~Debes ser fuerte.
Después de darme cuenta de que no iba
a poder dormir fui en busca de alguien que me administrara un
relajante muscular para conseguirlo.
No se cuantas horas llegué a dormir
pero fueron las suficientes para sentirme como nueva. Una bandeja con
mi desayuno favorito me esperaba. Los cereales de chocolate con yogur
griego y una taza de café eran lo mejor.
Esa mañana mi ropa de deporte había
sido sustituida por unos vaqueros negros, unas Doc Marten blancas y
una camiseta básica blanca.
Me lavé los dientes y me cepillé el
pelo después de una larga ducha. Aprisioné mi pelo aún mojado en
una cola de caballo.
Hoy Mathia no se encontraba al lado de
mi puerta, estaba un hombre trajeado que recordaba ver el día que me
colé en el backstage.
“Soy Isaac.” Tendió la mano en mi
dirección, se la di.
“Encantada.” Ya me había
acostumbrado a no tener que presentarme.
Me llevó por los pasillos de la
mansión hasta llegar a una gran habitación demasiado moderna, no
iba con la decoración clásica de la mayoría de la casa aunque
parándome a pensar mi habitación tampoco era clásica era más bien
moderna.
Justin estaba inclinado sobre la mesa
atendiendo a algo que Brianna le estaba explicando. Lo miré bien,
iba con uno de sus trajes normales, negro, de tres piezas, ahora
mismo no llevaba la chaqueta, la vi colgada en el perchero, aquel
chaleco hacía que lo deseara. Todo él era demasiado sensual.
Entonces vi a Brianna, tan guapa, con su pelo rubio, su sonrisa
perfecta, hacían una pareja encantadora.
Igual lo son.
Y era verdad
perfectamente podían ser pareja. Por la manera en la que ella lo
miraba, los roces entre su piel. Pero por raro que parezca me daba
igual. No había celos. Porque sabía que yo era de él.
La voz de Isaac
irrumpió en la sala. “Explicadle a Peyton lo que debe hacer y
acabemos con esto cuanto antes en dos días debemos estar en Siria.”
“Acércate Peyton
y te explicaré todo lo que debes hacer.” Brianna extendió su mano
en mi dirección. Justin con un elegante movimiento y un asentimiento
de ánimo cuando pasé a su lado me dio la confianza que necesitaba.
Brianna me explicó
todo el plan hasta los más mínimos detalles que me horrorizaron. Y
sabía que eso no era nada en comparación con lo que iba a tener que
llegar a hacer en algún momento de mi trabajo.
Tenía miedo. Se
suponía que debía ser un arma de seducción, pero yo no sabía.
¿Cómo demonios debo seducir a ese hombre?
“Peyton ven
conmigo.” Sus palabras me sobresaltaron tanto que me quedé de
piedra. “Ahora.”
Lo seguí en
silencio por todos los pasillos. Memorizando. Así podría volver en
otro momento.
Abrió la puerta
para mi.
Lo primero que vi
fue la enorme cama de dosel. En su colcha blanca destacaba un
conjunto de lencería muy sexy. Miré Justin confusa.
“Vas a
seducirme.”
Creo que mi
mandíbula tocó el suelo cuando esas palabras salieron pronunciadas
de su boca.
Sus ojos mieles me
decían que lo hiciera. Los intenté descifrar por un momento. Quería
entenderlo. Y lo hice. Me estaba dando más con una mirada que con
una palabra de ánimo. Con timidez me puse aquel conjunto ante sus
atentos ojos. Era un sujetador de encaje negro, con un corsé,
liguero y medias de seda. En el suelo vi unos tacones negros de ante
con un tacón de aguja que daba miedo y no porque fuera muy alto si
no por lo que Brianna me había enseñado a hacer con uno.
“Ahora quiero que
me seduzcas.” Se sentó en una butaca de su cuarto.
Por un rato cerré
los ojos. Puse un dedo delante mío antes de que hablara en señal de
que necesitaba un minuto.
Mi mente empezó a
repasar todas mis inseguridades y por una vez esa vocecita tan
incordiosa me ayudó.
Enséñale a la tigresa del coche.
Mis ojos se
abrieron de par en par. La seguridad me inundó. Con una mano en mi
cintura y la otra colgando en mi costado, una sonrisa traviesa
adornaba mi cara y fui caminando a paso lento moviendo ligeramente
las caderas, suave, con deleite, los ojos de Justin me escrutaban,
impasibles, pero eso no me desalentó, me supuso un desafío.
Lo miré
intensamente. Seguí acercándome a paso lento hasta estar a su
altura. Me paré justo delante suya. Lo miré desde arriba sin bajar
la cara solo la mirada, con superioridad, con poder.
Pasé todo mi peso
a mi pierna derecha torciendo la cadera. Con lentitud me senté a
horcajadas sobre el. Coloqué con mimo ,pero al mismo tiempo con
firmeza ,sus manos sobre mis caderas.
Sus ojos se
derritieron, como el oro líquido. Me atrajo hacia a el con violencia
y con sus labios selló los míos. Se separó para darme libre acceso
a su cuello, bese con rudeza, firmeza y lentitud, cada parte de su
cuello, haciéndolo gemir. Notando como su erección se formaba bajo
mi sexo.
“Has aprendido
muy rápido y muy bien.” Puso su mano entre mi pelo, enredando los
dedos en mi cuero cabelludo, tiró de el con fuerza, me hizo mirarlo.
“De ahora en adelante quiero que me imagines a mi en cada una de
tus misiones.”
“Si, Lord.”
Sus labios volaron
a mi boca. Me devoraron, me poseyeron, me folló la boca con su
lengua. Agarró con fuerza mis muslos y me elevó con el. Caminó
hacia la cama y me tiró allí, sin remilgos.
Deshizo el nudo de
su corbata. Caminaba de un lado a otro, sacándose prendas. Primero
la corbata. Luego el chaleco. Entonces empezó con los bonotes de su
camisa.
“¿Puedo hacerlo
yo Lord?”Mi voz sonó tan sumisa, tan suave.
“No, deberás
ganarte esos deleites.” Me miró. Yo estaba en la misma posición
en la que había caído. Mis piernas estaban abiertas ante el y yo me
sostenía sobre mis codos para admirar el espectáculo.
Cuando ya solo
llevaba una camiseta interior blanca se arrodilló encima de la cama
entre mis piernas. Besando la parte interna de cada una de ellas
hasta llegar al final de la pierna, hasta el borde del tanga de
encaje.
“Ahora te voy a
quitar el sujetador y el tanga pero te voy a dejar lo demás. Me
pones mucho con esas prendas.”
“Es mi deber
complacerlo, Lord.”
“Pequeña gatita,
en la cama quiero que grites mi nombre. Quiero que toda la casa sepa
que te estoy haciendo mía.” Tragué duro, el quería que lo
tratara de una forma más cercana. Quería que follara con Justin no
con mi jefe.
El estaba entre mis
piernas de rodillas, era tan sexy, un par de mechones de pelos habían
cedido y caían sobre su frente.
Puso su mano detrás
de mi espalda elevándome un poco y con la otra desabrochó mi
sujetador en un solo movimiento. Deslizó el sujetador por mis
hombros y mis brazos hasta sacarlo. Su boca decidió torturar a uno
de mis pezones, los gemidos surgían de mi garganta. Mis piernas lo
atraían sobre mi, clavándole los tacones en ese magnífico culo.
Bajó las manos
hasta las tiras del fino tanga y con un brusco tirón la fina tela
cedió. Era suya. No cabía duda.
“Ahora me voy a
desnudar, quiero que mientras lo hago te toques para mi según mis
indicaciones.”
“Si.”
“Bien.” Se
incorporó y se sentó en la silla que había en la pared de los pies
de la cama. Su pelo brillaba con los últimos rayos de sol que se
colaban entre los cortinones, haciendo que pareciera más un ángel
que un demonio, un ángel caído. “Coloca una mano en tu sexo y con
tu dedo índice busca tu clítoris y apriétalo mientras con la otra
mano te pellizcas un pezón.” Lo hice y un gemido salió por mi
boca, pero no aparté los ojos de el. Ya estaba casi desnudo,
necesitaba a ese hombre sobre mi. Necesitaba que me dominara. Se sacó
los boxers y mi mirada se dirigió a su miembro de un tamaño
demasiado grande. Nunca había visto uno tan grande ni tan
perfecto.”Pequeña gatita te va a entrar de un tirón, tu
tranquila, se que tu coño desea que lo penetre.”
Se volvió a subir
a la cama sobre sus rodillas hasta quedar encima mío. “Peyton ¿por
qué te sigues tocando?”
“Tu no me
ordenaste que parara.” Me miró con aprobación. “No esperaba
menos de ti mi Peyton.”
Y con un movimiento
de cadera su miembro estaba dentro mío. Un grito proveniente de mi
boca inundó toda la habitación.
“Conmigo nunca
vas a usar condón.” Dijo en mi oído mientras hacía un movimiento
de vaivén con la cadera, moviéndose dentro de mi. “Pero con todos
los demás si.”
Se introdujo en una
envestida, dura. Para que esas palabras quedaran grabas en mi mente a
fuego.
“Ahora no te
puedo marcar. Quiero que vayas limpia para el presidente de Siria,
pero en cuanto vuelvas te marcaré por donde me de la gana.”
Yo era todo
gemidos, mis uñas arañaban a Justin, sentía cada músculo tensarse
bajo mi tacto.
Estaba a punto de
correrse, colocó su pulgar encima de mi clítoris apretando y
llevándome al orgasmo con él.
Calló como un peso
muerto a mi lado. En cuanto estuve recompuesta intenté levantarme
para irme a mi cuarto.
“Quédate.” Su
voz era ahora la sumisa. Era más un ruego que una orden.
Recostándome de nuevo le di la espalda y tiré de su mano para que
me envolviera con su cuerpo como sabía que a el le gustaba dormir.
Yo caí en una
profunda inconsciencia donde soñé con la expresión de sus ojos que
no se apartaban de los míos mientras derramaba su oro blanco líquido
en mi.
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Espero que os haya gustado la pequeña maratón.
---> @_justprincess
Espero que os haya gustado la pequeña maratón.
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