viernes, 23 de agosto de 2013

The Key 2

Ahora me perteneces. ~


Esa noche no pegué ojo.

Nada más entrar por la ventana tiré mi chaqueta encima del escritorio cuando algo pesado calló causando un estruendo.

Hasta entonces se me había olvidado, había estado ocupada escapando.

Era una llave. Que cosa más rara. Tenía aspecto antiguo. Era larga y al final tenía una especie de ala.

Mi noche se resumió en mirar la llave hasta que los primero rayos de sol asomaron. La escondí en un lugar seguro. Decidí ponerme ropa de deporte, me vendría bien correr.

Miré por la ventana para ver que día hacía cuando aquel hombre con traje de ayer apareció, bajándose de un Range Rover negro. Se ajustó la corbata, hoy lucía un traje de tres piezas. Se dirigía a la puerta de mi casa.

No podía dejar que mi madre lo viera. Bajé corriendo.

“Mamá voy a correr volveré antes de ir a clases.”

“Mmmm vale Peyton no te retrases.”

Justo cuando abrí la puerta la mano del desconocido estaba apunto de golpearla.

“¿Qué desea?” Pronuncié las palabras mientras cerraba la puerta.

“Busco a Peyton Dober.”

“Soy yo, pero iba de camino al parque---”

“Permítame que la acompañe hasta el parque”Este hombre era endiabladamente sexy.

“Primero quiero saber que necesita de mi.”

“Solo quiero hablar con usted sobre lo que vio ayer.”

“Yo no vi nada.”

“Esa es la actitud señorita Dober.”

“Bueno adiós.”

“Me sentiría mal si no la acercara al parque.”

“No se ni como se llama.”

“Me llaman The Lord.

Una estrepitosa carcajada salió de mi garganta mientras echaba a caminar. “El señor dice”

No debió sentarle muy bien porque me cogió violentamente por mi codo. “Pequeño jodido grano en el culo, no me enfades.”

“¿O si no que?” Estaba prácticamente riéndome en su cara.

“¡Tienes huevos gatita, si supieras quien soy no dirías eso!”

¿Pero este de que va?

“Mira no se de que va todo esto pero yo no se nada.”

“Ven conmigo.”

“No.” Comencé a caminar de nuevo.

“Por favor sube al coche.”

No dije nada directamente intenté salir corriendo, pero antes de poder dar un paso, otro hombre se puso delante de mi y Lord puso un pañuelo sobre mi boca y nariz.

Todo se volvió negro.

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Lo siguiente que vi fue oscuridad.

¿Donde demonios estoy?

La superficie donde me encontraba era confortable, era una gran cama de matrimonio.

Fui pasando mi mano por la mesilla hasta encontrar un interruptor.

“WOW” mi boca se abrió de par en par.

Era un cuarto enorme, paredes blancas, modernas, armarios de color negro. Me acerqué a la ventana, era imposible abrirla, era un gran panel que ocupaba toda la pared, simplemente estaba anclado al techo y a las demás paredes.

Miré afuera, era de noche.

“Ya te despertaste.” Esa voz endiabladamente sexy sonó a mis espaldas.

“¿Que mi*erda hago aquí?” Exigí saber.

“Tu tienes algo mío.”

“No se de que co*ño hablas.”

“Mira si me das lo que es mío todo habrá acabado.”

Una sonrisa irónica se formó en mi boca. El frunció su cejo con expresión molesta.

Se acercó a paso rápido y decidido a mi y me agarró por el codo.

“Mira pequeña guarra--” Lo interrumpí.

“No soy tan gilipollas, se de sobra que si tuviera algo tuyo y te lo diera lo último que harías sería dejarme en libertad.”

“Si, tienes razón, pero la cosa se pondrá fea para ti si no me das lo que es mío.”

“No tengo nada tuyo, no se que mier*da te habrá contado Mathia, pero yo no tengo nada.”

“Oh tu eres una de sus pequeñas pu*tas.”

“No, corrección, el es una de tus pequeñas putas.” Escupí las palabras.

Con sus dedos presionó el tabique de su nariz cerrando los ojos “Me produces jaqueca.” Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. “Tienes ropa en el armario y el baño está en esa puerta, cenamos en media hora y te quiero allí.”

Entré al baño en cuanto el hubo cerrado la puerta. Era impresionante. Necesitaba una ducha. Me desvestí lentamente recomponiendo todos los sucesos. Apuré en sacarme la ropa interior. No podía seguir pensando y me metí en el agua que aún salía fría. Al salir cogí el amoroso albornoz y revisé los cajones.

“Ni que hubiera estado en mi casa.” En cuanto pronuncié esas palabras me di cuenta de que era probable que lo hubiera hecho.

Sequé mi pelo haciendo rizos. No tenía tiempo para alisarlo. Fui a por la ropa. Todo eran vestidos y tacones.

Cogí un vestido rojo ceñido que llegaba justo por encima de mis rodillas, llevaba una abertura en la pierna derecha a lo largo de todo el muslo. Entre todos los tacones encontré unas sandalias negras planas.

No me maquillé demasiado.

Cuando me di cuenta de todo lo que estaba haciendo supe que estaba emocionada, intrigada, era excitante. Debería tener miedo. Pero no lo tenía.

Salí del cuarto y allí estaba Mathia.

“Ni lo intentes.” Escupí “Ahora llévame al comedor.”

Me condujo a través de varios pasillos, bajamos las escaleras y me levó a una gran sala con una enorme mesa de madera maciza oscura. Era la primera en llegar.

“Este es tu sitio.” Mathia cogió la silla que estaba a la derecha de la presidencia.

Sin decir palabra me senté recta como mi madre me había enseñado.


A medida que fueron pasando los minutos la sala comenzó a llenarse de hombres trajeados. Yo era la única sentada y la única mujer.

Me di cuenta de que algo pasaba cuando todos los hombres se pusieron rígidos y miraban a la puerta. Yo seguí sus miradas hasta encontrarme con la del Lord. Inmediatamente me levanté de mi asiento y me puse rígida.

“Por favor tomen asiento.” Mientras todos ocupaban sus asientos el ocupó el asiento a mi izquierda que presidía la mesa.

Comenzaron a servir la comida, los hombres charlaban, intentaba prestar atención pero al final desistí y me centré en la comida hasta que alguien apareció y todo quedó en silencio.

Justin estaba en la puerta, con la cara magullada.

“Por favor Drew acompáñanos.”

“Si Justin.” Pronunció agachando su cara magullada pero rápidamente se corrigió. “Perdón Lord”

Antes de poder contener mi boca mirando a Lord solté la duda. "¿Justin?”

“Si, ese es mi nombre, Justin Bieber” dijo tenso.

“¿Y qué hace aquí Drew?” Lo señalé.

“Trabaja para mi.” Bajo su traje noté como todos sus músculos se tensaban, el sabía que no me iba a callar.

“Pero--”

“No sigas. Calla tu boca y come.” Escupió las últimas palabras.

Justin Bieber 'The Lord'.

“¿Estás bien Drew?” Yo lo susurré, pero el muchacho se encogió en su silla.

No me di cuenta de porque lo hacía hasta que vi a Justin levantarse de su asiento en la presidencia y dirigirse a nosotros. Tirando por mi codo me levantó y arrastró fuera del cuarto por los pasillos hasta lo que supuse que era su despacho.

“Mira asquero*sa pu*ta ya sabes demasiado.” Comenzó a caminar de un lado a otro. “Ahora nunca vas a poder salir.”

Mi mandíbula debió caer al suelo.

Se acercó a mi y con su dedo índice levantó mi cara para que lo mirara a los ojos. Acercándose mucho, pude notar su olor, cerré los ojos para memorizarlo.

Rozando sus labios con los míos el susurró.

“Ahora me perteneces.”






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