba menos de ti mi Peyton.”

Y con un movimiento de cadera su miembro estaba dentro mío. Un grito proveniente de mi boca inundó toda la habitación.

“Conmigo nunca vas a usar condón.” Dijo en mi oído mientras hacía un movimiento de vaivén con la cadera, moviéndose dentro de mi. “Pero con todos los demás si.”

Se introdujo en una envestida, dura. Para que esas palabras quedaran grabas en mi mente a fuego.

“Ahora no te puedo marcar. Quiero que vayas limpia para el presidente de Siria, pero en cuanto vuelvas te marcaré por donde me de la gana.”

Yo era todo gemidos, mis uñas arañaban a Justin, sentía cada músculo tensarse bajo mi tacto.

Estaba a punto de correrse, colocó su pulgar encima de mi clítoris apretando y llevándome al orgasmo con él.

Calló como un peso muerto a mi lado. En cuanto estuve recompuesta intenté levantarme para irme a mi cuarto.

“Quédate.” Su voz era ahora la sumisa. Era más un ruego que una orden. Recostándome de nuevo le di la espalda y tiré de su mano para que me envolviera con su cuerpo como sabía que a el le gustaba dormir.

Yo caí en una profunda inconsciencia donde soñé con la expresión de sus ojos que no se apartaban de los míos mientras derramaba su oro blanco líquido en mi.

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Espero que os haya gustado la pequeña maratón.

---> @_justprincess

The Key 5

~Yo te cubro.

“¿Peyton que demonios estás haciendo?” Su diminuto cuerpo parecía demasiado frágil. Estaba sentada en el marco de la ventana, con las piernas colgando por la fachada del hotel.

“Papá ¿por qué me haces esto?” Sollozaba.

“Peyton no soy tu padre.”

“Yo siempre fui buena, nunca le conté el secreto a mamá.” Entonces lo comprendí estaba soñando, era sonámbula. Con cuidado me acerqué por detrás a ella.

“Siempre me obligas a salir por la ventana, ¿no quieres qué me vean contigo?”

Peyton ¿Qué mierdas te hacia tu padre?

Me acerqué justo cuando iba a saltar.

“Adiós papá.” Y saltó.

Mis brazos la cogieron al vuelo, despertándola de golpe.

Empezó a chillar.

“Peyton estate quieta, te tengo, confía en mi.”

Ella se quedó quieta, en realidad no pensé que lo fuera a hacer. Con cuidado la introduje dentro. Caí con ella en mi regazo en el suelo. Ella se convirtió en una bolita.

Su cara era de terror. Sus ojos me miraban llenos de lágrima con la duda reflejada en ellos.

“Peyton estabas soñando. Estabas sentada en la ventana. Soñabas con tu padre.”

Su rostro se escondió en el hueco de mi cuello. Temblaba.

“¿Qué te hacía Pyeton?”Su respuesta fue una negación con la cabeza. Ella necesitaba distraerse. “Ei te ves bien con mi camisa.” La puse de pie, con sus manos limpió las lágrimas. Cogí su mano y la puse en alto para darle un vuelta sobre si misma. . “Muy muy bien.”

Una sonrisa iluminó su rostro.

“¿Quieres una ducha para relajarte? O mejor aún te prepararé un baño.” Tiré de su mano y la llevé al baño de mi cuarto.

Peyton.

Atenta seguí cada uno de sus movimientos. Recordé como lo había obedecido. Estaba muerta de miedo. Aterrada. Pero cuando él me dijo que estuviera quieta simplemente obedecí.

Estaba en cuclillas delante de la gran bañera. Con su mano iba comprobando el agua. Añadió una bola de sales que pronto hizo que se formara espuma por toda la bañera. El agua salía por varios chorros y rápidamente estuvo llena.
Justin cerró el grifo y se colocó enfrente de mi. Con cautela sin dejar de mirarme a los ojos fue desabrochando cada uno de los botones de la camisa que yo llevaba puesta hasta quedarme solo en bragas. Mordiéndome el labio intenté tapar mi desnudez disimuladamente mientras observaba como el se iba desnudando. Primero las Supras y los calcetines. Luego la camiseta.

Oh dios.

Todos esos músculos contrayéndose con cada movimiento suyo. Estaba casi desnudo enfrente de mi. Solo le faltaban los boxers y justo cuando se los iba a quitar me di la vuelta. Esperé a oír el agua chapotear para indicarme que el estaba dentro.

“¿No vienes Peyton?” Sus ojos expresaban expectación. Me mordí el labio. Él colocó su mano encima de sus ojos. “Prometo no mirar.”

Entonces como una bala me despojé de mi lencería y me metí en el otro extremo de la bañera.

“Oh Peyton sabes que cuando muerdo te gusta.” Extendió su mano en mi dirección puse la mía encima de la suya y con cuidado me volteó hasta que su pecho estuvo en contacto con mi espalda. Me encontraba entre sus piernas mientras sus brazos me rodeaban.

“Era horrible, siempre me obligaba a hacer cosas horribles y luego para que nadie supiera que había ido a verlo me hacía salir por la ventana que daba al jardín de atrás.” Justin comenzó a depositar besos en mi hombro.

“Nadie más te va hacer cosas horribles. Yo te cubro.¿Confías en mi?”

“Si.”

A partir de ahí nos bañamos en silencio, dejando que el agua caliente relajara todos nuestros músculos. Tenía la cabeza apoyada en el hombro de Justin al borde de la inconsciencia cuando este se revolvió.

“Ahora te voy a sacar de la bañera y te voy a llevar a mi cama.” Me revolví nerviosa. “Tranquila no vamos a hacer nada. Simplemente vas a dormir dándome la espalda mientras yo te abrazo y sueñas algo bonito.”

“Vale.” Pero en el fondo yo quería algo más.

“Se que quieres que te tome. Pero hoy no. No estás lista, en unos días ,antes de tu primer trabajo te tomaré y te quedará claro que eres mía. Que si un hombre te mira o te toca es porque yo estoy cubriéndote las espaldas.”

Aquello me llegó hondo.

“Venga Peyton quiero que mañana estés descansada y es tarde.”

Me ayudó a salir de la bañera. Me secó con cuidado. Luego se secó a el mismo y volvió a ponerme la camisa y el se enfundó unos pantalones de pijama de seda. Era todo un espectáculo ver como caían sobre sus caderas.

Abrió la cama y me invitó a tumbarme. Lo hice y el entró por el otro lado nos tapó a los dos y me abrazó por detrás tal como había dicho.

“Vas a tener que aprender tu trabajo rápido, puede que en ocasiones pienses que eres una puta, pero recuerda nunca lo serás , será parte de tu trabajo, a veces tendrás que recurrir a cosas poco apropiadas pero ten presente, serán tus misiones, solo debes confiar en mi y que cuando llegues de cada una de ellas yo estaré aquí y te limpiaré y te demostraré que solo eres mía.”

Y con esas palabras y sus diferentes significados me dormí y me sumí en un sueño intranquilo.

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“Venga Peyton comienza tu entrenamiento.”

“¿Qué dices?” Me estiré y noté el cansancio en cada una de las partes de mi cuerpo.

“Pasaste una mala noche lo se porque me mantuviste despierto. Creo que me dejaste varios moratones.”

“Lo siento mucho.” Intenté disculparme pero el me cortó.

“Ahí tienes ropa de deporte, no te voy a mandar a una misión sin por lo menos 10 horas de entrenamiento diario de diferentes tipos de lucha. Principalmente te vas a centrar en la defensa personal.” Tragué duro mientras me levantaba. Comencé a vestirme. “Desayunarás dentro de dos horas.”

“¿Y si no soy capaz?” Era mucho entrenamiento estaba más o menos en forma, más menos que más.

“Confía en mi lo serás.” Dio un pequeño azote en mi trasero empujándome a salir. “Demuéstrale a Brianna que sabes usarlo.” Y con un guiño cerró la puerta detrás de mi. El salón ya no era un salón había un suelo acolchado.

“Pyeton ¿verdad?” Y antes de que pudiera responder ya me había tumbado.

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“¿Qué tal se ha portado?” Le preguntaba a Brianna.

“Para llevar solo dos horas ya ha aprendido parte de los movimientos básicos en dos días tendrá dominada la defensa personal y podremos pasar al ataque cuerpo a cuerpo.” Desconecté, literalmente, me moría de hambre y de sueño, solo de pensar en las 8 horas que me quedaban me cansaba, no comí demasiado no quería vomitar pero si lo suficiente.

“¿Lista?” Brianna me miraba.

“Lista.” Justin cogió mi mano al pasar por su lado y la besó. “Suerte.”

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“Peyton despierta nos vamos a casa.”

“Mmmmm” No podía articular otra palabra después de tres días con diez horas de entrenamiento.

“Venga Dober.” Sin apenas abrir los ojos me puse la ropa que Justin cada mañana dejaba a los pies de la cama. Mis maletas estarían hechas. Tampoco había traído nada.

El tiempo pasó volando entre sueño y sueño. Oí varias conversaciones en mis momentos de lucidez.

“Brianna creo que la dejaste en coma.”

“Será mejor que la dejes descansar hoy y mañana empezaremos a diseñar su plan.”

“Estoy de acuerdo.”

Justin salió del coche conmigo en brazos y me llevó hasta mi cuarto, me desvistió, me acarició, hasta dejó que yo me deleitara acariciando su precioso pelo mientras me sacaba los zapatos y los pantalones, era suave, sin gomina, podías enredar mis dedos con facilidad.

Cuando ya estaba dentro de mi cama acarició mi pelo. Y se acercó a mi oído. “No te preocupes pequeña en poco tiempo ya serás despiadada, dentro de poco serás lo más poderoso que yo posea.”


Y ya no pude volver a dormir.