jueves, 29 de agosto de 2013

The Key 4



~Ella es mía.

Puse una mano en mi boca en cuanto las palabras salieron por mi boca. Los nudillos de Justin se pusieron blancos al apretar el volante. Todo su cuerpo se tensó. No sabía como iba a reaccionar. El airé salió entre cortadamente entre sus dientes.

¿No eres capaz de callar la bocaza de vez en cuando? ¿Eh Peyton?

Oh por dios, cállate. El desdén en las palabras dirigidas hacía mi subconsciente resonó en mi cabeza.

Había metido la pata hasta el fondo. Justin que mie*rdas estarás pensando.

“Lo eres.” Su voz resonó por todo el coche. No aflojó ni un músculo.

¿Lo soy? Ni yo misma lo sabía. Quizás si.

“¿Me podrías decir que hora es?” Necesitaba cambiar de tema.

Miró de reojo su rolex. “Las doce y media.”

“Bueno pues tengo que informarte de que te he mentido.” Lo dije tan insegura que sonó casi como un susurro, pero lo había oído y no lo iba a dejar pasar.

“¿Cómo? ¿En que me has mentido Peyton?” Notaba que se estaba enfadando más, si cabía.

“En realidad cuando lo dije era cierto, pero ahora ya no.” ¿Debía decirlo? Igual era mejor estarse callada...

“Dilo.” Era una orden.

“Tengo dieciocho.” Mi mayoría de edad y estaba pasando los primeros minutos encerrada en un coche con un hombre completamente desconocido pero del que no me quería apartar. Un hombre que creía que me tenía retenida contra mi voluntad, pero que en verdad me estaba dando una vía de escape para poder empezar una nueva vida.

Justin estaba intentando entender, no se hizo esperar mucho. “No sabía que hoy era tu cumpleaños.”

“Pensé que tu lo sabías todo de mi.” Era un reproché y no tenía ni la más remota idea de porque me sentaba mal que no lo supiera.

“Tu fecha de nacimiento era in-concluyente en los datos que me fueron facilitados, tu fecha variaba de unas fichas a otras, supongo que es uno de los problemas de las adopciones express.”

Mi boca estaba abierta de par en par. Esas palabras estaban destinada a hacerme daño. Si lo había hecho a posta o no era algo que desconocía. ¿Cómo podía alguien soltar ese tipo de palabras sin más?

The Lord.

No salí de mis pensamientos hasta ver que Justin estaba abriéndome la puerta.

“Gracias.” Lo susurré con una media sonrisa mientras tomaba su mano para bajar del alto vehículo.

Justin dio las llaves a un chico. Y colocando su mano en la parte baja de mi espalda me condujo hacia la entrada de la lujosa discoteca.

Nada más entrar mi cuerpo comenzó a moverse solo, como me gustaba la música.

Cuando noté la ausencia de la mano de Justin en la parte baja de mi espalda me di cuenta de que estaba en medio de la pista bailando entre la gente. No había mucha, pero la suficiente como para darme ánimos. Busqué a Justin y allí lo vi, en una mesa, un vaso de whisky estaba delante suyo, lo cogió, sin apartar la mirada de mi le dio un largo trago. Eso me resultó muy sensual.

Mis brazos se cruzaron como dándome un abrazo a mi misma pero a la altura de mis caderas, mientras movía estas sensualmente y mis manos se iban moviendo hacia arriba descruzándose justo entre mis pechos para llevarlas por encima de mi cabeza.

Cerré los ojos y volví a bailar, pero unas manos agarraron mis caderas. Sobresaltada me giré para ver a un hombre trajeado, era atractivo pero muy mayor. Intenté zafarme de su agarre, no me dejaba.

“Venga muévete como una p*uta para mi.”

Oh dios siempre la jodes Peyton.

Pero entonces apareció mi salvador.

Las manos de Justin apartaron las de ese hombre. Me puso detrás de el en ademán protector.

“¿Oh esta pu*ta es tuya Bieber?”

“Primero: para ti soy Lord o The Lord.,” esas palabras congelaron la sangre de aquel hombre. “Segundo: si ella es de mi propiedad no deberías tocar lo que es mío.”

Aquel hombre nos observaba mientras Justin tiraba por mi muñeca para llevarme al otro lado de la pista. Me dio la vuelta poniendo mi trasero contra sus caderas. Sus manos me sujetaban las caderas.

El señor quiere a una virgen, que pena que no lo seas ¿Verdad?

Oh mierda cállate y no molestes. Pero la verdad no entendía que pasaba por la cabeza de este hombre. ¿Qué quería de mi? ¿La llave que me había dado Drew? ¿A mi?

Aparté todos esos pensamientos y me propuse disfrutar. El roce de sus caderas contra mis movimientos, sus manos apretando cada vez que me movía hacía atrás, su respiración en mi oreja, los besos en mi cuello, mordió justo donde hacía un segundo estaba el remate de mi vestido y me marcó. Haciendo que mi cuerpo se echara hacia atrás apoyando mi cabeza en su hombro. Apreté sus manos, nuestros cuerpos seguían bailando.

Me di la vuelta en cuanto acabó con mi cuello. Lo miré lujuriosa.

“Llévame a casa.” Algo en su interior hizo 'clic' y tirando de mi mano me arrastró hacia afuera.
Oh dios que sexy era, estaba impaciente, moviéndose nervioso mientras esperábamos a por el coche. ¿Qué pensamientos se pasarían por su cabeza?

Te gusta este juego tanto como a mi.

Lo sabía.

---
Dejando las puertas del coche abiertas subimos a toda prisa por las escaleras, entre besos locos, en algunos momentos pensé que me iba a follar allí mismo.

Entramos a la suite. Me sujetó por las nalgas elevándome. Yo pegué un pequeño grito por la sorpresa pero enredé mis piernas a su alrededor, mi vestido se subió dejando en sus manos mis finas bragas.

Me tenía aprisionada contra la pared de al lado de la puerta. Mi cabeza miraba en dirección a donde estaba la puerta, a mi derecha, mientras el devoraba mi cuello. Entonces la cabeza de Mathia asomó por la puerta justo en el instante en que Justin dio un placentero mordisco que me hizo gemir. Justin de repente notó la presencia de Mathia, girándome hacia mi derecha me cubrió con su cuerpo en el giro para que me pudiera adecentar.

“Lord, el presidente acaba de llegar.” Mathia lo dijo en un tono frío mientras me miraba por encima del hombro de Justin.

“Muy bien vete y en lo que queda de tu vida no vuelvas a entrar a mis estancias privadas sin avisar.”

Mathia asintió y salió de la estancia.

“Peyton quiero que vayas a mi dormitorio y me esperes allí, si te duermes te despertaré.”

Asentí. Pero me quedé quieta.

“Ahora.” Comencé a caminar sacándome los tacones y cogiéndolos con mi mano, haciendo una danza extraña. “Por cierto, en mi mesilla hay un ipod quiero que te lo pongas y no te lo quites en ninguna circunstancia. ¿Entendido?”

“Si, Lord.”

Como una autómata hice lo que me dijo. Una camisa estaba encima de la cama. Me la puse. Mi mente divagaba sobre la posibilidad de que de verdad Justin estuviera interesado en mi, pero no era posible, era demasiado difícil entenderlo, este hombre era complicado.

Bonita eres su nueva adquisición, ahora trabajas para el. Eres suya.

Ataviada con la camisa que no cubría mi trasero al completo me puse el iPod. Pronto el sueño me llevó a la hermosa inconsciencia. O igual no tan hermosa.


Justin

Asomé mi cabeza y vi a Peyton durmiendo. Bien. No quería que estuviera metida en mis asuntos de estado, por ahora. Ella era sexy, me iba a ser muy útil. A cuantos magnates podrá sacar información en la cama.
Mathia entró en la estancia.

“Lord el presidente ya está aquí.”

“Hazlo pasar.” Mathia salió por la puerta.

Al rato entró el presidente. “Hola Lord un placer volver a verlo.”

“El placer es mío.” Me encantaba ver a los grandes gobernantes venir a pedirme ayuda y favores que en algún momento me iba a cobrar.

“Supongo que ya sabe para lo que he venido ¿no?”

“Si, exactamente ¿qué quieres que hagamos con el?”

“Un toque de atención y si no responde su muerte.”

“Bien, tengo justo lo que necesito.” Miré en dirección a mi cuarto a sabiendas de que Peyton iba a empezar en su nuevo trabajo.

“Entonces te doy lo de siempre...”

“No, esta vez quiero que quede como un favor que me cobraré cuando yo quiera.”

No se le veía muy seguro, pero sabía que aceptaría la oferta. Las cosas siempre iban como yo quería. Por eso soy el mejor en lo que hago.

“De acuerdo.” La derrota se veía en su cara. “Espero que valga la pena.” Mientras se levantaba me extendió la mano.

“Siempre la vale.” Le di un apretón de manos. Y me quedé de pie mirando como salían todos por la puerta, menos Mathia.

“Mathia ¿deseas algo?” Arqueé mi ceja derecha.

“No Lord, bueno si.”

¿Qué mierdas pretendes Mathia? Antes de que pudiera llegar al razonamiento lógico este se abalanzó hacia mi.

“Mathia, suéltame.” Mi voz era autoritaria. “Ahora.” Le exigí.

¿Qué mierdas le pasa?

“¿Qué pasa Mathia? ¿Te molesta algo?”

“Si, que te vayas a follar a Peyton.”

“Ella es de mi propiedad y tu me la entregaste de buena gana.”

“Pero para que trabajara no para ser tu puta.” Estaba alzando su voz y no se lo podía permitir. Mi puño se estrelló contra su mandíbula. Rápidamente cogí con mi mano izquierda su barbilla y lo obligué a mirarme.

“Primero, soy tu jefe no oses cuestionar lo que hago o lo que no. Segundo, tu me la diste, me la pusiste en bandeja, no es mi culpa que ella me prefiera. Tercero, este trabajo es para ella debe estar preparada y debe confiar en mi.” Lo solté con desprecio. “Ahora vete.”

“Si, Lord.”

Salió por la puerta y comencé a oír chillidos.

Peyton.


Salí corriendo y en cuanto entré en el cuarto mi corazón se paralizó.  

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