Ahora me perteneces. ~
Esa noche no pegué ojo.
Nada más entrar por la ventana tiré
mi chaqueta encima del escritorio cuando
algo pesado calló causando un estruendo.
Hasta entonces se me había
olvidado, había estado ocupada escapando.
Era una llave. Que cosa más rara.
Tenía aspecto antiguo. Era larga y al final tenía una especie de
ala.
Mi noche se resumió
en mirar la llave hasta que los primero rayos de sol asomaron. La
escondí en un lugar seguro. Decidí ponerme ropa de deporte, me
vendría bien correr.
Miré por la
ventana para ver que día hacía cuando aquel hombre con traje de
ayer apareció, bajándose de un Range Rover negro. Se ajustó la
corbata, hoy lucía un traje de tres piezas. Se dirigía a la puerta
de mi casa.
No podía dejar que
mi madre lo viera. Bajé corriendo.
“Mamá voy a
correr volveré antes de ir a clases.”
“Mmmm vale Peyton
no te retrases.”
Justo cuando abrí
la puerta la mano del desconocido estaba apunto de golpearla.
“¿Qué desea?”
Pronuncié las palabras mientras cerraba la puerta.
“Busco a Peyton
Dober.”
“Soy yo, pero iba
de camino al parque---”
“Permítame que
la acompañe hasta el parque”Este hombre era endiabladamente sexy.
“Primero quiero
saber que necesita de mi.”
“Solo quiero
hablar con usted sobre lo que vio ayer.”
“Yo no vi nada.”
“Esa es la
actitud señorita Dober.”
“Bueno adiós.”
“Me sentiría mal
si no la acercara al parque.”
“No se ni como se
llama.”
“Me llaman The
Lord.”
Una estrepitosa
carcajada salió de mi garganta mientras echaba a caminar. “El
señor dice”
No debió sentarle
muy bien porque me cogió violentamente por mi codo. “Pequeño
jodido grano en el culo, no me enfades.”
“¿O si no que?”
Estaba prácticamente riéndome en su cara.
“¡Tienes huevos
gatita, si supieras quien soy no dirías eso!”
¿Pero este de que va?
“Mira no se de
que va todo esto pero yo no se nada.”
“Ven conmigo.”
“No.” Comencé
a caminar de nuevo.
“Por favor sube
al coche.”
No dije nada
directamente intenté salir corriendo, pero antes de poder dar un
paso, otro hombre se puso delante de mi y Lord puso un pañuelo sobre
mi boca y nariz.
Todo se volvió
negro.
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Lo siguiente que vi
fue oscuridad.
¿Donde demonios estoy?
La superficie donde
me encontraba era confortable, era una gran cama de matrimonio.
Fui pasando mi mano
por la mesilla hasta encontrar un interruptor.
“WOW” mi boca
se abrió de par en par.
Era un cuarto
enorme, paredes blancas, modernas, armarios de color negro. Me
acerqué a la ventana, era imposible abrirla, era un gran panel que
ocupaba toda la pared, simplemente estaba anclado al techo y a las
demás paredes.
Miré afuera, era
de noche.
“Ya te
despertaste.” Esa voz endiabladamente sexy sonó a mis espaldas.
“¿Que mi*erda
hago aquí?” Exigí saber.
“Tu tienes algo
mío.”
“No se de que
co*ño hablas.”
“Mira si me das
lo que es mío todo habrá acabado.”
Una sonrisa irónica
se formó en mi boca. El frunció su cejo con expresión molesta.
Se acercó a paso
rápido y decidido a mi y me agarró por el codo.
“Mira pequeña
guarra--” Lo interrumpí.
“No soy tan
gilipollas, se de sobra que si tuviera algo tuyo y te lo diera lo
último que harías sería dejarme en libertad.”
“Si, tienes
razón, pero la cosa se pondrá fea para ti si no me das lo que es
mío.”
“No tengo nada
tuyo, no se que mier*da te habrá contado Mathia, pero yo no tengo
nada.”
“Oh tu eres una
de sus pequeñas pu*tas.”
“No, corrección,
el es una de tus pequeñas putas.” Escupí las palabras.
Con sus dedos
presionó el tabique de su nariz cerrando los ojos “Me produces
jaqueca.” Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.
“Tienes ropa en el armario y el baño está en esa puerta, cenamos
en media hora y te quiero allí.”
Entré al baño en
cuanto el hubo cerrado la puerta. Era impresionante. Necesitaba una
ducha. Me desvestí lentamente recomponiendo todos los sucesos. Apuré
en sacarme la ropa interior. No podía seguir pensando y me metí en
el agua que aún salía fría. Al salir cogí el amoroso albornoz y
revisé los cajones.
“Ni que hubiera
estado en mi casa.” En cuanto pronuncié esas palabras me di cuenta
de que era probable que lo hubiera hecho.
Sequé mi pelo
haciendo rizos. No tenía tiempo para alisarlo. Fui a por la ropa.
Todo eran vestidos y tacones.
Cogí un vestido
rojo ceñido que llegaba justo por encima de mis rodillas, llevaba
una abertura en la pierna derecha a lo largo de todo el muslo. Entre
todos los tacones encontré unas sandalias negras planas.
No me maquillé
demasiado.
Cuando me di cuenta
de todo lo que estaba haciendo supe que estaba emocionada, intrigada,
era excitante. Debería tener miedo. Pero no lo tenía.
Salí del cuarto y
allí estaba Mathia.
“Ni lo intentes.”
Escupí “Ahora llévame al comedor.”
Me condujo a través
de varios pasillos, bajamos las escaleras y me levó a una gran sala
con una enorme mesa de madera maciza oscura. Era la primera en
llegar.
“Este es tu
sitio.” Mathia cogió la silla que estaba a la derecha de la
presidencia.
Sin decir palabra
me senté recta como mi madre me había enseñado.
A medida que fueron
pasando los minutos la sala comenzó a llenarse de hombres trajeados.
Yo era la única sentada y la única mujer.
Me di cuenta de que
algo pasaba cuando todos los hombres se pusieron rígidos y miraban a
la puerta. Yo seguí sus miradas hasta encontrarme con la del Lord.
Inmediatamente me levanté de mi asiento y me puse rígida.
“Por favor tomen
asiento.” Mientras todos ocupaban sus asientos el ocupó el asiento
a mi izquierda que presidía la mesa.
Comenzaron a servir
la comida, los hombres charlaban, intentaba prestar atención pero al
final desistí y me centré en la comida hasta que alguien apareció
y todo quedó en silencio.
Justin estaba en la
puerta, con la cara magullada.
“Por favor Drew
acompáñanos.”
“Si Justin.”
Pronunció agachando su cara magullada pero rápidamente se corrigió.
“Perdón Lord”
Antes de poder
contener mi boca mirando a Lord solté la duda. "¿Justin?”
“Si, ese es mi
nombre, Justin Bieber” dijo tenso.
“¿Y qué hace aquí Drew?” Lo señalé.
“Trabaja para mi.” Bajo su traje
noté como todos sus músculos se tensaban, el sabía que no me iba a
callar.
“Pero--”
“No sigas. Calla tu boca y come.” Escupió las últimas palabras.
Justin Bieber 'The Lord'.
“¿Estás bien
Drew?” Yo lo susurré, pero el muchacho se encogió en su silla.
No me di cuenta de
porque lo hacía hasta que vi a Justin levantarse de su asiento en la
presidencia y dirigirse a nosotros. Tirando por mi codo me levantó y
arrastró fuera del cuarto por los pasillos hasta lo que supuse que
era su despacho.
“Mira asquero*sa
pu*ta ya sabes demasiado.” Comenzó a caminar de un lado a otro.
“Ahora nunca vas a poder salir.”
Mi mandíbula debió
caer al suelo.
Se acercó a mi y
con su dedo índice levantó mi cara para que lo mirara a los ojos.
Acercándose mucho, pude notar su olor, cerré los ojos para
memorizarlo.
Rozando sus labios
con los míos el susurró.
“Ahora me
perteneces.”
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