Capítulo 9
~Un bálsamo para mi desesperación.
A la mañana siguiente me desperté con una nueva idea, Justin sabía desde el principio que yo tenía la llave, me había usado, había usado a Drew, nos estaba usando, el sabía que yo me iba a despertar, Justin si no hubiera querido que yo reaccionara no habría hecho el trabajo sucio delante mío, el quería que yo lo confesara para tener una excusa para ir contra mi.
Mi cabeza iba a de un lado a otro pero todo me llevaba a que mis sospechas eran correctas. Llegué a la conclusión de que era mejor esperar a que Drew se despertara fue entonces cuando mi vista, que antes había estado fija en las motas de polvo que se veían en el rayito de sol que iluminaba una sección de la cama, pasó a fijarse en ese chico rubio, con esos ojos celestes que ahora se mostraban ocultos, era dulce, sexy, era una explosión de sensaciones, pequeños moratones adoraban su cara de niño pequeño, los dos estábamos jodidos, no teníamos familia, tenía que luchar por mis compañeros, pero sinceramente ni de ellos me fiaba, me necesitaban, eso lo sabía, pero ¿podía confiar en ellos? En este mundo no valen los lazos de amistad lo que te da el control es el poder.
Drew comenzó a despertarse. “Buenos días.” Se refregó los ojos, inmediatamente una mueca de dolor atravesó su cara, se había olvidado de sus heridas. “Ten cuidado rubiales que estamos jodidos.”
Yo no sabía el que pero algo en mi interior me decía que debía protegerlo, que debía mantenerlo a salvo.
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Seis meses después
Seguíamos a las órdenes de Justin, este me mandaba las misiones más jodidamente repulsivas, quería que lo dejara, que le fuera suplicando clemencia, quería la llave.
Me estaba preparando, hoy tenía una reunión con él, Justin pensaba que poniéndome las misiones más difíciles me estaba haciendo daño, pero había llegado un punto en el que mi fama era tan grande que la Mafia de la Llave se asociaba con mi nombre no con el suyo. Él se había dado cuenta y hoy iba a ponerle remedio.
Mi vestido de tubo negro se ceñía a mi cuerpo bien tonificado por el deporte y el entrenamiento, mi pelo lucia suelto, en grandes rizos que caían en cascada hasta mi cintura, mis ojos estaba enmarcados en un maquillaje muy dramático en tonos negros y mis labios lucían rojos a juego con mis zapatos.
Comencé a conducir por las calles de Chicago, ya pasaba de la media noche.
Yo iba segura, sabía lo que iba a decir, sabía lo que iba a pasar, mientras Justin se había pasado los meses intentando hacer mi vida imposible yo lo había estudiado. Sabía sus reacciones, conocía sus estrategias y lo más importante aprendí a conocer sus pensamientos.
La pistola iba oculta bajo mi chaquetón negro, mi paso era decidido, conocía este lugar, era donde Justin traía a la gente importante, donde los tenía rodeados para que no pudieran escapar de su red.
No me hizo falta esperar un matón salió a mi encuentro. Drake. Le sonreí. En su cara vi que se había dado cuenta de que ya no era la Peyton perdida que conoció si no la Peyton mafiosa. La Peyton despiadada que Justin quería manejar a su antojo, con una pega Justin no me manejaba.
Entré, era la primera vez que iba a ver a Justin desde que pasó el altercado en la playa.
¿Nerviosa? No.
¿Temerosa? Tampoco.
¿Impaciente? Si y mucho.
En la gran sala aún no había nadie, solo yo, Drake me había dejado sola en cuanto pasé la puerta. Como Pedro por su casa, saqué mi abrigo y lo puse en el perchero, consciente de que ahí dejaba una de las armas más poderosas que poseía. Pero no era idiota, no estaba desprotegida.
Comenzó a entrar gente por una puerta, se encontraba a un lateral de la rectangular sala, eran todo hombres trajeados, alguno me miraba de arriba a bajo, mi pose era segura y sexy, pensada y estudiada para distraer, se fueron poniendo en formación formando un semicírculo detrás del gran escritorio que se encontraba enfrente de mi.
Entonces apareció, con sus andares, ajustando su atuendo, sin mirarme, Chico listo, una sonrisa irónica se formó en mi boca, produciendo algún que otro susurro entre aquellos hombres, Justin se sentó en su gran sillón. Juntó sus manos por delante de el, entrelazando sus dedos.
“¿Peyton sabes por qué estás aquí?” Su tono era frío, el ya había cumplido los 20, solo habían pasado meses, pero se veía diferente, yo no era la más indicada, ya que ahora mismo estaba en una sala repleta de hombres armados y no tenía miedo, pero algo había pasado. “No, Lord, ¿Por qué me necesita?” Utilicé la voz más formal que encontré. Su expresión se descompuso, el daba por hecho que yo lo sabía y ahora él no tenía ni idea si yo lo decía enserio o era para hacerme la inocente, la verdad no tenía ni idea, yo pensé que esto sería una llamada de atención.
“Bueno como ya sabrás eres nuestra mejor Soldato, pero visto tus avances creo que es hora de que ocupes un puesto, más importante.” Hizo una pausa. “A mi lado, quiero que seas el *Sottocapo.” Sus palabras quedaron grabadas en mi. ¿Ahora quería tenerme cerca? No lo entendía.
“¿Por qué me quieres tener cerca?” Había desmontado todo lo que tenía previsto. O quizás no del todo. Una idea asomaba en mi cabeza y el estaba apunto de confirmarla.
“No te voy a engañar Peyton, te has hecho poderosa, pero aún me necesitas...” Lo corté. “Y tu me necesitas a mi.” Él sonrió, de esa manera tan suya. “Si Peyton, te necesito.” Sus ojos se clavaron en mi, intensos, intentando confundirme, procurando que yo me lo tomara por un lado equivocado.
“¿Cual es mi misión?” Una carcajada salió de sus labios haciendo que los demás hombres también rieran, pero el rápido los calló levantando un dedo en alto. “Pequeña, ahora ya no tienes misiones.”
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Justin después de presentarme a los hombres los mandó salir de la estancia.
“¿Es cierto que ahora te acuestas con Drew?” No iba a contestar. “Sabes perfectamente que sigues siendo mía, sabes que hasta que no te folle no te sentirás limpia del todo, sin mi, las manos de esos hombres siempre estarán en ti...” Lo corté no iba a permitir que se metiera en mi cabeza.
*Sottocapo: Subjefe, sustituye al Don ,The Lord, en caso de que este esté incapacitado.
“No, aún no ha pasado nada.” Reí irónicamente. “Tampoco es algo de lo que debas preocuparte ¿verdad? Uno más o uno menos en mi lista no importa.” Una carcajada salió de mis labios. Pero el estaba enfadado, rápidamente se abalanzó contra mi, me cogió por los hombros y me empujó hasta que me di con el escritorio en el culo. “Eres mía, si ese canalla te toca...”
“¿Qué? ¿Le vas a dar otra paliza?¿Le vas a pegar como me pegaste a mi? Sabes que no te voy a dar la puta llave hasta que no sepa para que sirve ni porque es tan valiosa.” Lo miré a los ojos desafiante, no iba a ceder, ¿o si? Algo en su cara cambió, antes de poder analizarlo sus labios ya devoraban los míos que inexplicablemente lo seguían.
Deseo, eso era lo que había visto en su cara. Había estado tan centrada en las acciones calculadas que no había pensado en las necesidades y acciones espontáneas.
Me sentó sobre el alto escritorio, con sus manos fue subiendo el vestido por mis muslos hasta dejar mis nalgas expuestas, llevaba un fino tanga negro, se colocó entre mis piernas ya abiertas, deseosa, desesperada, necesitada, pero me controlé dejé que el me llevara, no me dejé llevar totalmente por la lujuria.
“Te quiero follar, aquí y ahora.” Y no hizo falta más.
A la media hora ya me encontraba saliendo de la nave, perfectamente arreglada, con un poco de color en mis labios algo hinchados y en mis mejillas.
Cogí el coche y conducí al apartamento de Drew.
Llamé frenética, ahora era yo, la que quería follar, allí y en aquel instante.
La puerta se abrió, Drew no tuvo tiempo de sorprenderse, me abalancé sobre sus labios, no había tiempo, dejé caer el chaquetón dejando ver mi desnudez, si después de ver a Justin le dejé de regalo mi ropa, Drew lucía sus pantalones de pijama, rápidamente nos convertimos en piel y carne ardiente y deseosa.
“Se que te lo acababas de follar.” Yo estaba apoyada sobre su pecho en la gran cama de su dormitorio. Lo miré, la duda estaba presente en mi rostro. “Podría detectar su colonia a metros de distancia y tu piel apestaba a él.”
“Lo siento.” No debía haber ido, había estado mal, pero no iba a dejar que eso me afectara. “Siento que hayas tenido que ser el segundo plato.”
Y con toda la frialdad del mundo me puse el chaquetón y los tacones y salí con la cabeza bien alta.
No entendía nada de lo que pasaba en mi cabeza de niña loca, solo sabía que Justin me daba fuego y Drew era un bálsamo, pero, ¿qué necesitaba? Yo estaba demasiado nerviosa, frenética y dudosa, la duda se veía en grande letras de Neón en mi cerebro.
Aceleré, más. Un coche me seguía, ya no había tiempo para pensar, necesitaba despistarlo, llevaba conduciendo desde los 16 y haciendo locuras con el coche desde los 14, pero estos eran profesionales, ninguno de mis trucos les afectaban, estaban ganando terreno, su coche era más potente que el mío, eran profesionales, le di al botón de llamada, justo en ese instante el coche se puso a mi altura, dio un volantazo, empujó mi coche.
Alguien cogió el teléfono en el momento en el que ese todoterreno volvía a empujarme fuera de la carretera.
“Peyton¿qué pasa?” Justo entonces perdí el control del coche. Solo pude gritar una palabra.
Justin.
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Gracias por leer! Espero que mis fantasmas me manden un tweet a @_justprincess o que me dejen un comentario ahí abajo ya que puedes comentar sin tener cuenta.
Espero que os haya gustado e intentaré subir lo antes posible pero ya han empezado las clases y 1º de Bachiller ya no es ninguna broma. Yo prometo seguir subiendo una vez cada 7 o 9 días.
Un beso.
~Soo
Omg!! Por fin pude terminar de leer el cap! Tia Peyton es una guarra jajajaja pero en fin ... A ver quien ha sido el del coche 7.7 y Justin ira a rescatarla SIIII y luego sexo de reconciliacion jeje :3 naah como siempre me sorprenderas dando giros inesperados. Eso es lo que me gusta de ti ;) Sigue asi, la narracion esta muy bien. Ojala te salgan todas las fantasmas.
ResponderEliminarAtte: Tu Swaggy Consejera Literaria xD
Kisses