lunes, 2 de septiembre de 2013

The Key 6

~Debes ser fuerte.

Después de darme cuenta de que no iba a poder dormir fui en busca de alguien que me administrara un relajante muscular para conseguirlo.

No se cuantas horas llegué a dormir pero fueron las suficientes para sentirme como nueva. Una bandeja con mi desayuno favorito me esperaba. Los cereales de chocolate con yogur griego y una taza de café eran lo mejor.

Esa mañana mi ropa de deporte había sido sustituida por unos vaqueros negros, unas Doc Marten blancas y una camiseta básica blanca.

Me lavé los dientes y me cepillé el pelo después de una larga ducha. Aprisioné mi pelo aún mojado en una cola de caballo.

Hoy Mathia no se encontraba al lado de mi puerta, estaba un hombre trajeado que recordaba ver el día que me colé en el backstage.

“Soy Isaac.” Tendió la mano en mi dirección, se la di.

“Encantada.” Ya me había acostumbrado a no tener que presentarme.

Me llevó por los pasillos de la mansión hasta llegar a una gran habitación demasiado moderna, no iba con la decoración clásica de la mayoría de la casa aunque parándome a pensar mi habitación tampoco era clásica era más bien moderna.

Justin estaba inclinado sobre la mesa atendiendo a algo que Brianna le estaba explicando. Lo miré bien, iba con uno de sus trajes normales, negro, de tres piezas, ahora mismo no llevaba la chaqueta, la vi colgada en el perchero, aquel chaleco hacía que lo deseara. Todo él era demasiado sensual. Entonces vi a Brianna, tan guapa, con su pelo rubio, su sonrisa perfecta, hacían una pareja encantadora.

Igual lo son.

Y era verdad perfectamente podían ser pareja. Por la manera en la que ella lo miraba, los roces entre su piel. Pero por raro que parezca me daba igual. No había celos. Porque sabía que yo era de él.

La voz de Isaac irrumpió en la sala. “Explicadle a Peyton lo que debe hacer y acabemos con esto cuanto antes en dos días debemos estar en Siria.”

“Acércate Peyton y te explicaré todo lo que debes hacer.” Brianna extendió su mano en mi dirección. Justin con un elegante movimiento y un asentimiento de ánimo cuando pasé a su lado me dio la confianza que necesitaba.

Brianna me explicó todo el plan hasta los más mínimos detalles que me horrorizaron. Y sabía que eso no era nada en comparación con lo que iba a tener que llegar a hacer en algún momento de mi trabajo.

Tenía miedo. Se suponía que debía ser un arma de seducción, pero yo no sabía. ¿Cómo demonios debo seducir a ese hombre?

“Peyton ven conmigo.” Sus palabras me sobresaltaron tanto que me quedé de piedra. “Ahora.”
Lo seguí en silencio por todos los pasillos. Memorizando. Así podría volver en otro momento.

Abrió la puerta para mi.

Lo primero que vi fue la enorme cama de dosel. En su colcha blanca destacaba un conjunto de lencería muy sexy. Miré Justin confusa.

“Vas a seducirme.”

Creo que mi mandíbula tocó el suelo cuando esas palabras salieron pronunciadas de su boca.

Sus ojos mieles me decían que lo hiciera. Los intenté descifrar por un momento. Quería entenderlo. Y lo hice. Me estaba dando más con una mirada que con una palabra de ánimo. Con timidez me puse aquel conjunto ante sus atentos ojos. Era un sujetador de encaje negro, con un corsé, liguero y medias de seda. En el suelo vi unos tacones negros de ante con un tacón de aguja que daba miedo y no porque fuera muy alto si no por lo que Brianna me había enseñado a hacer con uno.

“Ahora quiero que me seduzcas.” Se sentó en una butaca de su cuarto.

Por un rato cerré los ojos. Puse un dedo delante mío antes de que hablara en señal de que necesitaba un minuto.

Mi mente empezó a repasar todas mis inseguridades y por una vez esa vocecita tan incordiosa me ayudó.

Enséñale a la tigresa del coche.

Mis ojos se abrieron de par en par. La seguridad me inundó. Con una mano en mi cintura y la otra colgando en mi costado, una sonrisa traviesa adornaba mi cara y fui caminando a paso lento moviendo ligeramente las caderas, suave, con deleite, los ojos de Justin me escrutaban, impasibles, pero eso no me desalentó, me supuso un desafío.

Lo miré intensamente. Seguí acercándome a paso lento hasta estar a su altura. Me paré justo delante suya. Lo miré desde arriba sin bajar la cara solo la mirada, con superioridad, con poder.

Pasé todo mi peso a mi pierna derecha torciendo la cadera. Con lentitud me senté a horcajadas sobre el. Coloqué con mimo ,pero al mismo tiempo con firmeza ,sus manos sobre mis caderas.

Sus ojos se derritieron, como el oro líquido. Me atrajo hacia a el con violencia y con sus labios selló los míos. Se separó para darme libre acceso a su cuello, bese con rudeza, firmeza y lentitud, cada parte de su cuello, haciéndolo gemir. Notando como su erección se formaba bajo mi sexo.

“Has aprendido muy rápido y muy bien.” Puso su mano entre mi pelo, enredando los dedos en mi cuero cabelludo, tiró de el con fuerza, me hizo mirarlo. “De ahora en adelante quiero que me imagines a mi en cada una de tus misiones.”

“Si, Lord.”

Sus labios volaron a mi boca. Me devoraron, me poseyeron, me folló la boca con su lengua. Agarró con fuerza mis muslos y me elevó con el. Caminó hacia la cama y me tiró allí, sin remilgos.

Deshizo el nudo de su corbata. Caminaba de un lado a otro, sacándose prendas. Primero la corbata. Luego el chaleco. Entonces empezó con los bonotes de su camisa.

“¿Puedo hacerlo yo Lord?”Mi voz sonó tan sumisa, tan suave.

“No, deberás ganarte esos deleites.” Me miró. Yo estaba en la misma posición en la que había caído. Mis piernas estaban abiertas ante el y yo me sostenía sobre mis codos para admirar el espectáculo.

Cuando ya solo llevaba una camiseta interior blanca se arrodilló encima de la cama entre mis piernas. Besando la parte interna de cada una de ellas hasta llegar al final de la pierna, hasta el borde del tanga de encaje.

“Ahora te voy a quitar el sujetador y el tanga pero te voy a dejar lo demás. Me pones mucho con esas prendas.”

“Es mi deber complacerlo, Lord.”

“Pequeña gatita, en la cama quiero que grites mi nombre. Quiero que toda la casa sepa que te estoy haciendo mía.” Tragué duro, el quería que lo tratara de una forma más cercana. Quería que follara con Justin no con mi jefe.

El estaba entre mis piernas de rodillas, era tan sexy, un par de mechones de pelos habían cedido y caían sobre su frente.

Puso su mano detrás de mi espalda elevándome un poco y con la otra desabrochó mi sujetador en un solo movimiento. Deslizó el sujetador por mis hombros y mis brazos hasta sacarlo. Su boca decidió torturar a uno de mis pezones, los gemidos surgían de mi garganta. Mis piernas lo atraían sobre mi, clavándole los tacones en ese magnífico culo.

Bajó las manos hasta las tiras del fino tanga y con un brusco tirón la fina tela cedió. Era suya. No cabía duda.

“Ahora me voy a desnudar, quiero que mientras lo hago te toques para mi según mis indicaciones.”

“Si.”

“Bien.” Se incorporó y se sentó en la silla que había en la pared de los pies de la cama. Su pelo brillaba con los últimos rayos de sol que se colaban entre los cortinones, haciendo que pareciera más un ángel que un demonio, un ángel caído. “Coloca una mano en tu sexo y con tu dedo índice busca tu clítoris y apriétalo mientras con la otra mano te pellizcas un pezón.” Lo hice y un gemido salió por mi boca, pero no aparté los ojos de el. Ya estaba casi desnudo, necesitaba a ese hombre sobre mi. Necesitaba que me dominara. Se sacó los boxers y mi mirada se dirigió a su miembro de un tamaño demasiado grande. Nunca había visto uno tan grande ni tan perfecto.”Pequeña gatita te va a entrar de un tirón, tu tranquila, se que tu coño desea que lo penetre.”

Se volvió a subir a la cama sobre sus rodillas hasta quedar encima mío. “Peyton ¿por qué te sigues tocando?”

“Tu no me ordenaste que parara.” Me miró con aprobación. “No esperaba menos de ti mi Peyton.”

Y con un movimiento de cadera su miembro estaba dentro mío. Un grito proveniente de mi boca inundó toda la habitación.

“Conmigo nunca vas a usar condón.” Dijo en mi oído mientras hacía un movimiento de vaivén con la cadera, moviéndose dentro de mi. “Pero con todos los demás si.”

Se introdujo en una envestida, dura. Para que esas palabras quedaran grabas en mi mente a fuego.

“Ahora no te puedo marcar. Quiero que vayas limpia para el presidente de Siria, pero en cuanto vuelvas te marcaré por donde me de la gana.”

Yo era todo gemidos, mis uñas arañaban a Justin, sentía cada músculo tensarse bajo mi tacto.

Estaba a punto de correrse, colocó su pulgar encima de mi clítoris apretando y llevándome al orgasmo con él.

Calló como un peso muerto a mi lado. En cuanto estuve recompuesta intenté levantarme para irme a mi cuarto.

“Quédate.” Su voz era ahora la sumisa. Era más un ruego que una orden. Recostándome de nuevo le di la espalda y tiré de su mano para que me envolviera con su cuerpo como sabía que a el le gustaba dormir.

Yo caí en una profunda inconsciencia donde soñé con la expresión de sus ojos que no se apartaban de los míos mientras derramaba su oro blanco líquido en mi.

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Espero que os haya gustado la pequeña maratón.

---> @_justprincess

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