lunes, 26 de agosto de 2013

The Key 3

ANTES DE COMENZAR A LEER SI ERES LECTORA DESDE EL PRINCIPIÓ LEE DE NUEVO LOS DOS PRIMEROS CAPÍTULOS Y MIRA LOS PERSONAJES EN LA PRIMERA ENTRADA YA QUE HE HECHO UNAS MODIFICACIONES. PERDÓN Y GRACIAS POR LEER. -Soo

~Alguien peligroso pero que me hacía sentir a salvo.



Cuando pensé que me iba besar se apartó de mi y se sentó en la silla de detrás de su mesa.

“Puedes irte.”

“Buenas noches.” Susurré mientras me retiraba.

Mathia me llevó de nuevo a mi cuarto. Me desnudé hasta quedarme solamente en ropa interior y me arrastré debajo de la ropa de cama.

Me sentía frustrada conmigo misma.

Ingenua, ¿por qué te iba a besar?

Y con esa vocecita haciéndome sentir peor de lo que ya estaba me dormí.

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Al despertarme noté una presencia, alguien estaba sentado en el borde de la cama.

Desperezándome silenciosamente, miré a hurtadillas y lo vi. Con la corbata por su cuello, sin hacer todavía el nudo, unos pantalones de traje negro y sentado apoyando los codos sobre sus rodillas, allí estaba Justin Bieber 'The Lord' alguien peligroso pero que me hacía sentir a salvo.

Cuando se movió cerré mis ojos y respiré profundamente como si estuviera de verdad durmiendo.

Oí sus pasos rodeando la cama hasta pararse enfrente del lado de la cama en el que yo me encontraba, yo le daba la espalda.

Apartó el pelo de mi cara y cuello colocándolo detrás de mi oreja, se inclinó colocándose a centímetros de mi cuello expuesto, notaba su respiración en el, noté como inspiraba, posó sus labios en mi cuello, fue depositando húmedos besos por el y fue subiendo por mi mandíbula, mordió el lóbulo de mi oreja haciéndome abrir los ojos, sobresaltada me giré para mirarlo, el seguí allí, inclinado sobre mi. Mis ojos expresaban la duda. Pero el simplemente selló mis labios con los suyos. Yo me quedé de piedra.

¿Pero que diablos hace?

El cogió una de mis manos y la colocó en su cuello, luego la otra, poco a poco fui cediendo y aceptando su ritmo, su lengua me saboreaba, el apoyó sus manos a los lados de mi cabeza subiéndose a la cama, colocó sus rodillas a los lados de mis caderas. Con un grácil movimiento me destapó, dejándome expuesta, su mano derecha recorría mi cintura apretándome con urgencia.

Entonces se apartó. Dejándome expuesta y excitada.

“Vístete en una hora salimos.” Sin decir más salió por la puerta.

“Hijo de puta.” Grité frustrada tirando un cojín contra la puerta.

Me preparé y fui a explorar un poco por la casa en busca de la cocina. Así me relajaría.

Me rendí después de estar recorriendo puertas al azar.

“¿Desea algo señorita?” Un mayordomo me abordó.

“¿Me podría llevar a la cocina?”

“Podemos subirle el desayuno a su cuarto.”

“Prefiero desayunar en la cocina.”

“Acompáñeme.”

Lo seguí hasta la monstruosa cocina.

“Buenos días.”

“Buenos días señorita.” El saludo provenía de un cocinero y una cocinera.

“Lamadme Peyton, por favor.”

“¿Qué quieres para desayunar Peyton?” La cocinera tenía una cara dulce.

“¿Qué hay?”

“De todo.” Dijo ella con una sonrisa.

“Una ciruela y cereales de chocolate con yogur griego por favor.”

A los pocos minutos ya me encontraba desayunando, mejor dicho, devorando.

“Peyton debemos irnos.” Mathia estaba plantado en la puerta. Me entregó un baso de agua y una pastilla. Yo lo miré confusa. “Es biodramina.”

Me la tomé sin fiarme mucho.

Era otoño y comenzaba a refrescar pero una persona del servicio me esperaba con una cazadora en la entrada.

Empezaba a sentirme mareada cuando comencé a bajar lentamente las escaleras de la parte delantera de la casa, seguida por Mathia, cada vez me notaba más débil, me agarré al pasamanos, pero en determinado momento mis piernas fallaron. Mi visión era borrosa pero distinguí a Justin.

“Mierda Mathia, te dije que esperaras.” Lo notaba cerca, muy cerca. Mathia debió acercarse a mi para llevarme hasta el coche pero Justin no lo dejó. “Ya la llevo yo.” pasó un brazo por detrás de mis rodillas y otro por mi espalda. “Venga Peyton engánchate a mi cuello.” Lo hice como una autómata.

“Pero Lord--”

“Mathia, dije que la llevo yo.” Los fuertes brazos de Justin me llevaron hasta el coche y este se sentó conmigo en su regazo. “Duerme nos espera un largo viaje.”

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Cuando desperté estaba en una cama grande, un baso de agua me esperaba en la mesilla, esta vez las luces del cuarto estaba encendidas pero por la ventana pude ver que la noche ya había caído.

Encima de una silla había un vestido ajustado de brillos y unos tacones de vértigo. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba en ropa interior.

Me di una rápida ducha sin lavarme el pelo, esa era ropa de fiesta, así que iríamos a una. Me maquillé un poco más de lo normal. Me puse el vestido y los tacones. Se podría decir que hasta estaba sexy.

Salí por la puerta, daba a un salón, que supuse que era de una suit y salí por la puerta principal para salir a un pasillo con un par de puertas numerada.

Justo cuando emprendía mi camino hacia el ascensor alguien salió detrás de mi. Justin. Estaba impresionante con esos vaqueros negros, parecía mucho más joven con esa americana negra y una camiseta blanca cubriendo su torso. En sus pies llevaba una Supras doradas que llamaban mucho la atención.

“¿Tan mal voy?” su voz me sacó de mis pensamientos. “No estoy acostumbrado a vestir así, será mejor que me vaya a cambiar--”

“Estás tremendo.” La palabras salieron de mi boca sin pensarlo. Esa conversación era de todo menos tensa.

“¿No me cambio?”

¿Cómo alguien tan poderoso podía ser tan inseguro en cosas tan insignificantes?

“No.” El asintió y comenzó a caminar delante de mi hasta llegar al ascensor.

El ambiente comenzó a ser incómodo. Yo miré a mis zapatos y comencé a pensar en como algo que parecía tan letal para mis pies podía ser tan cómodo.

“Me alegra que te gustara el conjunto que elegí.” Entró al ascensor , que ya había abierto sus puertas y me miró invitándome a entrar.

“Gracias. Pensé que tendrías a alguien que hacía esas cosas.”

“La tengo.”

Seguí divagando y mirándolo de reojo, dios se veía tan joven...

¿Cuántos años tendrá?

Antes de poder reaccionar me di cuenta de que había hecho la pregunta en alto. Su ceño fruncido me indicó que no le había gustado. “Yo lo siento, a veces pienso las cosas y las digo en alto sin darme cuenta.”

La conversación había terminado. En la entrada del hotel un Hammer negro nos esperaba. Justin abrió la puerta del pasajero para mi y de seguido el se puso en la del conductor.

Me dispuse a mirar por la ventanilla adorando las calles de aquella ciudad.

“Diecinueve.” Realmente no entendí que quería decir. “Años, tengo 19 años.”

“Yo diecisiete.”

“Pensé que eras de la edad de Mathia.”

“No se que edad tiene Mathia.” Que poco sabíamos de el y cuanto el sabía de nosotroas. Mis pensamientos volaron hacía Dakota, ¿dónde estaría?

“21, pensé que lo sabríaís.” Era una conversación demasiado casual. Se sentía irreal.

“¿Tan mayor me veo?” Yo siempre pensé que tenía rasgos maduros pero no tanto.

“La verdad es que si.” En su voz había un tono divertido. “¿Y yo?”

“Mmmm” la verdad es que no lo sabía.

“Venga prometo no atarte ni nada si lo dices.” Era una broma pero detrás de la broma se que había una amenaza.

Enfádame y verás lo que soy capaz de hacer.


“Ahora mismo los que tienes.”

“¿Ahora?”

“Bah a la mierda.” Mi tono de voz sonó demasiado alto. “Con esos traje aparentas como 25 o así y si te enfadas pareces un viejo de 30.” Me recosté en mi asiento dejando escapar el aire que había contenido. Que bien se sentía. No estaba acostumbrada a callarme las cosas.

Su risa resonó en el coche. Sin saber porque me comencé a reír con el, era contagiosa, lo miré, que guapo se veía cuando sonreía.

“Ahí está la gatita que yo conocía. Pensaba que te había perdido.” Sus labios se formaron en un risa irónica, dios quería besarlo.

Venga hazlo, lo estás deseando.

Oh dios bendito vocecita de mie*rda. Gracias.

“Justin.” Sonaba seria.

“Mhm?”

“Cuando puedas aparca un segundo el coche.” Me miró por un segundo y luego volvió la mirada a la carretera con el ceño fruncido. “Puedes cerrar los pestillos no quiero escapar. Simplemente hazlo, no lo calcules todo tanto.”

Y ahora es cuando te conviertes en tigresa Peyton.

Esta voz era odiosa me animaba cuando no debía.

En la cara de Justin se notaba su expresión de curiosidad. De repente cuando ya pensaba que no me iba a hacer caso giró el volante a la derecha y se metió en un callejón sin salida.

“Venga, ¿que quieres?” Se giró hacia mi con expresión expectante.

Yo simplemente, me puse sobre mis dos rodillas girándome en el asiento y ante su atenta mirada, con mis manos, cogí su cara, la fui acercando poco a poco a la mía.

“¿Qué pretendes Pyeton?” Lo susurró como si alguien lo pudiera escuchar.

Una sonrisa irónica se formó en mis labios por un segundo, pero sin previo aviso mis labios estaban sobre los suyos. El siguió el beso, tenso, pero pronto sus manos llegaron a mi cintura. Separándose un poco me miró. Había lujuria en sus ojos. Con un hábil movimiento me llevó encima suya, haciendo que estuviera a horcajadas sobre el. Me acerqué a el, quería saborearlo.

Venga demuestrale que no eres una simple gatita, que eres una tigresa.

Sus manos apretaban mis muslos, las mías se perdían en su pelo. El deslizó sus manos hacia mi cu*lo y me apretó contra el, rozando contra mi sexo su erección. Un gemido salió de nuestras bocas inundando el coche. Pero ahora era cuando debía mostrar mi poder.

Me aparté, así de simple. El intentó sujetarme y volver a besarme. No le dejé simplemente cogí sus manos las saqué de mi trasero y me volví a acomodar en mi asiento.

“Vamos Justin, o llegaremos tarde a donde quiera que fuéramos.” Miré por la ventanilla despreocupada.

El arrancó, lo miré de reojo, estaba enfadado. JÁ. Eso por lo de la mañana.

“Eres una jodida p*uta.” Escupió esas palabras intentando hacer daño, pero no lo consiguió.

Una sonrisa se formó en mis labios, dándome una apariencia de victoria. “Lo se.”

“¿A qué juegas?”

“A lo mismo que tu cuando entraste en mi cuarto.”

“Jodida pu*ta.”

“Esta jodida p*uta te pone caliente.” Me estaba intentando reír de el. No debía. Pero mi mente que viajaba por libre, como siempre, se encargó de volver la situación contra mi y pronuncié las palabras que serían mi perdición durante los siguientes años.

“Además esta p*uta es tuya.”




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