~Ella es mía.
Puse una mano en mi boca en cuanto las
palabras salieron por mi boca. Los nudillos de Justin se pusieron
blancos al apretar el volante. Todo su cuerpo se tensó. No sabía
como iba a reaccionar. El airé salió entre cortadamente entre sus
dientes.
¿No eres capaz de callar la bocaza
de vez en cuando? ¿Eh Peyton?
Oh por dios,
cállate. El desdén en las palabras dirigidas hacía mi
subconsciente resonó en mi cabeza.
Había metido la
pata hasta el fondo. Justin que mie*rdas estarás pensando.
“Lo eres.” Su
voz resonó por todo el coche. No aflojó ni un músculo.
¿Lo soy? Ni yo
misma lo sabía. Quizás si.
“¿Me podrías
decir que hora es?” Necesitaba cambiar de tema.
Miró de reojo su
rolex. “Las doce y media.”
“Bueno pues tengo
que informarte de que te he mentido.” Lo dije tan insegura que sonó
casi como un susurro, pero lo había oído y no lo iba a dejar pasar.
“¿Cómo? ¿En
que me has mentido Peyton?” Notaba que se estaba enfadando más, si
cabía.
“En realidad
cuando lo dije era cierto, pero ahora ya no.” ¿Debía decirlo?
Igual era mejor estarse callada...
“Dilo.” Era una
orden.
“Tengo
dieciocho.” Mi mayoría de edad y estaba pasando los primeros
minutos encerrada en un coche con un hombre completamente desconocido
pero del que no me quería apartar. Un hombre que creía que me tenía
retenida contra mi voluntad, pero que en verdad me estaba dando una
vía de escape para poder empezar una nueva vida.
Justin estaba
intentando entender, no se hizo esperar mucho. “No sabía que hoy
era tu cumpleaños.”
“Pensé que tu lo
sabías todo de mi.” Era un reproché y no tenía ni la más remota
idea de porque me sentaba mal que no lo supiera.
“Tu fecha de
nacimiento era in-concluyente en los datos que me fueron facilitados,
tu fecha variaba de unas fichas a otras, supongo que es uno de los
problemas de las adopciones express.”
Mi boca estaba
abierta de par en par. Esas palabras estaban destinada a hacerme
daño. Si lo había hecho a posta o no era algo que desconocía.
¿Cómo podía alguien soltar ese tipo de palabras sin más?
The Lord.
No salí de mis
pensamientos hasta ver que Justin estaba abriéndome la puerta.
“Gracias.” Lo
susurré con una media sonrisa mientras tomaba su mano para bajar
del alto vehículo.
Justin dio las
llaves a un chico. Y colocando su mano en la parte baja de mi espalda
me condujo hacia la entrada de la lujosa discoteca.
Nada más entrar mi
cuerpo comenzó a moverse solo, como me gustaba la música.
Cuando noté la
ausencia de la mano de Justin en la parte baja de mi espalda me di
cuenta de que estaba en medio de la pista bailando entre la gente. No
había mucha, pero la suficiente como para darme ánimos. Busqué a
Justin y allí lo vi, en una mesa, un vaso de whisky estaba delante
suyo, lo cogió, sin apartar la mirada de mi le dio un largo trago.
Eso me resultó muy sensual.
Mis brazos se
cruzaron como dándome un abrazo a mi misma pero a la altura de mis
caderas, mientras movía estas sensualmente y mis manos se iban
moviendo hacia arriba descruzándose justo entre mis pechos para
llevarlas por encima de mi cabeza.
Cerré los ojos y
volví a bailar, pero unas manos agarraron mis caderas. Sobresaltada
me giré para ver a un hombre trajeado, era atractivo pero muy mayor.
Intenté zafarme de su agarre, no me dejaba.
“Venga muévete
como una p*uta para mi.”
Oh dios siempre la jodes Peyton.
Pero entonces
apareció mi salvador.
Las manos de Justin
apartaron las de ese hombre. Me puso detrás de el en ademán
protector.
“¿Oh esta pu*ta
es tuya Bieber?”
“Primero: para ti
soy Lord o The Lord.,” esas palabras congelaron la sangre de aquel
hombre. “Segundo: si ella es de mi propiedad no deberías tocar lo
que es mío.”
Aquel hombre nos
observaba mientras Justin tiraba por mi muñeca para llevarme al otro
lado de la pista. Me dio la vuelta poniendo mi trasero contra sus
caderas. Sus manos me sujetaban las caderas.
El señor quiere a una virgen, que
pena que no lo seas ¿Verdad?
Oh mierda cállate
y no molestes. Pero la verdad no entendía que pasaba por la cabeza
de este hombre. ¿Qué quería de mi? ¿La llave que me había dado
Drew? ¿A mi?
Aparté todos esos
pensamientos y me propuse disfrutar. El roce de sus caderas contra
mis movimientos, sus manos apretando cada vez que me movía hacía
atrás, su respiración en mi oreja, los besos en mi cuello, mordió
justo donde hacía un segundo estaba el remate de mi vestido y me
marcó. Haciendo que mi cuerpo se echara hacia atrás apoyando mi
cabeza en su hombro. Apreté sus manos, nuestros cuerpos seguían
bailando.
Me di la vuelta en
cuanto acabó con mi cuello. Lo miré lujuriosa.
“Llévame a
casa.” Algo en su interior hizo 'clic' y tirando de mi mano me
arrastró hacia afuera.
Oh dios que sexy
era, estaba impaciente, moviéndose nervioso mientras esperábamos a
por el coche. ¿Qué pensamientos se pasarían por su cabeza?
Te gusta este juego tanto como a mi.
Lo sabía.
---
Dejando las puertas
del coche abiertas subimos a toda prisa por las escaleras, entre
besos locos, en algunos momentos pensé que me iba a follar allí
mismo.
Entramos a la
suite. Me sujetó por las nalgas elevándome. Yo pegué un pequeño
grito por la sorpresa pero enredé mis piernas a su alrededor, mi
vestido se subió dejando en sus manos mis finas bragas.
Me tenía
aprisionada contra la pared de al lado de la puerta. Mi cabeza miraba
en dirección a donde estaba la puerta, a mi derecha, mientras el
devoraba mi cuello. Entonces la cabeza de Mathia asomó por la puerta
justo en el instante en que Justin dio un placentero mordisco que me
hizo gemir. Justin de repente notó la presencia de Mathia, girándome
hacia mi derecha me cubrió con su cuerpo en el giro para que me
pudiera adecentar.
“Lord, el
presidente acaba de llegar.” Mathia lo dijo en un tono frío
mientras me miraba por encima del hombro de Justin.
“Muy bien vete y
en lo que queda de tu vida no vuelvas a entrar a mis estancias
privadas sin avisar.”
Mathia asintió y
salió de la estancia.
“Peyton quiero
que vayas a mi dormitorio y me esperes allí, si te duermes te
despertaré.”
Asentí. Pero me
quedé quieta.
“Ahora.”
Comencé a caminar sacándome los tacones y cogiéndolos con mi mano,
haciendo una danza extraña. “Por cierto, en mi mesilla hay un ipod
quiero que te lo pongas y no te lo quites en ninguna circunstancia.
¿Entendido?”
“Si, Lord.”
Como una autómata
hice lo que me dijo. Una camisa estaba encima de la cama. Me la puse.
Mi mente divagaba sobre la posibilidad de que de verdad Justin
estuviera interesado en mi, pero no era posible, era demasiado
difícil entenderlo, este hombre era complicado.
Bonita eres su nueva adquisición,
ahora trabajas para el. Eres suya.
Ataviada con la
camisa que no cubría mi trasero al completo me puse el iPod. Pronto
el sueño me llevó a la hermosa inconsciencia. O igual no tan
hermosa.
Justin
Asomé mi cabeza y
vi a Peyton durmiendo. Bien. No quería que estuviera metida en mis
asuntos de estado, por ahora. Ella era sexy, me iba a ser muy útil.
A cuantos magnates podrá sacar información en la cama.
Mathia entró en la
estancia.
“Lord el
presidente ya está aquí.”
“Hazlo pasar.”
Mathia salió por la puerta.
Al rato entró el
presidente. “Hola Lord un placer volver a verlo.”
“El placer es
mío.” Me encantaba ver a los grandes gobernantes venir a pedirme
ayuda y favores que en algún momento me iba a cobrar.
“Supongo que ya
sabe para lo que he venido ¿no?”
“Si, exactamente
¿qué quieres que hagamos con el?”
“Un toque de
atención y si no responde su muerte.”
“Bien, tengo
justo lo que necesito.” Miré en dirección a mi cuarto a sabiendas
de que Peyton iba a empezar en su nuevo trabajo.
“Entonces te doy
lo de siempre...”
“No, esta vez
quiero que quede como un favor que me cobraré cuando yo quiera.”
No se le veía muy
seguro, pero sabía que aceptaría la oferta. Las cosas siempre iban
como yo quería. Por eso soy el mejor en lo que hago.
“De acuerdo.”
La derrota se veía en su cara. “Espero que valga la pena.”
Mientras se levantaba me extendió la mano.
“Siempre la
vale.” Le di un apretón de manos. Y me quedé de pie mirando como
salían todos por la puerta, menos Mathia.
“Mathia ¿deseas
algo?” Arqueé mi ceja derecha.
“No Lord, bueno
si.”
¿Qué mierdas
pretendes Mathia? Antes de que pudiera llegar al razonamiento lógico
este se abalanzó hacia mi.
“Mathia,
suéltame.” Mi voz era autoritaria. “Ahora.” Le exigí.
¿Qué mierdas le
pasa?
“¿Qué pasa
Mathia? ¿Te molesta algo?”
“Si, que te vayas
a follar a Peyton.”
“Ella es de mi
propiedad y tu me la entregaste de buena gana.”
“Pero para que
trabajara no para ser tu puta.” Estaba alzando su voz y no se lo
podía permitir. Mi puño se estrelló contra su mandíbula.
Rápidamente cogí con mi mano izquierda su barbilla y lo obligué a
mirarme.
“Primero, soy tu
jefe no oses cuestionar lo que hago o lo que no. Segundo, tu me la
diste, me la pusiste en bandeja, no es mi culpa que ella me prefiera.
Tercero, este trabajo es para ella debe estar preparada y debe
confiar en mi.” Lo solté con desprecio. “Ahora vete.”
“Si, Lord.”
Salió por la
puerta y comencé a oír chillidos.
Peyton.
Salí corriendo y
en cuanto entré en el cuarto mi corazón se paralizó.
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