viernes, 25 de octubre de 2013

The Key 11

-11-


Me desperté en una cama conocida, mullida, confortable, tenía que ir al servicio, me levanté sigilosamente, al entrar al baño, mirarme en el espejo y ver mi cuerpo desnudo recordé la noche anterior,

Oigo el disparo y veo a Justin y a Coralie en el suelo, no se cual de los dos está herido, yo no he disparado, pero todos se han echado al suelo al oír la ráfaga de disparos, todos menos yo. Estoy allí plantada delante de todos, inmóvil. “¿Qué demonios ha pasado?” Camino hacia Justin, veo que se mueve, entonces levanta un poco la cabeza y me mira como si fuera un espejismo, se incorpora rápidamente y me lleva a sus brazos y me dejo hacer, suelto todo el aire que tenía contenido, había aguantado la respiración, pero el estaba bien. Coralie está bañada en su propia sangre, todos piensan que he sido yo la que ha soltado la ráfaga de disparos, lo se porque todos aplauden y gritan mi nombre entre silbidos y aullidos de victoria. Justin se separa de mi y me vuelve a mirar sin creer lo que ve. Llevo tres meses desaparecida, me daban por muerta.

No se como lo hicimos pero acabamos en su cuarto, la puerta es cerrada por su pie y me besa apasionadamente,sus labios me poseen, me follan.

Volví a la realidad, hice mis necesidades rápidamente y me refresqué, cuando fui a abrir la puerta me miré en el espejo de cuerpo entero que había en ella, me coloqué de perfil y pasé mi mano por mi vientre, ya no estaba tan plano, empezaba a abultar, tenía que hacer algo y ya sabía lo que. Suspiré profundamente, “puedo hacerlo”, me lo repetí treinta veces antes de salir del baño en albornoz.

“Peyton...” Era la voz de Justin, me estaba recriminando mi intento de escapar a mi cuarto. Lo miré a los ojos. “No huyas de mi.”

“No huyo.” Me di la vuelta y lo miré a los ojos, me necesitaba, lo sabía porque era la misma mirada que yo tenía en el baño cuando me repetía que podía irme, alejarme de él.

Con paso decidido fui hacia la cama y ante sus atentos ojos dejé caer el albornoz, me miraba con cautela, me puse de rodillas sobre el colchón, deslicé mi cuerpo por debajo de las sabanas hasta que noté el cuerpo caliente de Justin, bajé la mano en busca de su miembro, estaba duro, listo para mi, comencé a masajearlo, con cuidado, hasta me atreví a pensar que lo hacía con amor. Lo rodeé con toda la mano, jugando, echó la cabeza hacia atrás y sus labios formaron una 'O' , sin previo avisó me coloqué a horcajadas sobre él, como si estuviéramos conectados él se sentó para que estuviéramos más o menos a la misma altura, sus ojos mieles se clavaron en los míos, puse mis manos en sus hombros para apoyarme mientras me elevaba un poco para introducirlo dentro de mi. No apartamos la mirada en ningún momento mientras nuestras bocas se abrían dejando escapar un leve gemido. Sus manos se posaron en mi cintura para ayudarme a encontrar aquel ritmo que nos hiciera llegar al éxtasis. En un movimiento desesperado Justin me colocó debajo suya, su mirada salvaje me penetró, se hundió en mi hasta que noté la base de su pene, hasta que la piel de su vientre chocaba contra mi inflamado clítoris.

“Peyton no cambies.” Sus palabras se quedaron grabadas en mi, a fuego.

Comenzó a bombear, lentamente. Nos estaba llevando al límite. Se inclinó hacía abajo posando sus labios en mi oído para susurrarme “Peyton dámelo, dame tu orgasmo, déjame beber tus gemidos.” Dio una embestida y como si sus palabras fueran su pulgar masajeando mi clítoris me corrí mientras me besaba tomando mis gemidos y gritos de placer llevándolo conmigo al límite.

Salió lentamente para no hacerme daño y se tumbó en medio de la larga cama. En cuanto me recompuse recogí el albornoz.

“¿Qué haces?” Estaba realmente confundido.

“Solo hago lo mejor para mi.” Puse mi cara de mafiosa. ¿Cómo le iba a explicar que necesitaba poner a mi hijo a salvo? No podía. “En media hora te quiero en lo que ahora es mi despacho no el tuyo.”

Y salí, sin más. La mafia era mía. Era The Madame.

Mathia me interceptó en el pasillo. No se porque pero tenía ganas de llorar y al verlo lo hice, lloré. Fui vagamente conscientes de como me condujo a mi cuarto.

“Ey Peyton, relájate, no pueden verte así, ahora eres la jefaza.” Con las solapas del albornoz me limpió la cara, quitando las lágrimas que corrían por mis mejillas y boca.

“Lo siento, yo, no tengo ni idea de como hacerlo, es todo tan difícil...” Sorbí por la nariz y como una niña pequeña me froté la nariz con la manga para retirar los mocos.

“Tu puedes, todos confiamos en ti.” Sus ojos me miraban impasibles, lo decía enserio.

“Mathia tienes que traerme a Dakota, no puedo contarte porque.”

La medio hora pasó muy rápido y me encontraba en el despacho de Justin, mejor dicho en el que era ahora mi despacho, sentada en la gran silla, pronunciando mi discurso.

“Voy a llevar todos los asuntos desde algún lugar cuyo paradero no desvelaré y solo vendré en momentos decisivos. Concertaremos reuniones con por lo menos dos semanas de antelación y desde hoy hasta dentro 10 meses no se me molestará, da igual lo que pase.” Miré a Justin con dureza.” Justin, tu te encargarás de todo y me mantendrás informada, no intentes ocultarme nada porque te tendré vigilado.” Mi mirada era fría. ¿Querría haberme lanzado a sus brazos? Claro, pero no podía, era demasiado tarde, la había cagado y tenía que arreglarlo.

Me levanté de la silla y sobre mis tacones me dispuse a subir a mi cuarto. No me molesté en hacer la maleta, me puse mis Doc Marten ,cogí un bolso y metí pocos de los objetos personales que me quedaban: mi ipod, un pequeño álbum de fotos y mi libro preferido. Solo quedaba una cosa.

La llave.

Corrí escaleras abajo.

“Justin.” Lo llamé al ver que salía del salón. Y puse delante de sus ojos la llave. “Creo que es hora de que me digas para que sirve.”

Media hora después nos encontrábamos en un banco.

“¿Abre una caja de seguridad?” Estaba tan confundida

“No, algo mejor.” Una sonrisa amarga apareció en su rostro. ¿Cómo podía ser tan guapo hasta estando amargado? 

Entró como Pedro por su casa y puso rumbo a las cámaras acorazadas, nadie le decía, simplemente lo dejaban entrar. Un agente de seguridad trajeado nós dejó pasar por una puerta de roble macizo que no encajaba para nada con el diseño de un banco si no más con el diseño de la casa...

Muy aguda Peyton. Mi vocecita me reprochó en forma de burla no haberme dado cuenta de nada hasta aquel momento.

La puerta daba a un pasillo. Al final encontramos una puerta acorazada.

“Mete aquí la llave.” Me indicó una ranura. 

Con cautela me acerqué y lo hice. Un ruido mecánico comenzó en el momento en que giré la llave, Justin tiró de la puerta y solo pude intentar disimular mi asombro.

“¿Tanto revuelo por unos jodidos papeles?” 

“No son simples papeles, es información, secretos, favores por cobrar, números de cuentas bancarias. Aquí es a donde debes recurrir si necesitas algún favor. Aquí encontrarás algo de la persona adecuada para conseguir lo que quieres.”

“Perfecto. Echaré un vistazo y nos iremos.”

Abrí la primera carpeta. Era yo.






Dakota estaba sentada en el asiento de la ventanilla. Lucía serena, pero su entrecejo ligeramente fruncido me hacía saber que por su cabeza pasaban mil cosas.

“Cuando lleguemos me lo contarás todo ¿verdad?” Llevábamos una hora de viaje y no había dicho nada.

“Si en cuanto tomemos tierra te lo contaré todo.” La miré a los ojos al decir aquello. “Gracias.”

Estaba realmente agradecida, ella había venido simplemente porque Mathia le dijo que yo necesitaba su ayuda, lo único que había sabido de mi en todo aquel tiempo era que tenía un nuevo trabajo que era peligroso.

Tomé su mano entre las mías a modo de disculpa y ella me devolvió el apretón.



Llevaba tres meses en la isla, un pequeño paraíso en las Bahamas, Dakota estaba tirada a mi lado.

“Dicen que el sol es bueno para las embarazadas.” Tomó un sorbo de su mojito tras decir eso.

“Mmmm, no se al pequeño parece no gustarle no para de moverse.” Acaricié mi vientre con la mano. Era tan primitiva esa sensación. Ese miedo.

“Peyton ¿enserio no sabes de quién es?” Mi amiga estaba preocupada ella quería que tuviera al niño con el padre, pero no era por eso por lo que había huido, no quería que la gente de la que me rodeaba supiera de mi hijo.

“Cuando si tiene los ojos azules y nace pelirrojo ya se de quien es, si por el contrario nace rubio oscuro y ojos miel...” Mi amiga me cortó sabía que me estaba burlando de ella.

“Para, las dos sabemos que no es tan simple, ¿lo has pensado?” 

“Si Dakota, tengo pensado esperar y con la edad ya se verá viendo a quien se parece.” Mi amiga me miraba de mala gana. “Prometo pensar lo de hacer una prueba de ADN.”

Y así de simple zanjé el tema por el momento, sabía que Dakota me lo volvería a sacar.

“¿Tienes miedo?” La miré levantando una ceja. “Me refiero al parto y todo eso.”

“A lo que más tengo miedo es a que descubran su existencia y le intenten hacer daño para hacérmelo a mi.” Me miró mal, ella siempre odiaba que respondiera con evasivas. “Si, tengo miedo, ¿contenta?”

“Mucho.” Ella estaba realmente preocupada tenía miedo. “Yo estaré a tu lado, no lo dudes.”

“Lo se..” La miré a los ojos cogiendo sus manos. “Gracias.”




“¡Dakota haz que me lo saquen!” Mi amiga estaba sujetando mi mano. Yo estaba tan cansada.

“Peyton, la cabeza ya casi está, dos empujones más y ves a tu bebé.” No se quien dijo eso supongo que una enfermera, yo estaba tan cansada, solo quería dormir cinco minutos echar una cabezadita.

Dos empujones después mi pequeño Eric se encontraba entre mis brazos durmiendo.

Yo ya supe entonces de quien era hijo.




Estaba entrando por la puerta de la casa, su olor me hizo sentir en casa, hacía un año que no entraba en ella y casi tres desde que no paso más de unas horas en ella.

No me había adentrado cuatro pasos cuando mi pequeño entró corriendo y chillando de pura alegría. Se puso justo delante mío para llamar la atención.

“¿Mami esta es nuestra nueva casa?”

“Si cariño.” Cogí su pequeña manita al ponerme a su altura, ya era todo un hombrecito, así vestido con su sudadera y unas pequeñas Vans que Mathia le había regalado hacía apenas unas horas.

Lo llevé hasta mi cuarto, ahora se comunicaba con el de al lado que no pertenecía a nadie. Entramos en el cuarto.

“Este es tu cuarto Eric.” Mi niño soltó mi mano y se subió a la cama rápidamente, empezó a saltar.

“¿Luego vamos a ir a comprar juguetes?” Era tan pequeño, tan dulce, su sonrisa era idéntica a la de su padre y esos ojos puros, no como los de su progenitor, no, estos no estaban corrompidos. Pero yo no podía tener a Dakota allí retenida, no estaba bien.

“Si cariño.”

“Voy a explorar mami.” Bajó de un salto de la cama.

“Vale, si te pierdes pregunta a algún señor que te lleve al despacho de la Madame.”

“Si mamá.” Lo miré levantando una ceja divertida. “Preguntar por el despacho de la Madame.” Le sonreí y salió corriendo de su habitación pasando por la mía y luego desapareció de mi vista.

Dakota entró por la puerta, traía una pequeña bolsa consigo.

“¿Que les vas a decir?” Nadie sabía que volvía con un crio molesto.

“Pues la verdad.”

“Justin sospechará.”

“Que sospeche, de mi boca no va a sacar nada en claro.”

Elegí la ropa de mi armario, era ropa nueva.

Justin.

Cogí un conjunto de traje negro, consistía en un pantalón de traje con su chaqueta, decidí meterle una camisa granate con unos tacones de infarto a juego.

En el bañó me di una rápida ducha, me aseé e hice mis necesidades. Usé un maquillaje negro para mis ojos. Me vestí con cuidado de no arrugar el traje.

“Guau...” Exclamó Dakota. “ Ya entiendo porque te tienen miedo.”

“Bueno allá voy.”

Bajé las escaleras, mis tacones resonaban con cada paso que daba. Entré al despacho. Justin se encontraba en el sillón enfrente de mi escritorio. Al girarse sus ojos me mostraron la dureza.

Se levantó en muestra de respeto. Cuando estuve detrás del escritorio le hice una señal para que tomara asiento.

Después de una hora poniendome al día un torbellino entró en el despacho. Vi a mi pequeño abrir la puerta. Y vi los ojos de Justin al fijarse en el pequeño.

“¡Mami tengo hambre.!” Me levanté rápidamente y fui a donde mi hijo. Le estendí la mano que el gustosamente cogió.

“Te llevo a la cocina.” Saqué a mi hijo de allí, no quería exponerlo tanto tiempo a la mirada de Justin.

Fue entrando en la cocina cuando Eric soltó su mano de la mía.

“Mami, dile que me suelte.” Justin lo tenía agarrado por sus bracitos.

“Justin suéltalo.” Hablé alto y claro, con autoridad, no quería que notara mi angustia.

“Mami me hace daño.” Mi bebé estaba asustado y estaba empezando a derramar lágrimas. Entonces mi niño clavó sus llorosos ojitos mieles en los de Justin. “Mi mamí ha dicho que me sueltes.”

Justin por fin reaccionó y yo recibí a Eric en mis brazos.

“Justin espérame aquí.” Y giré sobre mis talones para llevar a Eric a la cocina, mi pequeño necesitaba una dosis de chocolate.

“¿Puedes prepararle un chocolate?” El mayordomo asintió y sonriendo cogió a Eric de la mano, este me miraba dudoso, pero le sonreí y no dudó un momento en irse con aquel hombre. Confiaba en su mamá.

“A mi despacho.” Dije al pasar al lado de Justin. Me siguió a paso lento, con los ojos confundidos.

Ya en mi despacho desaté mi furia.

“¿Cómo te atreves a ponerle una mano encima a mi hijo?” Y sin más miramientos le solté un puñetazo en el estómago. No era la típica muchacha que te suelta un bofetón. “No te acerques a él.” Lo apunté con mi afilado dedo a la cara.

Justin se recompuso del golpe, no le había hecho demasiado daño, él estaba en forma.

“Por eso te fuiste ¿verdad?” Intentó mirarme a los ojos pero esquivé su mirada. “Querías mantenerlo lejos de todo esto mientras fuera demasiado pequeño.”

“Si.” Lo miré a los ojos. “Para mentenerlo lejos de la gente como tú, que lo asustan, que le hacen daño.”

“Perdón.” Comenzó a moverse nervioso por el despacho. Pasó sus manos por su pelo, tirando de el hacía atrás. “¿Es mío?” En su cara se veía la desesperación.

“Es mío.” Respondí tajante mientras lo miraba de forma agresiva, no podía permitir que lo expusiera de esa manera.

“No me jodas Peyton, es idéntico a mi cuando tenía tres años.” Casi me gritó al decir eso apoyando las manos encima de mi escritorio justo delante de mi. 

“No tiene tres años.” Justin levantó la ceja. “Tiene dos y 10 meses.”

“Se de sobra cuanto tiene.” Otra vez aquella sonrisa amarga, era demasiado sexi. Desprendía sexo. 

“No lo sabes.” Mis ojos estaban clavados en los suyos.

El me miró sonriendo. “Si porque fue concebido el día en que desapareciste.”

“Justin, ese día no fuiste mi única conquista.” Lo dije bajando la mirada, mientras me agarraba el tabique de la nariz, un agudo dolor de cabeza aparecía sin remedio.

Supe que sabía de quien hablaba. Su cara de espanto pronto cambió. Sus ojos me mostraron algo que nunca había visto en ellos. Intenté verlo pero cuando lo supe ya era demasiado tarde. Las palabras ya había salido de su boca.

“Drew está muerto.”

Pena, eso es lo que mostraban sus ojos.




viernes, 4 de octubre de 2013

The Key 10

SEGUNDA PARTE
Alianza.


-10-

Agua, tenía sed, no podía moverme, estaba atada, la garganta me ardía, el accidente, lo recordaba, me dolía todo, despegué los ojos lentamente, una cara familiar se encontraba expectante.

“Coralie, se ha despertado.” Una mujer de pelo corto entraba en la estancia subida a unos vertiginosos tacones.

“La putilla de la que todos hablan por fin se despierta de su siesta.”

“Por desgracia estoy en desventaja.” Había intentado sonar cordial, pero una tosecita producida por la necesidad de agua hizo que la frase pareciera ridícula.

“Soy Coralie, tráele agua.” El esbirro que me resultaba familiar ya se había ido. “Mira estarás pensando que alguien te vendrá a buscar o algo por el estilo, pero nadie vendrá. ¿Sabes por qué?” Yo negué con al cabeza., esa mujer podía ser aterradora, y eso que yo no acostumbraba a tener miedo. “Porque tu no querrás que te encuentren.” Alcé una ceja confusa, una sonrisa asomó en sus labios. “Se que eres poderosa, se que le haces falta a Justin, tu quieres llegar a tener el poder, yo quiero verlo derrotado, nunca me ha gustado ser el centro de atención.”

“No te creo.” El hombre me entró en la estancia, antes de darme el agua comenzó a desatarme, cuando tuve las manos libres me entregó el agua. “Gracias.” Cuando mi necesidad de agua fue aplacada empecé a prestar atención a las demás, tenía hambre y además necesitaba ir con desesperada urgencia al baño. “Tengo que ir al baño.”

“Mira la princesa tiene que mear.” Ella se estaba riendo de mi, ella no sabía lo que un tacón de aguja como los míos podían llevar, siempre intentaba tener un As bajo la manga. “Oliver, Llévala.”

Con rudeza deshizo los nudos de la atadura de mis pies. Salimos por la puerta, yo iba delante siguiendo las indicaciones de Oliver mientras este me apuntaba con su arma, no era necesario, ahora no era momento de escapar, no conocía a mis contrincantes, primero era saber y poder predecir sus movimiento y pensamientos, luego ya trabajaríamos en el plan.







Un simple muchacho se encontraba en un gran sillón de piel detrás de su escritorio, un muchacho obligado a ser hombre, a ser un asesino, pero en el fondo un muchacho, asustado, su mano izquierda está encima de la mesa sujetando su baso de whisky, en la otra apoyaba su frente.

Alguien llama a la puerta, el no responde pero la persona entra sin más.

“The Lord, no tenemos pistas, en el lugar hasta donde nos llevó su teléfono no había nada, solo marcas de frenazos y algún cristal, sea quien sea quien lo hizo se está tomando molestias en que no encontremos a Peyton, señor.” El hombre lo mira, detenidamente, Justin mira su baso de whisky, no dice nada. “¿Señor se encuentra bien?” Está preocupado, normalmente The Lord no muestra sus sentimientos, solo el de la rabia y la ira, pero ahora está tan demacrado, pero es normal, el hombre que está detrás de ese enorme escritorio de madera maciza oscura no es The Lord su señor, no, es Justin un muchacho asustado que no sabe que hacer.

Este sigue mirando al baso, da un largo suspiro y por fin habla. “Si, puedes irte.”

Si hubiera sido cualquier otro de su equipo le habría dado igual, pero era Peyton, en el fondo dos chavales que habían sido forzados a entrar en el negocio, el problema es que a él le había venido de familia, pero Peyton no tenía porque estar en su equipo, no, él se había encaprichado, ella era suya.

Pero para desgracia del muchacho, sin darse cuenta, él también le pertenecía a ella.





Estoy sentada en la cama del cuarto que me han asignado, si así se le puede llamar. Ahora es cuando me arrepiento de haber apartado a mi pasado de mi, si no, ahora alguien estaría buscando, algo que aprendí con Justin es que nadie es imprescindible en su mundo excepto él. Un recuerdo llega a mi mente. El día que le di la espalda a mi madre. O a la que fingía ser mi madre.

Solo hace una semana que desaparecí. Entro por la puerta de la que era mi casa. Charlotte está desayunando tan tranquila.

Cuando me ve se queda sorprendida, muy sorprendida.
“Pensé que no volvería.” La miro con una trémula sonrisa.

“Bueno, simplemente vine a decirte que nunca más volverás a saber de mi. Se que nunca debí estar en tu camino, que ni siquiera eres mi pariente de sangre, simplemente eres la viuda de mi tío, bueno de mi padre.” Su cara cambia.

Aún recuerdo como me enteré de la historia. Mi tía le recriminaba a mi tío que hubiera dejado a mi madre embarazada un año después de haberse casado. Mi tía me odiaba ya entonces. Pero más aún cuando mi tío murió de un infarto y ella tuvo que hacerse cargo, sola, del bastardo, es decir, yo. Todo empeoró cuando comencé a darle problemas.

“Solo quiero que sepas que no te guardo rencor, pero que no estuvo bien que pagaras conmigo los errores de mis padres.” Hice un pausa, aquello resultó doloroso. “Pero aunque no lo creas yo si te consideré una madre.”

Y me fui.


Aquel recuerdo me acompaña esa noche en mis sueños.


Llevo un par de meses jugando con Coralie, ella piensa que no se que en cuanto yo me haga con el poder de Justin ella me matará, por eso he sido lo suficientemente lista de aliarme con sus hombres, ellos al ver que mi plan tenía más salidas se pasaron a mi bando. Los cimientos de esta pandilla eran débiles, no era como la Mafia, no, esa gente se limitaba a ir con el que más poder tenía.

Los días pasaban, el plan estaba meticulosamente trazado, nada podía fallar. Excepto yo.


Me encontraba en el baño, aquello no me podía estar pasando. Positivo. Mierda. Estaba embarazada.


Simplemente estábamos a dos horas de asaltar la casa de Justin, su fortaleza, teníamos a gente infiltrada, entre ellos a Mathia y Brianna.

No me podía echar a tras. Pero algo en mi interior cambió, ahora no solo era yo, había un vástago en mi. No me importaba demasiado. Pero un vocecita que había conseguido mantener apartada de mi mente me recordaba que él no tenía la culpa.

Estaba en mi puesto. Con las dos pistolas cargadas. Cuando alguien por la espalda me golpeó en la cabeza con la culata del arma, pude ver su cara justo antes de irme. Coralie.

El estruendo me despertó, estaba tirada en el césped, simplemente debía llevar unos minutos inconsciente. Me asomé, vi como sacaban a Justin por la puerta a punta de pistola. Quien apuntaba era Colarie.

Me las ingenié para rodear la casa y entrar por la entrada secreta que se reservaba para usarla en caso de emergencia.

La casa estaba desierta, todos estaba delante de la puerta viendo como Coralie iba a matar a Justin.

Yo ya estaba detrás de ella. “Coralie suelta el arma, esto se ha acabado.”

Y el disparo resonó en mis oídos.




Siento que no sea más largo, pero bueno así salió, gracias a Dios me llegó algo de inspiración, espero que todos los detalles y los nuevos descubrimientos compensen su poca extensión. Un beso y ya sabes sígueme en @_justprincess y pide el siguiente. Subiré lo antes que las clases me lo permitan. 


-Soo


jueves, 19 de septiembre de 2013

The Key Trailer.


The Key 9

Capítulo 9

~Un bálsamo para mi desesperación.

A la mañana siguiente me desperté con una nueva idea, Justin sabía desde el principio que yo tenía la llave, me había usado, había usado a Drew, nos estaba usando, el sabía que yo me iba a despertar, Justin si no hubiera querido que yo reaccionara no habría hecho el trabajo sucio delante mío, el quería que yo lo confesara para tener una excusa para ir contra mi.

Mi cabeza iba a de un lado a otro pero todo me llevaba a que mis sospechas eran correctas. Llegué a la conclusión de que era mejor esperar a que Drew se despertara fue entonces cuando mi vista, que antes había estado fija en las motas de polvo que se veían en el rayito de sol que iluminaba una sección de la cama, pasó a fijarse en ese chico rubio, con esos ojos celestes que ahora se mostraban ocultos, era dulce, sexy, era una explosión de sensaciones, pequeños moratones adoraban su cara de niño pequeño, los dos estábamos jodidos, no teníamos familia, tenía que luchar por mis compañeros, pero sinceramente ni de ellos me fiaba, me necesitaban, eso lo sabía, pero ¿podía confiar en ellos? En este mundo no valen los lazos de amistad lo que te da el control es el poder.

Drew comenzó a despertarse. “Buenos días.” Se refregó los ojos, inmediatamente una mueca de dolor atravesó su cara, se había olvidado de sus heridas. “Ten cuidado rubiales que estamos jodidos.”

Yo no sabía el que pero algo en mi interior me decía que debía protegerlo, que debía mantenerlo a salvo.

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Seis meses después

Seguíamos a las órdenes de Justin, este me mandaba las misiones más jodidamente repulsivas, quería que lo dejara, que le fuera suplicando clemencia, quería la llave.

Me estaba preparando, hoy tenía una reunión con él, Justin pensaba que poniéndome las misiones más difíciles me estaba haciendo daño, pero había llegado un punto en el que mi fama era tan grande que la Mafia de la Llave se asociaba con mi nombre no con el suyo. Él se había dado cuenta y hoy iba a ponerle remedio.

Mi vestido de tubo negro se ceñía a mi cuerpo bien tonificado por el deporte y el entrenamiento, mi pelo lucia suelto, en grandes rizos que caían en cascada hasta mi cintura, mis ojos estaba enmarcados en un maquillaje muy dramático en tonos negros y mis labios lucían rojos a juego con mis zapatos.

Comencé a conducir por las calles de Chicago, ya pasaba de la media noche.

Yo iba segura, sabía lo que iba a decir, sabía lo que iba a pasar, mientras Justin se había pasado los meses intentando hacer mi vida imposible yo lo había estudiado. Sabía sus reacciones, conocía sus estrategias y lo más importante aprendí a conocer sus pensamientos.

La pistola iba oculta bajo mi chaquetón negro, mi paso era decidido, conocía este lugar, era donde Justin traía a la gente importante, donde los tenía rodeados para que no pudieran escapar de su red.

No me hizo falta esperar un matón salió a mi encuentro. Drake. Le sonreí. En su cara vi que se había dado cuenta de que ya no era la Peyton perdida que conoció si no la Peyton mafiosa. La Peyton despiadada que Justin quería manejar a su antojo, con una pega Justin no me manejaba.

Entré, era la primera vez que iba a ver a Justin desde que pasó el altercado en la playa.

¿Nerviosa? No.

¿Temerosa? Tampoco.

¿Impaciente? Si y mucho.

En la gran sala aún no había nadie, solo yo, Drake me había dejado sola en cuanto pasé la puerta. Como Pedro por su casa, saqué mi abrigo y lo puse en el perchero, consciente de que ahí dejaba una de las armas más poderosas que poseía. Pero no era idiota, no estaba desprotegida.

Comenzó a entrar gente por una puerta, se encontraba a un lateral de la rectangular sala, eran todo hombres trajeados, alguno me miraba de arriba a bajo, mi pose era segura y sexy, pensada y estudiada para distraer, se fueron poniendo en formación formando un semicírculo detrás del gran escritorio que se encontraba enfrente de mi.

Entonces apareció, con sus andares, ajustando su atuendo, sin mirarme, Chico listo, una sonrisa irónica se formó en mi boca, produciendo algún que otro susurro entre aquellos hombres, Justin se sentó en su gran sillón. Juntó sus manos por delante de el, entrelazando sus dedos.

“¿Peyton sabes por qué estás aquí?” Su tono era frío, el ya había cumplido los 20, solo habían pasado meses, pero se veía diferente, yo no era la más indicada, ya que ahora mismo estaba en una sala repleta de hombres armados y no tenía miedo, pero algo había pasado. “No, Lord, ¿Por qué me necesita?” Utilicé la voz más formal que encontré. Su expresión se descompuso, el daba por hecho que yo lo sabía y ahora él no tenía ni idea si yo lo decía enserio o era para hacerme la inocente, la verdad no tenía ni idea, yo pensé que esto sería una llamada de atención.

“Bueno como ya sabrás eres nuestra mejor Soldato, pero visto tus avances creo que es hora de que ocupes un puesto, más importante.” Hizo una pausa. “A mi lado, quiero que seas el *Sottocapo.” Sus palabras quedaron grabadas en mi. ¿Ahora quería tenerme cerca? No lo entendía.

“¿Por qué me quieres tener cerca?” Había desmontado todo lo que tenía previsto. O quizás no del todo. Una idea asomaba en mi cabeza y el estaba apunto de confirmarla.

“No te voy a engañar Peyton, te has hecho poderosa, pero aún me necesitas...” Lo corté. “Y tu me necesitas a mi.” Él sonrió, de esa manera tan suya. “Si Peyton, te necesito.” Sus ojos se clavaron en mi, intensos, intentando confundirme, procurando que yo me lo tomara por un lado equivocado.

“¿Cual es mi misión?” Una carcajada salió de sus labios haciendo que los demás hombres también rieran, pero el rápido los calló levantando un dedo en alto. “Pequeña, ahora ya no tienes misiones.”

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Justin después de presentarme a los hombres los mandó salir de la estancia.

“¿Es cierto que ahora te acuestas con Drew?” No iba a contestar. “Sabes perfectamente que sigues siendo mía, sabes que hasta que no te folle no te sentirás limpia del todo, sin mi, las manos de esos hombres siempre estarán en ti...” Lo corté no iba a permitir que se metiera en mi cabeza.

*Sottocapo: Subjefe, sustituye al Don ,The Lord, en caso de que este esté incapacitado.

No, aún no ha pasado nada.” Reí irónicamente. “Tampoco es algo de lo que debas preocuparte ¿verdad? Uno más o uno menos en mi lista no importa.” Una carcajada salió de mis labios. Pero el estaba enfadado, rápidamente se abalanzó contra mi, me cogió por los hombros y me empujó hasta que me di con el escritorio en el culo. “Eres mía, si ese canalla te toca...”

¿Qué? ¿Le vas a dar otra paliza?¿Le vas a pegar como me pegaste a mi? Sabes que no te voy a dar la puta llave hasta que no sepa para que sirve ni porque es tan valiosa.” Lo miré a los ojos desafiante, no iba a ceder, ¿o si? Algo en su cara cambió, antes de poder analizarlo sus labios ya devoraban los míos que inexplicablemente lo seguían.

Deseo, eso era lo que había visto en su cara. Había estado tan centrada en las acciones calculadas que no había pensado en las necesidades y acciones espontáneas.

Me sentó sobre el alto escritorio, con sus manos fue subiendo el vestido por mis muslos hasta dejar mis nalgas expuestas, llevaba un fino tanga negro, se colocó entre mis piernas ya abiertas, deseosa, desesperada, necesitada, pero me controlé dejé que el me llevara, no me dejé llevar totalmente por la lujuria.

Te quiero follar, aquí y ahora.” Y no hizo falta más.

A la media hora ya me encontraba saliendo de la nave, perfectamente arreglada, con un poco de color en mis labios algo hinchados y en mis mejillas.

Cogí el coche y conducí al apartamento de Drew.

Llamé frenética, ahora era yo, la que quería follar, allí y en aquel instante.

La puerta se abrió, Drew no tuvo tiempo de sorprenderse, me abalancé sobre sus labios, no había tiempo, dejé caer el chaquetón dejando ver mi desnudez, si después de ver a Justin le dejé de regalo mi ropa, Drew lucía sus pantalones de pijama, rápidamente nos convertimos en piel y carne ardiente y deseosa.

Se que te lo acababas de follar.” Yo estaba apoyada sobre su pecho en la gran cama de su dormitorio. Lo miré, la duda estaba presente en mi rostro. “Podría detectar su colonia a metros de distancia y tu piel apestaba a él.”

Lo siento.” No debía haber ido, había estado mal, pero no iba a dejar que eso me afectara. “Siento que hayas tenido que ser el segundo plato.”

Y con toda la frialdad del mundo me puse el chaquetón y los tacones y salí con la cabeza bien alta.

No entendía nada de lo que pasaba en mi cabeza de niña loca, solo sabía que Justin me daba fuego y Drew era un bálsamo, pero, ¿qué necesitaba? Yo estaba demasiado nerviosa, frenética y dudosa, la duda se veía en grande letras de Neón en mi cerebro.

Aceleré, más. Un coche me seguía, ya no había tiempo para pensar, necesitaba despistarlo, llevaba conduciendo desde los 16 y haciendo locuras con el coche desde los 14, pero estos eran profesionales, ninguno de mis trucos les afectaban, estaban ganando terreno, su coche era más potente que el mío, eran profesionales, le di al botón de llamada, justo en ese instante el coche se puso a mi altura, dio un volantazo, empujó mi coche.

Alguien cogió el teléfono en el momento en el que ese todoterreno volvía a empujarme fuera de la carretera.

Peyton¿qué pasa?” Justo entonces perdí el control del coche. Solo pude gritar una palabra.


Justin.


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Gracias por leer! Espero que mis fantasmas me manden un tweet a @_justprincess o que me dejen un comentario ahí abajo ya que puedes comentar sin tener cuenta. 

Espero que os haya gustado e intentaré subir lo antes posible pero ya han empezado las clases y 1º de Bachiller ya no es ninguna broma. Yo prometo seguir subiendo una vez cada 7 o 9 días. 

Un beso.


~Soo

sábado, 14 de septiembre de 2013

The Key 8

Capítulo 8

~Ma fia.

La cara de Justin era indescifrable, debería estar roja de furia pero no era así, estaba calculando. Era su cara de póquer, era su cara de Lord.

Soltó a Drew que calló inconsciente al suelo. Me precipité hacia Drew, estaba inconsciente, guardé mi pistola en la cinturilla de mis bragas.

La sangre embadurnaba su rostro, no sabía si debía moverlo, pero Justin sabía donde pegar sin hacer daños irreparables así que tomé la decisión de arrastrarlo al baño. Lo cogí por debajo de sus brazos. Pesaba mucho, miré a Justin suplicante pero este ya no se encontraba en la estancia.

Unas lágrimas de impotencia se deslizaban por mis mejillas, pero debía ser fuerte, por Drew por toda esta gente que se veía obligada a soportar los caprichos de Justin.

“Ei Drew espero que todo lo que peses sea en músculo porque si es en grasa ya no te quiero.” Una triste broma que en realidad tenía el propósito de animarme a mi. Metro a metro, centímetro a centímetro, milímetro a milímetro conseguí llevar a Drew hasta el plato de la ducha.

Intenté regular el agua para que saliera tibia pero lo que conseguí es mandarle un chorro en toda la cara de agua helada que lo hizo agitarse.

Sus ojos se abrieron de golpe. El terror al verme era evidente.

“Tranquilo Drew no voy a hacerte daño.” Intenté acariciar su cara pero su mano cogió mi muñeca con violencia. “Debes escapar Peyton, no puedes quedarte aquí.” La histeria estaba en su voz. “Drew no os voy a abandonar ¿de acuerdo?” Se limitó a darme un asentimiento. “Ahora te voy a limpiar y curar.”

Con cuidado comencé a limpiar ,con la alcachofa de la ducha en un modo suave, mi mano izquierda intentaba sacar la sangre de su cara. Tenía toda la ropa manchada.

'Venga Peyton no es momento de remilgos.'

Llevaba una camiseta, no veía forma de sacársela sin hacerle daño. Una idea loca apreció por mi cabeza. Pero cuanto más miraba la forma de hacer aquel trabajo más apetecible se me hacía.

Lo tuve claro. Cogí las tijeras de costurero que Justin guardaba para darse retoques en su peinado y comencé a cortar la camiseta. Tantos capítulos de Anatomía de Grey tenían que servir para algo.

Sus incipientes músculos quedaron a mi vista. Pero no era el momento de admirarlo. Miré con atención su cuerpo, no vi magulladuras, comencé a tocar sus costados con cuidado, prestando atención a la expresión de su cara para ver si le dolía. Nada.

En sus brazos tenía algunas marcas de dedos del forcejeo. Curé con cuidado todas las heridas sangrantes y apliqué crema contra los moratones en los lugares sin herida.

“¿Drew?” Se revolvió contra la pared de la ducha. Cogí su mano y la apreté. “Venga Drew necesito que me ayudes a llevarte a tu cuarto.”

Sus ojos se abrieron, al principio parecía que no veían pero a lo largo de un par de minutos su mirada se normalizó.
Con mi ayuda logró ponerse de pie. Apoyado en mi comenzamos a caminar fuera de la suite de Justin, este seguía sin aparecer, al pasar por la cama vi mi ropa preparada, me llevaba a algún lugar.

Conseguí llevar a Drew. Me hizo prometerle que luego volvería. Parecía mentira, acaba de salvarle la vida y el se seguía preocupado por mi , por mi seguridad y por la supervivencia de sus amigos que dependía de mi.

Con miedo entré en la suite, Justin estaba en una butaca vestido con una pantalón blanco de lino y una camisa blanca sin meter por dentro del pantalón. Instintivamente llevé mi mano a la pistola.

“Venga Peyton deja de jugar a los super héroes y vístete.” Apoyó su cabeza en la mano. Y me dirigió una sonrisa muy relajada. Demasiado. Fingía. “Si.”

En el cuarto un vestido ibicenco me esperaba. Una chaqueta blanca y unas bailarinas complementaban el conjunto.

Con deliberada lentitud me vestí. Mi pelo estaba rizo, no necesitaba nada más que pasarle los dedos para desenredarlo.

Salí a regañadientes del cuarto. Justin esperaba delante de la puerta.

“Venga.” Me ofreció su brazo en jarra para que pasara el mío y por educación , además de por la curiosidad que me invadía, lo hice.

Nos condujo por el hotel hasta la puerta de salida, pero ningún vehículo nos esperaba. Comenzamos a caminar por las calles de Sicilia.

Justin tenía en su cara una expresión de relajación absoluta, demasiado forzada para ser verdad, pero yo sabía como era una buena cara de póquer.

No dejé de mirarlo en ningún momento, hasta que me sobresaltó al soltar mi brazo y agacharse, entonces lo vi. Habíamos llegado a una pequeña playa. Él se sacó sus zapatos y acto después cogió mi tobillos derecho y sacó una de las bailarinas para después hacer lo mismo con el otro pie. Me entregó las bailarinas y yo las cogí con mi mano derecha. Justin esta vez entrelazó mis dedos con los suyos.

“¿Enserio te vas a comportar como mi novio después de que te apuntara con una pistola?” El simplemente sonrió con esa sonrisa de superioridad que el tenía y cambió de tema.

“Te voy a contar una historia.” No me lo podía creer. Mi grado de exasperación estaba en niveles nunca vistos. “Eres increíble.”

“Mira cuando Napoleón dominaba Sicilia sus soldados tenían una costumbre algo peculiar. Se dedicaban a venir aquí a coger chicas para violarlas o hacerlas sus esposas, por desgracia la mayoría eran usadas, no solían superar los primeros días, se desangraban, creo que te puedes hacer una idea de por que.” Tragué duro al pensar en esas chicas, pero algo en mi interior me decía que yo no era tan distinta, una chica elegida al azar, sin familia, se la llevan y un hombre la folla hasta perder el sentido, aunque yo hasta entonces no había puesto ninguna pega. Justin tiró de mi, me había quedado de piedra en el sitió pero su tirón me obligó a caminar. “Bueno, sigamos, un día uno de esos soldados eligió a la chiquilla equivocada, su madre era un guerrera, cuando el soldado se la llevaba ella salió detrás y comenzó a gritar 'Ma fia' ,que significa Mi hija en el dialecto siciliano, la gente al ver a la mujer desesperada se unió y la ayudaron, fue entonces cuando se dieron cuenta de lo poderosos que podían llegar a ser si se unían, la Mafia fue creada con fine bueno, puros, pero poco a poco el poder nos fue corrompiendo hasta convertirlo en algo malo, depravado, todos somos iguales Peyton,yo no soy tan malo como tu piensas...”Mi instinto me decía que algo malo iba a suceder. Mis dedos se aflojaron alrededor de los de Justin. “Peyton, dime donde tienes la llave.” Y comencé a correr para salvar mi pellejo.

La arena me hacía ir más lenta, era densa, notaba a Justin detrás de mi, tiró de mi vestido haciendo que yo cayera de culo, intenté gatear lo justo para ponerme a salvo pero Justin me giró con brutalidad , se sentó encima mío, aprisionando mi cuerpo bajo el suyo, sus manos rodeaban mis muñecas apretándolas contra la arena.

El muro de contención de ira se había ido. Sus dedos apretaban cada vez más mis muñecas.

“Peyton dime donde está la llave.” Yo no iba a ceder, así que no dije nada, simplemente actué, le escupí en toda la cara, haciendo que tuviera que soltar una de mis manos para limpiarse, estaba soltando una retaila de tacos hacia mi, pero yo solo me concentraba en darle lo más fuerte que podía con mi mano libre, cogí impulso y estrellé mi mano derecha contra un costado de su mandíbula quitándomelo de encima. Salí corriendo, pero me costaba mucho.

Sabía de sobra que Justin me seguía de cerca y que pronto me alcanzaría. Necesitaba algo, íbamos a luchar y alguno de los dos iba acabar mal parado.

Miré a mi alrededor, pero no parecía haber nada útil, Justin llegó a mi altura y estampó su gran puño en mi cara, perdí el equilibrio y caí al suelo sin poder evitarlo, entonces mi mano dio con una roca, que cuando Justo hubo estado a mi altura estampé en su cabeza, haciendo que quedara inconsciente en la arena, no sabía donde estaba, pero si sabía que tenía que salir de allí.


Eché a anda todo lo rápido que la arena me permitió hasta llegar a calles ya más conocidas, me fui orientando, entré en un bar donde pregunté la dirección del Hotel , tuve suerte y una chica que se encontraba tomando un café sabía inglés y me ayudó a hacerme entender. Dos horas después fui capaz de llegar a la habitación de Drew donde este se encontraba reunido con Brianna y Mathia.

La exclamación y la cara de horror que pusieron al verme confirmó que mi aspecto era espantoso. “¿Tan mal estoy?” Intenté decirlo con humor para sacar hierro al asunto pero no funcionó. “¿Te lo ha hecho él?” Brianna lo dijo con cara de espanto mientras se acercaba a mirar detenidamente mi cara, yo me limité a asentir, las emociones me inundaron, Justin una persona en la que confiaba, una persona por la que lo había dejado todo de la noche a la mañana se había convertido en mi mayor enemigo. Fui fuerte y no derramé una lágrima. Ellos tres hablaban y debatían, pero yo no los escuchaba. “¿Dónde voy a dormir?” Mi voz sonó tan rota que sus caras de descompusieron. Drew se levantó, me ofreció su mano pero no la cogí, envolví mis brazos a mi alrededor en un tierno abrazo reconfortante a mi misma. Lo seguí por tu suite hasta entrar a una habitación casi idéntica a la de Justin.”Es mi cama, si lo prefieres puedo dormir en el sofá.” Me horroricé, Justin le había dado una buena paliza, ni yo sabía como era capaz de caminar y me ofrecía su cama. “No te preocupes, está bien, espero o darte muchas patadas.” Sonreí como pude y el hizo lo mismo, tiró en mi dirección una sudadera de verano suya, comencé a sacar mi vestido, miré a Drew extrañada al ver lo rojo que estaba, entonces me percaté que él no era Justin. “Oh perdón, la costumbre.” Pero ya estaba solo en ropa interior me giré para sacar mi sujetador y colocar la sudadera. El vestía unos pantalones de pijama normales que caían demasiado sexy sobre sus caderas dejándome ver su uve.

Fui al baño y entonces comprendí porque me miraban de aquella manera, era normal. Un gran moratón rojizo cubría toda mi mejilla. Le eché agua fría y recé porque mañana estuviera de un color más fácil para cubrir.

Al entrar en el cuarto Drew ya estaba tumbado en la cama, una rendija de luz de la luna se colaba entre los dos cortinones dejándome ver su torso descubierto. Me tumbé al otro lado de la cama, mirando al techo.

“Gracias Peyton.” Sus palabras me sorprendieron. “¿Por qué?” Estaba confusa. “Por desafiar al mayor canalla de este mundo por mi.”

“De nada, supongo.” Una risa se formó en mis labios. “Teníais razón.”


Yo tenía la llave, yo tenía la solución.  

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Capítulo dedicado a Judtih porque gracias a ella Justin tuvo una historia que contarle  Peyton. Si alguna parte de la historia de donde viene la Mafia es incorrecta las dos lo sentimos. Así es como le contaron a ella la historia y así es como os la cuento yo a vosotros.

Ya sabes si quieres que te avise un tweet a @_justprincess.

Un beso. Gracias por leer. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

The Key 7



~Debes ser despiadada.

Ahora o nunca.

Una puerta, mi nueva vida.

Era lo que debía hacer. Abrir esa puerta. Mi nueva vida estaba ahí.

Solo debía abrirla y hacer mi trabajo.

Mi nuevo trabajo.

Mi nueva forma de vida.

Ataviada solo con un abrigo que ocultaba un conjunto similar al que había llevado con Justin hacía unas horas.

Esperaba la orden.

Justin.

¿Por qué yo?

¿Mathia?

¿Era una coincidencia que Drew me hubiera entregado la llave?

¿Me conocía?

Peyton no es momento para tus preguntas, céntrate.

La pareja entrando al otro cuarto.

La señal.

Imaginé que debía seducir a Justin, como hacía unas horas.

Cerré los ojos y inspiré. Podía olerlo en mi piel. O eso me parecía.

Fijé mi mirada al frente.

Segura.

Sexy.

Y abrí la puerta.

“Oh mi putilla ya ha llegado.” El presidente de Siria.

“Si presidente, ya he llegado, lista para complacerle.” Me acerqué con paso seguro y detallado, moviéndome lenta y sensualmente. “Alguien ha encargado un pack de servicios especial para usted, si me lo permite.”

La palabras salieron a borbotones de su boca mientras dejaba caer el abrigo a mis pies.

Comencé a acercarme a él, estaba sentado en una butaca. Me puse a horcajadas sobre él.

Mis labios comenzaron a depositar húmedos besos en su cuello.

Justin ya lo había avisado de que parara pero el no cumplió, ahora era mi trabajo.

Antes de que pestañeara saqué de mi bota de cuero que me llegaba hasta el muslo la jeringuilla e introduje una burbuja de aire en la abultada vena de su cuello. En poco tiempo ese aire llegaría a su corazón.

Debía ser despiadada.

Y mientras el se desvanecía en mis brazos puse mis labios en su oreja.

“Un regalo de Lord, dulces sueños presidente.”

Rápidamente puse la reproducción de sonidos sexuales. Mientras lo trasladé como Brianna me había enseñado hasta la cama. Lo desvestí y lo envolví entre las sábanas.

Una hora y una copa de whisky después me coloqué el abrigo mientras la reproducción llegaba a su fin. La recogí. Igual que la jeringuilla.

Cuanto puede caber en unas botas de cuero ¿verdad?

Me sorprendí a mi misma pensando en algo tan trivial como eso. '¡Por dios Pyeton!Acabas de matar a un hombre.' Una reprimenda a mi misma. Pero no me sentía mal. Era raro. Podría haber vivido sin hacerlo. Pero no sentía arrepentimiento alguno. La sensación hasta era buena.

Dejé mis dilemas morales para otro momento, coloqué mi gabardina por encima de mi cuerpo tapando mi semi desnudez y me dispuse a salir.

Salí por la puerta y su seguridad estaba allí.

“Está durmiendo como un bebé.” Les guiñé un ojo. Me dirigí al ascensor. Lo último que vi cuando se cerraron las puertas fue a los matones intentando alcanzarme. Paré en el primer piso. En la habitación 22 me esperaba Justin, solo Justin.

Me iba a limpiar.

Entré por la puerta precipitadamente, sabía donde buscar. Me deshice de la ropa por el camino. Hasta que llegué al dormitorio donde Justin aguardaba de pie mirando la puerta de este, una sonrisa de satisfacción acompañada de una expresión de superioridad me dieron la bienvenida.

Antes de que articulara palabra me lancé sobre el.

Cuando acabó de limpiarme de las manos de aquel hombre dejó que llorara desconsoladamente sobre su pecho hasta que caí en la inconsciencia donde no había muerte solo Justin y yo.

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“Ei Peyton un trabajo impecable para ser el primero.” Brianna me apremió mientras me entregaba una taza de café.

Estábamos en el avión rumbo a Sicilia, allí acabaría mi formación.

“Gracias, no fue tan malo.”

“¿Entonces por qué pasaste la noche llorando?”

“Por no sentirme mal después de haberlo matado.”

“Justin esta chica vale.” Este apartó un segundo la mirada del periódico para dedicarnos una sonrisa. “Yo me pasé una semana llorando por ser una asesina hasta que lo entendí.”

Sabía que la conversación había terminado, no quería preguntarle el que entendió, no me apetecía, yo ya lo había entendido a mi manera.

Me senté en frente de Justin, la taza estaba aprisionada entre mis dos manos mientras observaba por la ventanilla.

“Ten cuidado o la romperás.” La voz de Justin me sacó de mis pensamientos. Se estaba burlando de mi. “No tengo tanta fuerza.” Reproché. No entendía a que venía la burla. “Normal ayer agotaste tus fuerzas conmigo.” Tanta cosa solo para hacer una broma de sexo, en el fondo tenía 19 años.

Le dediqué una sonrisa forzada, volví a mis pensamientos y lo ignoré. Debía averiguar más cosas. Tenía que ganarme un nombre.

¿Por qué me habían elegido a mi?

Porque no tienes a nadie.

Buena respuesta, pero tenía miles de preguntas y ninguna podía ser formulada.

“Quiero hablar con Drew.”

“¿Por qué?” Justin escupió las palabras.

“Simplemente tráemelo.” Su ceja se enarcó, lo estaba enfadando.”Merezco un premio y explicaciones. Te recuerdo que se me secuestró y desde entonces he estado siendo obediente y acatando las órdenes.”

“De acuerdo.”

“No Justin.” Brianna lo dije en forma de ruego.

“He dicho que si y no hay nada más que hablar. Brianna no quieres volver a tu casa ¿verdad?

“No Lord, lo siento Lord.” Y como si nunca hubiera estaba presente se hundió en su asiento.

“En Sicilia Peyton dormirá en mi habitación, debo planificar cosas con ella.”

“De acuerdo Lord.” No solo lo dije yo, si no que fue un susurro expulsado por todos los ocupantes de la sala.

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En cuanto llegamos a allí se me permitió hablar con Drew.
“Tengo muchas preguntas.” Comenzamos a caminar a paso lento por la calle.

“Pues comienza no nos darán mucho tiempo.” Estaba tan relajado, ya no quedaban rastros de los golpes. Que guapo era.

“¿Tu antes de vernos en el backstage ya me conocías?”

“Si, Mathia te había seleccionado, la otra parecía buena pero era muy débil.”

“¿Por qué yo?” Formulé la pregunta a sabiendas de que pensaba que sabía la respuesta pero no era así.

“Dabas la talla.” Debía ser una broma, pero entonces recordé las palabras de Brianna durante el entrenamiento.

“Brianna dice que soy poderosa.”

“Lo eres. Justin te va a llegar a ver como una amenaza, Brianna te va a entrenar para que lo superes.” En sus ojos se veía la expectación, la esperanza.

“¿Es como una especie de complot contra Justin?” Se suponía que le debían ser fieles ¿no?

“Si, igual que él solo te está dando 'amor' para que confíes en el.”

Me quedé paralizada en medio del puente por donde pasábamos. Solo me usaba, yo ya lo sabía pero... que idiota.

Tragué duro. “¿Debo usar yo eso en su contra?”

“Si, aunque parezca mentira en el fondo es un chico de 19 años al que le gustas. Nunca a tenido una relación por lo que lo volverás estúpido y por consecuencia vulnerable.”

Entonces apareció Brianna.

“Ei nuestra joya de la corona.”

“¿Qué haces aquí Brianna?” Drew estaba nervioso y comenzó a observar a su alrededor.

“Me han mandado para llevaros de vuelta a casa, Mathia está allí.” Con su mano señaló a Mathia a unos cuantos metros de nosotros. “No hay peligro.”

“Brianna.” Comencé la frase sin saberlo, la pregunta en mi cabeza exigía ser respondida. “¿Justin hizo contigo lo mismo que está haciendo conmigo?

“Más o menos.” Puso cara dudosa. Sus cejas se unieron. “Tu le gustas, yo no le gustaba.”

“¿Qué es la llave?”
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Nuestro cuarto en Sicilia era idílico, todo era blanco y esponjoso.

Me dejé caer de espaldas en la cama.

“Puedes dormir.” Lo miré con ojos preocupados.

“Voy a ducharme luego me uniré a ti.”

Con mis pies me saqué las bailarinas que había usado para el viaje, con un hábil movimiento me deshice de la camiseta y con un poco más de esfuerzo de los pantalones cortos.

Cogí una fina manta que había a los pies de la cama y me tapé dejando un trozo para Justin.

Me dispuse a pensar en todo lo que había descubierto esa misma tarde. Tenía instrucciones muy específicas de como llevar esta relación. En el fondo no quería, pero sentía que hacía bien.

Lo que empezaba a sentir por Justin se interponía entre lo que debía hacer.

No podía defraudar a tanta gente, después de saber todo lo que había hecho sentía que yo iba a ser la nueva justiciera, como él lo había sido.

Pero el se corrompió, el también pensó que podía cambiar el mundo y míralo. Tú acabarás igual.

Tenía razón pero ya vendría alguien detrás que me hiciera lo mismo que yo iba a hacerle a él.

Justin al rato salió del baño interrumpiendo mis pensamientos vestías sus típicos pantalones de pijama de seda y tumbándose a mi lado debajo de la fina manta me arrimó a él. Yo instintivamente me puse de espaldas sabiendo la postura que el quería adoptar. Automáticamente el me rodeó por detrás. Sus brazos me acunaban. Mi cuerpo encajaba en el suyo a la perfección, besó mi coronilla para luego apoyar en ella la barbilla.

Cuando estaba al borde del sueño y de la realidad unos violentos golpes me pusieron alerta. Justin no estaba.

Impulsivamente rebusqué en mi bolsa de viaje buscando mi pistola, Justin había insistido. Me alegré de que lo hiciera.

Con sigilo, como había sido adiestrada me moví por la habitación.

Entonces lo que vi me heló la sangre.

Justin sacudía violentamente a Drew contra el suelo, la cabeza de este rebotaba como si fuera un pelele.

'¿Por qué?'

Rápidamente mi pregunta fue contestada por él mismo.

“Como la llave no aparezca te juro que termino contigo.” Estaba realmente furioso.

Por lo que le decía supuse que se acaba de enterar de que Drew había ocultado la llave.

Drew se movía intentando girar sobre si mismo para poder arrastrarse a un inexistente lugar seguro. Justin puso su pie calzado con unos zapatos de vestir sobre el.

Antes no me había fijado pero Justin estaba vestido con uno de sus impecables trajes.

Este levantó a Drew del suelo, estaba dispuesto a asestarle otra tanda de golpes.

Sabía que no debía intervenir, pero debía.

“Para.” El grito salió en cuanto mi cuerpo decidió moverse para apuntar a Justin con la pistola.

“Peyton baja el arma, te ves ridícula.” Escupió las palabras.

'Oh Justin si supieras que eso no me desanima, si no que es todo lo contrario.'

Me gustas cuando te pones peleona.

Por una vez mi voz interior decía algo bueno para mi.

Una sonrisa se formó en mis labios, mientras me posicionaba mejor.

“Déjalo, el no sabe donde está la llave.”

La cara de Justin se descompuso.

“El no lo sabe porque la llave la tengo yo.”

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lunes, 2 de septiembre de 2013

The Key 6

~Debes ser fuerte.

Después de darme cuenta de que no iba a poder dormir fui en busca de alguien que me administrara un relajante muscular para conseguirlo.

No se cuantas horas llegué a dormir pero fueron las suficientes para sentirme como nueva. Una bandeja con mi desayuno favorito me esperaba. Los cereales de chocolate con yogur griego y una taza de café eran lo mejor.

Esa mañana mi ropa de deporte había sido sustituida por unos vaqueros negros, unas Doc Marten blancas y una camiseta básica blanca.

Me lavé los dientes y me cepillé el pelo después de una larga ducha. Aprisioné mi pelo aún mojado en una cola de caballo.

Hoy Mathia no se encontraba al lado de mi puerta, estaba un hombre trajeado que recordaba ver el día que me colé en el backstage.

“Soy Isaac.” Tendió la mano en mi dirección, se la di.

“Encantada.” Ya me había acostumbrado a no tener que presentarme.

Me llevó por los pasillos de la mansión hasta llegar a una gran habitación demasiado moderna, no iba con la decoración clásica de la mayoría de la casa aunque parándome a pensar mi habitación tampoco era clásica era más bien moderna.

Justin estaba inclinado sobre la mesa atendiendo a algo que Brianna le estaba explicando. Lo miré bien, iba con uno de sus trajes normales, negro, de tres piezas, ahora mismo no llevaba la chaqueta, la vi colgada en el perchero, aquel chaleco hacía que lo deseara. Todo él era demasiado sensual. Entonces vi a Brianna, tan guapa, con su pelo rubio, su sonrisa perfecta, hacían una pareja encantadora.

Igual lo son.

Y era verdad perfectamente podían ser pareja. Por la manera en la que ella lo miraba, los roces entre su piel. Pero por raro que parezca me daba igual. No había celos. Porque sabía que yo era de él.

La voz de Isaac irrumpió en la sala. “Explicadle a Peyton lo que debe hacer y acabemos con esto cuanto antes en dos días debemos estar en Siria.”

“Acércate Peyton y te explicaré todo lo que debes hacer.” Brianna extendió su mano en mi dirección. Justin con un elegante movimiento y un asentimiento de ánimo cuando pasé a su lado me dio la confianza que necesitaba.

Brianna me explicó todo el plan hasta los más mínimos detalles que me horrorizaron. Y sabía que eso no era nada en comparación con lo que iba a tener que llegar a hacer en algún momento de mi trabajo.

Tenía miedo. Se suponía que debía ser un arma de seducción, pero yo no sabía. ¿Cómo demonios debo seducir a ese hombre?

“Peyton ven conmigo.” Sus palabras me sobresaltaron tanto que me quedé de piedra. “Ahora.”
Lo seguí en silencio por todos los pasillos. Memorizando. Así podría volver en otro momento.

Abrió la puerta para mi.

Lo primero que vi fue la enorme cama de dosel. En su colcha blanca destacaba un conjunto de lencería muy sexy. Miré Justin confusa.

“Vas a seducirme.”

Creo que mi mandíbula tocó el suelo cuando esas palabras salieron pronunciadas de su boca.

Sus ojos mieles me decían que lo hiciera. Los intenté descifrar por un momento. Quería entenderlo. Y lo hice. Me estaba dando más con una mirada que con una palabra de ánimo. Con timidez me puse aquel conjunto ante sus atentos ojos. Era un sujetador de encaje negro, con un corsé, liguero y medias de seda. En el suelo vi unos tacones negros de ante con un tacón de aguja que daba miedo y no porque fuera muy alto si no por lo que Brianna me había enseñado a hacer con uno.

“Ahora quiero que me seduzcas.” Se sentó en una butaca de su cuarto.

Por un rato cerré los ojos. Puse un dedo delante mío antes de que hablara en señal de que necesitaba un minuto.

Mi mente empezó a repasar todas mis inseguridades y por una vez esa vocecita tan incordiosa me ayudó.

Enséñale a la tigresa del coche.

Mis ojos se abrieron de par en par. La seguridad me inundó. Con una mano en mi cintura y la otra colgando en mi costado, una sonrisa traviesa adornaba mi cara y fui caminando a paso lento moviendo ligeramente las caderas, suave, con deleite, los ojos de Justin me escrutaban, impasibles, pero eso no me desalentó, me supuso un desafío.

Lo miré intensamente. Seguí acercándome a paso lento hasta estar a su altura. Me paré justo delante suya. Lo miré desde arriba sin bajar la cara solo la mirada, con superioridad, con poder.

Pasé todo mi peso a mi pierna derecha torciendo la cadera. Con lentitud me senté a horcajadas sobre el. Coloqué con mimo ,pero al mismo tiempo con firmeza ,sus manos sobre mis caderas.

Sus ojos se derritieron, como el oro líquido. Me atrajo hacia a el con violencia y con sus labios selló los míos. Se separó para darme libre acceso a su cuello, bese con rudeza, firmeza y lentitud, cada parte de su cuello, haciéndolo gemir. Notando como su erección se formaba bajo mi sexo.

“Has aprendido muy rápido y muy bien.” Puso su mano entre mi pelo, enredando los dedos en mi cuero cabelludo, tiró de el con fuerza, me hizo mirarlo. “De ahora en adelante quiero que me imagines a mi en cada una de tus misiones.”

“Si, Lord.”

Sus labios volaron a mi boca. Me devoraron, me poseyeron, me folló la boca con su lengua. Agarró con fuerza mis muslos y me elevó con el. Caminó hacia la cama y me tiró allí, sin remilgos.

Deshizo el nudo de su corbata. Caminaba de un lado a otro, sacándose prendas. Primero la corbata. Luego el chaleco. Entonces empezó con los bonotes de su camisa.

“¿Puedo hacerlo yo Lord?”Mi voz sonó tan sumisa, tan suave.

“No, deberás ganarte esos deleites.” Me miró. Yo estaba en la misma posición en la que había caído. Mis piernas estaban abiertas ante el y yo me sostenía sobre mis codos para admirar el espectáculo.

Cuando ya solo llevaba una camiseta interior blanca se arrodilló encima de la cama entre mis piernas. Besando la parte interna de cada una de ellas hasta llegar al final de la pierna, hasta el borde del tanga de encaje.

“Ahora te voy a quitar el sujetador y el tanga pero te voy a dejar lo demás. Me pones mucho con esas prendas.”

“Es mi deber complacerlo, Lord.”

“Pequeña gatita, en la cama quiero que grites mi nombre. Quiero que toda la casa sepa que te estoy haciendo mía.” Tragué duro, el quería que lo tratara de una forma más cercana. Quería que follara con Justin no con mi jefe.

El estaba entre mis piernas de rodillas, era tan sexy, un par de mechones de pelos habían cedido y caían sobre su frente.

Puso su mano detrás de mi espalda elevándome un poco y con la otra desabrochó mi sujetador en un solo movimiento. Deslizó el sujetador por mis hombros y mis brazos hasta sacarlo. Su boca decidió torturar a uno de mis pezones, los gemidos surgían de mi garganta. Mis piernas lo atraían sobre mi, clavándole los tacones en ese magnífico culo.

Bajó las manos hasta las tiras del fino tanga y con un brusco tirón la fina tela cedió. Era suya. No cabía duda.

“Ahora me voy a desnudar, quiero que mientras lo hago te toques para mi según mis indicaciones.”

“Si.”

“Bien.” Se incorporó y se sentó en la silla que había en la pared de los pies de la cama. Su pelo brillaba con los últimos rayos de sol que se colaban entre los cortinones, haciendo que pareciera más un ángel que un demonio, un ángel caído. “Coloca una mano en tu sexo y con tu dedo índice busca tu clítoris y apriétalo mientras con la otra mano te pellizcas un pezón.” Lo hice y un gemido salió por mi boca, pero no aparté los ojos de el. Ya estaba casi desnudo, necesitaba a ese hombre sobre mi. Necesitaba que me dominara. Se sacó los boxers y mi mirada se dirigió a su miembro de un tamaño demasiado grande. Nunca había visto uno tan grande ni tan perfecto.”Pequeña gatita te va a entrar de un tirón, tu tranquila, se que tu coño desea que lo penetre.”

Se volvió a subir a la cama sobre sus rodillas hasta quedar encima mío. “Peyton ¿por qué te sigues tocando?”

“Tu no me ordenaste que parara.” Me miró con aprobación. “No esperaba menos de ti mi Peyton.”

Y con un movimiento de cadera su miembro estaba dentro mío. Un grito proveniente de mi boca inundó toda la habitación.

“Conmigo nunca vas a usar condón.” Dijo en mi oído mientras hacía un movimiento de vaivén con la cadera, moviéndose dentro de mi. “Pero con todos los demás si.”

Se introdujo en una envestida, dura. Para que esas palabras quedaran grabas en mi mente a fuego.

“Ahora no te puedo marcar. Quiero que vayas limpia para el presidente de Siria, pero en cuanto vuelvas te marcaré por donde me de la gana.”

Yo era todo gemidos, mis uñas arañaban a Justin, sentía cada músculo tensarse bajo mi tacto.

Estaba a punto de correrse, colocó su pulgar encima de mi clítoris apretando y llevándome al orgasmo con él.

Calló como un peso muerto a mi lado. En cuanto estuve recompuesta intenté levantarme para irme a mi cuarto.

“Quédate.” Su voz era ahora la sumisa. Era más un ruego que una orden. Recostándome de nuevo le di la espalda y tiré de su mano para que me envolviera con su cuerpo como sabía que a el le gustaba dormir.

Yo caí en una profunda inconsciencia donde soñé con la expresión de sus ojos que no se apartaban de los míos mientras derramaba su oro blanco líquido en mi.

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Espero que os haya gustado la pequeña maratón.

---> @_justprincess